Mesa aprendiendo de Velasco (II)
Nino Gandarilla Guardia
Mesa, ahora buen discípulo de Velasco, entendió que la forma más sabia de
controlar la situación es cambiando la obsoleta Constitución, por ello también
ha convocado la Constituyente. Y con seguridad también espera ganar las
elecciones al igual que su, irónicamente, maestro cruceño. Pero Velasco nunca
hizo renuncias tramposas ni promesas imposibles; su carácter era diferente. Sus
gobiernos se caracterizaron por ser estables en su forma, humanistas y
democráticos. La restitución de los desaparecidos gobiernos municipales
descentralizó la administración y devolvió el poder al pueblo. En su último
periodo, dictó la Ley de Abolición de la Esclavitud en Bolivia.
El año 1843, cuando Ballivián renunció al Gobierno, el Ejército lo proclamó
Presidente y reasumió el poder. No vio conveniente hacer vigente la Constitución
de 1839 y ejerció el poder hasta la reunión del Congreso, convocado
extraordinariamente para el 6 de agosto.
La elección de representantes se hizo con la más amplia libertad y, reunida la
asamblea, aprobó los actos del Gobierno; confirmó el nombramiento del presidente
y procedió a la reforma de la Constitución del 39, que conservó los principios
tutelares del orden y la libertad; consignó entre los derechos del hombre el de
la instrucción; garantizó la inviolabilidad de la propiedad; limitó las
facultades extraordinarias; amplió el sufragio directo a la elección de
senadores; aumentó el número de representantes y disminuyó el Ejército a 1.200
hombres.
La libertad de prensa alcanzó su apogeo; el Gobierno invitó a que se discutiesen
todos sus actos. En el afán de estabilizar el país con medidas políticas, nombró
ministros de Estado al Gral. Belzu y al Dr. Casimiro Olañeta, con quienes tenía
diferencias. Ambos ministros se ocuparon más de anarquizar el país que de hacer
obra de gobierno. Dice Vásquez Machicado: “Mientras el militar hacía ostentación
de suavidad y espíritu conciliador, ganándose prosélitos, el abogado ordenaba
prisiones y confinamientos”.
Esto nos recuerda la relación Mesa-Morales, ¿no? Carlos Mesa se alió
estratégicamente con Evo Morales, pero el concepto de poder de ambos es
totalmente diferente. En este caso, Morales podría ser el discípulo de Olañeta.
El 25 de julio de 1835, el Senado emitió un decreto que consagró a Velasco como
“Eminente Republicano, que podrá usar entre los otros con que le ha condecorado
la Nación, continuándole además el tratamiento de Excelencia”.
Mesa podría aprender otros rasgos de Velasco para salir adelante, por ejemplo:
el libertador cruceño era sincero, amable y modesto; sobre todo, nunca eludió el
cargo presidencial. En los peores momentos agudizó su ingenio.
Uno de los episodios más importantes de toda la historia de Bolivia la
protagonizó Velasco. El año 1841, al encontrarse en pleno movimiento
revolucionario en contra del presidente José Ballivián, el general José Miguel
de Velasco Franco, en un trascendental desprendimiento patriótico, cuando
advirtió que el país se encontraba en peligro de ser invadido por tropas
peruanas comandadas por el general Agustín Gamarra, cedió sus tropas al Gral.
Ballivián, que, con el concurso de éstas, obtuvo para el país la más resonante
victoria en la batalla de Ingavi, el 18 de noviembre, consolidando así la
independencia de la República.
El destino ha hecho que el presidente Mesa aprenda de quien criticó en su libro.
El prócer cruceño fue cinco veces presidente de la República gracias a su
patriótico aporte a la historia.
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