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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 24, Marzo de 2005

../images/blanco.gifLa última cena



Paulovich ®®La noticia de perfil

No crean ustedes que se trata de la misma crónica que escribí el Jueves Santo del año pasado, aunque el tema es el mismo; lo que sucede es que los recuerdos de aquella cena a la que asistí son imborrables y los cuento cada año, aunque corro el riesgo de que algunos lectores me digan que soy reiterativo y fantasioso, o un alabancioso.
Les ruego que me crean cuando les digo que viví varias vidas y una de ellas en Jerusalén en tiempos de Jesús, cuando fui ayudante de carpintero en una mueblería que se llamaba San José, donde me enteré de que Jesús y sus amigos celebrarían la Pascua con una cena en la que comerían cordero y beberían vino tinto.
Pregunté en la carpintería cuántas personas asistirían, pero no pude obtener el dato pues sólo me dijeron: “Estará el Maestro y sus apóstoles, o sea que será una comida sólo para hombres, y se dice que trece personas se sentarán a la mesa”, lo cual no me gustó porque yo siempre fui supersticioso y creo que el número 13 es fatal.
Mi madre fue siempre muy amiga de María, la madre de Jesús, y al verme tan triste porque no me habían invitado a la cena me dijo: “Hablaré con la María para que te dejen entrar como colador, o sea, sin invitación, y podrás ver desde la cocina cómo se desarrolla la cena; seguramente te invitarán un poco de cordero y te lo servirán en la mesa del pellejo”.
Le agradecí a mi madre por ayudarme y, efectivamente, cumplió con su promesa, habló con su amiga María, y de esa manera llegué a su casa antes que los otros invitados y me acomodé en la cocina; ayudé a las mujeres en la preparación de la comida y también lavé platos y vasos.
Llegaron casi todos al mismo tiempo, menos Judas que se atrasó un poco diciendo a los otros apóstoles que había estado muy ocupado realizando una operación financiera, detalle que no extrañó a nadie porque todos sabían que ésa era su especialidad. Todos empezaron a charlar aunque se les notaba mucha tristeza en sus rostros. María llevó una jofaina al comedor y una jarra con agua; Jesús procedió a lavar los pies de sus discípulos, aunque algunos protestaron, pero ésa era la costumbre entre los judíos y Jesús cumplió con ese rito, lleno de humildad.
Cuando se cumplió con el pediluvio empezó la cena propiamente dicha, y escuché que Jesús les dijo que uno de ellos lo traicionaría, palabras que sorprendieron a todos, y uno por uno le preguntaron al Maestro quién sería el traidor; cuando preguntó Judas, Jesús le dijo que él sería quien lo traicionaría, lo cual molestó mucho al traidor que salió del comedor y se fue dando un portazo.
La cena se desarrolló normalmente, pero una tristeza infinita se apoderó de todos los concurrentes, sobre todo en el momento en que Jesús partió el pan e invitó un cachito a cada uno, haciendo la misma invitación con el vino, pero ya no pude entender el significado de sus palabras porque me encontraba en la cocina y las mujeres comenzaron a llorar y decían que Jesús les había anunciado su propia muerte.
Al concluir la comida, todos se dirigieron a Getsemaní y yo corrí tras ellos para ver lo que pasaría.

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