Decomisaron 240 pescados con agallas oscuras y ojos hundidos
Peligro. El consumo de esta carne en mal estado puede provocar graves desórdenes intestinales. Ya despedía mal olor
Javier Méndez
No faltaron los comerciantes que hicieron la vista gorda ante los precios
fijados por el municipio para la venta de pescado. Sucedió en mercados como el
Florida y Los Bosques. Kilo de pacú Bs 35, decían los letreros, pero no faltaba
quien lo ofrecía en Bs 40.
Entre sonrisas, una de las vendedoras comentó: "Hay que probar. No falta quien
pague". Pero tampoco falta quien ofrezca. Sobre la calle, lejos del mercado
donde está el medio centenar de puestos fijos del mercado Florida, sobre una
mesa se ofrecían pequeños ejemplares de pacú en Bs 15. Nadie los pesaba, pero
tendrían cerca de un kilo. Con el precio oficial a Bs 35, la vendedora apenas
tenía tiempo para dar el cambio a los compradores.
Al lado de los pacúes, había filetes. "¿Qué es eso?", preguntó un ama de casa.
"Es como el surubí", respondió la vendedora, y el ama de casa se retiró,
desconfiada. Cuando se le preguntó qué carne era, explicó que se trataba de
paiche, un pez de hasta dos metros que salió de los ríos peruanos y llegó a la
Amazonia boliviana. La carne llegaba de Riberalta. "Treinta el kilo", ofreció, y
esta vez, el comprador pagó Bs 60 sin dudar.
El único lugar donde la Intendencia encontró 240 pescados en mal estado fue en
el mercado Florida. Toda la caja fue decomisada. Las agallas lucían oscuras y
los ojos, hundidos. El olor que desprendía la carne empezaba a ser intenso. Pese
a que se movilizaron unos 120 efectivos, no fue posible detener la venta de
pescado en lugares como el cuarto anillo de la avenida Virgen de Cotoca. En ese
lugar, como en la avenida Santos Dumont, los puestos no tienen ninguna
autorización de la Alcaldía.
Algunos intentaron obtener una autorización el miércoles por la tarde, pero no
pudieron completar el trámite. Lo práctico para la Intendencia consistió en
controlar la calidad y el precio del producto.
En mercados como Los Bosques, la oferta de comida era variada: surubí a la
parrilla, sábalo frito, milanesa de pacú. A los vendedores de yuca, carbón y
limones les fue bien.
Cerraron 60 boliches
Fue un problema para la Gendarmería Municipal hacer cumplir la resolución de
la Prefectura que prohíbe la venta de bebidas alcohólicas y la actividad de
conjuntos musicales y juegos de azar.
Durante el recorrido que hicieron el jueves por la noche, los gendarmes tuvieron
que cerrar más de 50 licorerías en el primero, segundo y cuarto anillo. En la
Villa Primero de Mayo los clientes de una licorería intentaron agredir a los
uniformados. "Me salvé de recibir un ladrillazo, que pasó cerca de mi cabeza y
fue a parar a un lado de mi vagoneta", comentó el intendente Marco Antonio
Schaymann.
El servidor público dijo que el control continuaría hasta la medianoche. Ayer
por la mañana, la licorería Brasil atendía a sus clientes. “Solamente vendemos
gaseosas”, dijo René Soto, el propietario. “A todos les explico que hoy no se
bebe”. Atrás de él, cuelga un letrerito que reza: “Este hogar es católico”.
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