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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 25, Marzo de 2005

../images/blanco.gifEl drama y la tragedia del Gólgota



Limberg Gutiérrez Carreño

¡Te han condenado, hijo mío...! ¿No puedes hacer nada por ti?
- Gimió la madre.
- No puedo yo de mí mismo hacer nada; como veo y oigo, juzgo, y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, del padre.
¡Los perversos piden tu vida, hijo mío!
- Nadie me quita la vida, más yo la pongo de mí mismo... Tengo poder para darla y tengo poder para volverla a tomar, respondió Jesús.
“Nada hago de mí mismo”, dijo Cristo; “me envió el padre viviente y yo vivo para el Padre”, “no busco mi gloria, sino la gloria del que me envió”.
“Reconfortaos... No es con llanto como debéis verme, sino con regocijo del alma, porque la semilla echada está y habrá quien recoja la cosecha.
“Mi alma está muy triste, hasta la muerte...”. El Mesías había sido encarnecido y azotado, humillado y castigado, y en la cumbre del Gólgota, en el estertor de la agonía, exclamó: “Todo se ha consumado...”
“Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu”, dijo Cristo cuando sintió que la vida abandonaba su cuerpo, cumpliéndose así las profecías contenidas en las escrituras. Sin embargo, este drama que conmovió y sigue estremeciendo al mundo, fue el principio del anuncio del reino de los cielos. El mártir del Gólgota venció a la muerte y al tercer día traspuso los límites del infinito y se encuentra sentado a la diestra de Dios Padre con poder y gloria.
Hoy, cuando las tinieblas tenebrosas de la noche se ciernen sobre el hombre y su mundo, irrumpe con esplendor y gloria la filosofía de Cristo como única respuesta del ser y razón de la existencia de la humanidad.
Las guerras, la violencia, las crisis, el hambre, la miseria y el extravío de los valores éticos y sociales constituyen las amenazas más peligrosas que ponen en riesgo la existencia del hombre sobre la faz de la tierra.
Hoy, el mundo está en una de las crisis más conflictivas y dramáticas que jamás vivió el hombre desde su nacimiento. En este escenario sombrío, lúgubre y tenebroso recordamos con pesar, estremecimiento y congoja espiritual uno de los acontecimientos más notables que registran los anales de la historia universal: El calvario y suplicio del Mesías del Gólgota.
Que el cáliz sagrado que bebió el Mesías para revivir al hombre de sus pecados, sea el sendero que ilumine nuestras vidas, al evocar la muerte y resurrección de Cristo.
Oremos: para que este mundo agitado y convulsionado encuentre la paz y el sosiego que predicó Jesús.

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