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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Sábado 26, Marzo de 2005

../20050326/images/in1.jpgTerri agoniza; se agotan vías legales para salvarla


Protesta. Personas apostadas en cercanías de la clínica donde está internada Terri Schiavo, claman por su vida


EFE/AFP. Miami

Cumplida una semana sin que Terri Schiavo reciba agua ni alimentos, hasta los más decididos defensores de la vida de esta mujer, que lleva 15 años en estado vegetativo, empiezan a resignarse a lo que parece inevitable.
Los padres de Terri, de 41 años, recibieron ayer un nuevo revés legal al negarse el juez de Florida James Whittemore a estudiar una nueva apelación para que se le conecte de nuevo la sonda que la alimenta y la mantiene atada a la vida. Las opciones legales para salvar su vida se agotan y la mujer puede morir de hambre y de sed.
“Su respiración comienza a ser muy superficial, se ve que esto le está afectando”, declaró ayer Bob Schinler, padre de Schiavo, al programa de televisión ‘Buenos Días América’.
Más tarde, en rueda de prensa frente a la clínica donde se encuentra internada su hija, Schinler depositó todas sus esperanzas en la corte de apelaciones, donde ayer presentó otro recurso tras el fallo del juez de la Florida.
“Hemos presentado un caso muy sólido”, afirmó, tras recurrir la decisión del juez Whittemore ante el Tribunal de Apelaciones de Atlanta, que ya en ocasiones pasadas ha rechazado recursos similares para reinsertarle a Terri la sonda.
“Terri se está debilitando -continuó Schinler-, está agonizando, así que se tiene que hacer algo y tiene que ser rápido”.
Por su parte, George Felos, abogado de Michel Schiavo, rehusó hacer comentarios sobre lo sucedido en la corte.
De acuerdo con los abogados y amigos de Schiavo, su cuerpo, después de una semana sin agua ni alimentos “muestra señales de deshidratación: piel escamosa, labios y lengua resecos y ojos hundidos”.
Los médicos aseguraron que posiblemente la mujer muera dentro de una semana o dos, tras la desconexión de la sonda que la mantiene con vida.
El jueves, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos se negó también a revisar una apelación de los padres de Terri, que habían acudido a la máxima corte del país en un intento desesperado por mantener con vida a su hija.
El hermano del presidente de los EEUU, George W. Bush, había presentado esa petición con base en un análisis neurológico que determinó que es probable que la mujer esté en un estado de “mínima consciencia”, sin someterla a un profundo examen neurológico.
La negativa de los jueces a revisar de nuevo el caso no ha sorprendido a expertos, que señalan que el caso se ha litigado ya durante siete años en los tribunales con la intromisión del Legislativo, tanto federal como estatal, en las decisiones del poder judicial, debido a que el Congreso de EEUU y el estatal de Florida redactaron sendas leyes para intentar evitar que la mujer muera de inanición.
Dicho esfuerzo legislativo, capitaneado por los republicanos, no tuvo ningún efecto en la decisión de los jueces.
Terri sufrió en 1990 un infarto a causa de una bajada de potasio, cuando hacía un estricto régimen de adelgazamiento.
Mientras Terri agoniza, sectores cristianos que se oponen a la eutanasia y el propio gobernador Jeb Bush, como en una cruzada personal, agotan todas las vías legales por defender el derecho de esta mujer a que le sea conectada de nuevo la sonda que la alimenta.

Clima de luto en lugar donde está internada

Un clima de luto comenzó a instalarse frente al centro de cuidados de Pinellas Park (Florida, sur), donde Terri Schiavo aguarda su muerte, y tanto quienes se oponen a la eutanasia como quienes quieren dejarla irse en paz rezan por su alma.
Temprano este viernes, como todos los días, el padre de Terri, Bob Schindler, fue a visitar a su hija y minutos después salió del centro caminando lentamente, contrariamente a como suele hacerlo, como si ya no le importara el acoso de las cámaras.
“Terri se está debilitando, está en sus últimas horas” tras ocho días sin nutrición, dijo luego en una conferencia de prensa.
Su madre, Mary, fue a verla el jueves y tuvo que abandonar la habitación porque se sintió enferma viendo a su hija desvanecerse, y su hermana, Suzanne, dijo que parecía una prisionera del campo de concentracion de Auschwitz.
Ayer Viernes Santo aparecieron las primeras camisas negras en señal de luto, vestidas por algunos de los cien opositores a su muerte, que provienen de grupos conservadores y antiaborto, la mayoría de ellos religiosos.
Estos insisten en que el gobernador del estado, Jeb Bush, interceda y por decreto ordene la conexión de Terri.
“Si quisieran podrían salvarla”, dijo Bill Hewitt, un cristiano de Tennessee, de 67 años.

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