‘Santa Cruz’, un disco muy especial
Pedro Shimose
Dos artistas consagrados acaban de lanzar al mercado un disco compacto
titulado Santa Cruz alegre, romántico y picaresco. El poeta Pedro Rivero Mercado
y el músico Nicolás Menacho han unido su talento y voluntad, genio e ingenio,
para dejarnos un lindo testimonio de una ciudad, de una época y de las
costumbres de su gente.
Las letras de las canciones -satíricas, picarescas, costumbristas y
moralizantes- se funden a la vivacidad y melancolía de las melodías escritas por
un gran compositor. Desde el rítmico taquirari y el cadencioso vals tradicional,
hasta la terrígena chobena y el alegre carnavalito, las doce canciones de este
singular disco nos transmiten ese destello de humor y amor necesarios en estos
tiempos difíciles, desquiciados y confusos.
En los años 90 se editaron unos discos de autores que ahora añoramos porque
están agotadísimos. Composiciones antológicas de José René Moreno, Gilberto
Rojas, César Espada, Susano Azogue y Nicolás Menacho recuperaron, de repente,
medio siglo de música popular boliviana, hecho que reafirmó nuestra identidad
nacional.
Nicolás Menacho -vale la pena recordarlo- es autor de piezas inolvidables. La
música de las canciones Cortando el sur, Mi serenata, En la pampita, El
carretero, Trago patrón, Pensando en ti y El trasnochador le pertenece. Las
letras fueron escritas por el poeta Raúl Otero Reiche, de imborrable memoria.
Acostumbrado a componer canciones al alimón con sus amigos poetas, Nicolás
Menacho une ahora su talento musical al verso unas veces delicado, otras,
burlón, de Rivero Mercado. El resultado de tan arduo trabajo es, como suele
suceder, diverso.
A veces, el verso se impone a la melodía. Otras, ésta apabulla a aquél. En otros
casos, se observa un sano equilibrio entre palabra y música. Tal ocurre con el
taquirari Mamita, la de antes. Todo un homenaje a las madres no sólo de antaño,
sino también a las de hogaño. También se llega a la armonía en el taquirari Una
cita, interpretado por una excelente Guísela Santa Cruz; en el taquirari La tuja,
en las voces inconfundibles del quinteto Contrapunto (Carmen Robles, Wilma
Frías, Waldo Varas, José Talavera y Lalo Chávez) y las canciones festivas
Viejingo arrofaldao, sátira contra los viejos sátiros, esos viejos verdes que
ante Venus pierden la chaveta; Nueve meses, sátira contra los cambas pícaros que
seducen a peladas enamoradizas para terminar llevándoselas a la pampita, donde
caerán en ‘la trampita que llora a los nueve meses’; y la chobena Camba agentao,
cantada por Ñeca Rodríguez. Como su nombre indica, Camba agentao critica el
esnobismo y la sofisticación de los farsantes. Alejandra, cantada por Elvita
Quintela, es una chobena que exalta la belleza grácil de las muchachas en flor.
Hay, para mi gusto, una canción -el vals Siete Calles- que será recordada por
mucho tiempo. La fusión del poema y la música es perfecta. A este logro
artístico se une la interpretación sobresaliente de Gina Gil. En su cálida voz
cobran vida los versos de Rivero Mercado, tan evocadores y tan definitorios de
lo que fue aquella glorieta que yo, sin ser cruceño, llegué a conocer en su
taciturno esplendor romántico.
Cuando escuchen cantar a Gina Gil: “Siete Calles, vieja esquina, / con el viento
en siete direcciones, / una gota de rocío, peregrina, / se irisaba con el sol en
los balcones. // Siete Calles, sol y arena, / Siete Calles de luna que
desciende, / un tunante cantándole a su pena / y una ronda traviesa de los
duendes. // Barrio antiguo, barrio pobre del zanjón, /entre sombras el alero
colonial, / un andar que se triza en tropezón, / un tambor en correo de
Carnaval...”, se les pondrá la carne de gallina.
¡Ah, si vivieran don Félix Soleto, Pedro Soruco y Mateo Flores! Esto era Santa
Cruz y seguirá siéndolo mientras haya un ser humano que la evoque como hoy la
evocan Pedro Rivero Mercado y Nicolás Menacho. // Madrid, 25/03/2005.
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