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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 24, Marzo de 2005

../images/blanco.gifMesa aprendiendo de Velasco (II)



Nino Gandarilla Guardia

Mesa, ahora buen discípulo de Velasco, entendió que la forma más sabia de controlar la situación es cambiando la obsoleta Constitución, por ello también ha convocado la Constituyente. Y con seguridad también espera ganar las elecciones al igual que su, irónicamente, maestro cruceño. Pero Velasco nunca hizo renuncias tramposas ni promesas imposibles; su carácter era diferente. Sus gobiernos se caracterizaron por ser estables en su forma, humanistas y democráticos. La restitución de los desaparecidos gobiernos municipales descentralizó la administración y devolvió el poder al pueblo. En su último periodo, dictó la Ley de Abolición de la Esclavitud en Bolivia.
El año 1843, cuando Ballivián renunció al Gobierno, el Ejército lo proclamó Presidente y reasumió el poder. No vio conveniente hacer vigente la Constitución de 1839 y ejerció el poder hasta la reunión del Congreso, convocado extraordinariamente para el 6 de agosto.
La elección de representantes se hizo con la más amplia libertad y, reunida la asamblea, aprobó los actos del Gobierno; confirmó el nombramiento del presidente y procedió a la reforma de la Constitución del 39, que conservó los principios tutelares del orden y la libertad; consignó entre los derechos del hombre el de la instrucción; garantizó la inviolabilidad de la propiedad; limitó las facultades extraordinarias; amplió el sufragio directo a la elección de senadores; aumentó el número de representantes y disminuyó el Ejército a 1.200 hombres.
La libertad de prensa alcanzó su apogeo; el Gobierno invitó a que se discutiesen todos sus actos. En el afán de estabilizar el país con medidas políticas, nombró ministros de Estado al Gral. Belzu y al Dr. Casimiro Olañeta, con quienes tenía diferencias. Ambos ministros se ocuparon más de anarquizar el país que de hacer obra de gobierno. Dice Vásquez Machicado: “Mientras el militar hacía ostentación de suavidad y espíritu conciliador, ganándose prosélitos, el abogado ordenaba prisiones y confinamientos”.
Esto nos recuerda la relación Mesa-Morales, ¿no? Carlos Mesa se alió estratégicamente con Evo Morales, pero el concepto de poder de ambos es totalmente diferente. En este caso, Morales podría ser el discípulo de Olañeta.
El 25 de julio de 1835, el Senado emitió un decreto que consagró a Velasco como “Eminente Republicano, que podrá usar entre los otros con que le ha condecorado la Nación, continuándole además el tratamiento de Excelencia”.
Mesa podría aprender otros rasgos de Velasco para salir adelante, por ejemplo: el libertador cruceño era sincero, amable y modesto; sobre todo, nunca eludió el cargo presidencial. En los peores momentos agudizó su ingenio.
Uno de los episodios más importantes de toda la historia de Bolivia la protagonizó Velasco. El año 1841, al encontrarse en pleno movimiento revolucionario en contra del presidente José Ballivián, el general José Miguel de Velasco Franco, en un trascendental desprendimiento patriótico, cuando advirtió que el país se encontraba en peligro de ser invadido por tropas peruanas comandadas por el general Agustín Gamarra, cedió sus tropas al Gral. Ballivián, que, con el concurso de éstas, obtuvo para el país la más resonante victoria en la batalla de Ingavi, el 18 de noviembre, consolidando así la independencia de la República.
El destino ha hecho que el presidente Mesa aprenda de quien criticó en su libro. El prócer cruceño fue cinco veces presidente de la República gracias a su patriótico aporte a la historia.

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