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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 26, Marzo de 2005

../20050326/images/sa11.jpgTres avenidas albergan la inseguridad del primer anillo


Adictos. Una ‘clefera’ no se hace ningún problema por drogarse en la avenida Uruguay. La foto fue tomada a las 19:25


En sólo tres cuadras hay 17 bares, pero no están en la misma zona, sino dispersos en las avenidas Cañoto, Uruguay y la calle Vallegrande que colinda con la avenida Irala.
Cada uno con sus peculiaridades, forman en cada avenida el epicentro de lo que se viene a denominar zonas rojas.
En la Cañoto, a un par de cuadras de la ex terminal de buses, estas choperías funcionan también como prostíbulos camuflados, aunque cada vez son más evidentes.
Cerca de allí, en la cuadra del cine Metro, las choperías tienen la peculiaridad de que se han dado infinidad de casos de ‘pildoritas’.
“Uh, cada rato aparece un ‘pildoreado’ ahí enfrente”, asegura Ramona, una vecina, y cinco denuncias, de 22, en el puesto policial del frente (ex terminal) corroboran su versión.
Según el policía Erland Castillo, uno de los encargados del puesto, diariamente se reciben entre dos y tres denuncias y la mayoría son de robos. Una de las modalidades es el de las ‘pildoritas’, pero también se presentan casos de peleas, incluso con consecuencias graves, como acuchillados, por ejemplo.
No obstante, las estadísticas no son muy claras, ya que los delitos no siempre se denuncian o no se reportan directamente en el puesto policial más cercano.
Mediante los partes policiales se puede tener un panorama de lo peligroso que se ha vuelto la zona. En marzo se han dado seis casos de asaltos violentos e incluso uno fue de muerte (ver columna).
Un joven murió a causa de siete puñaladas en plena avenida Cañoto y otro se salvó, apenas, tras recibir tres.
Un ebrio que paseaba por el Palacio de Justicia fue a dar al hospital con tres costillas rotas después de ser asaltado.
Y lo más insólito fue el asalto, a media mañana, contra el propietario de un Suzuki Vitara.
Infinidad de casos se dan de robos de celulares, cadenas y bolsos en estas zonas. La presencia de colonias de cleferos en las jardineras de las avenidas son un aviso del potencial peligro que existe.
Hay puestos policiales en la ex terminal y en el parque El Arenal, pero no cuentan con las comodidades necesarias para poder cumplir mejor una tarea de seguridad, sobre todo en la prevención.

Isabella Prado / Psicóloga social

Vivimos en una sociedad desestructurada

Lo que sucede en las zonas rojas del centro es una síntesis de lo que pasa en toda la ciudad. Por supuesto no es el único lugar donde existe peligro, pero es lo que vemos más seguido porque tenemos que pasar por ahí.
Esto es un reflejo de una sociedad desestructurada en la cual vivimos, donde la familia ha dejado de ser el centro. Por eso, cuando no hay una familia que lo ampare, el joven va a optar por la calle, y por ende, tiene mayores posibilidades de caer en el vicio y la delincuencia.
En ese sentido, encontrar soluciones al problema no es tan sencillo, porque son varias causas las que se deben tener en cuenta.
Por un lado, no existen políticas que brinden alternativas a los jóvenes. Por ejemplo, en algún momento funcionaron los centro culturales de los barrios y eso generó actividades para los jóvenes. Ésa es una manera de prevenir la delincuencia y es mucho más barato que las medidas coercitivas. No basta con encerrar a los drogadictos que están en las calles, porque el problema igual continúa. Es un asunto mucho más complejo. Tampoco basta sólo con establecer políticas alternativas para los jóvenes. Éstas, y otras más que se puedan dar, son medidas complementarias.

Los mercados atraen a los malvivientes

No es casualidad que las zonas rojas se encuentren asentadas en las inmediaciones de los mercados. Según Isabella Prado, responsable del Programa de Formación Ciudadana, esto simplemente se explica porque en los mercados hay más ‘clientes’ para los delincuentes.
Esto se agrava ante la pasividad que existe en las leyes y autoridades contra los que venden artículos robados.
Tanto en Los Pozos como en La Ramada existen los llamados ‘cachivachis’ o ‘tantakatos’ donde se ofertan sin ningún pudor artículos robados de diversa índole. En otras partes de la ciudad sucede lo mismo.

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