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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Miércoles 23, Marzo de 2005

../images/blanco.gifLa muerte de Jesús de Nazaret



Gustavo Maldonado Medina

La Semana Santa. Una semana dedicada al recuerdo de cómo se desarrollaron los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret, antes de que fuera ejecutado por el Gobierno establecido en la Jerusalén de la época. Según lo que nos enseña Jaime en el Diario de Córdova, todos aquellos sucesos ocurridos en Jerusalén en los tiempos del rey Herodes, del gobernador romano Pilatos y del sumo sacerdote Caifás tienen una doble dimensión: la dimensión estrictamente histórica y la dimensión trascendental subyacente.
Para Jaime, desde el punto de vista estrictamente histórico, la muerte de Jesús de Nazaret reviste todas las características de una ‘muerte anunciada’. Meses antes de las fiestas nacionales del mes de Nisán (el primer mes de la primavera), las autoridades de Jerusalén habían tomado la decisión de que el profeta galileo constituía un peligro para el orden establecido. La lectura e interpretación que hacía de las normas de la Ley de Moisés tenían el cariz de una revolución ideológica y cultural: la ley se había hecho para el hombre, no el hombre para la ley. La observancia puntual de los ritos y prescripciones del culto carecía de valor en sí misma. Lo importante no era cumplir las normas rigurosamente, sino la actitud interior que éstas debían expresar. La organización religiosa de Jerusalén se había convertido en una estructura de poder socioeconómico, en la que los ‘grandes’ que ocupaban la cúpula sacerdotal utilizaban en su propio beneficio el poder que les había confiado para que lo pusieran al servicio del pueblo llano. El éxito popular del profeta galileo era peligroso. Las aguas podían desbordarse.
Diversos intentos de tomar preso al profeta galileo y de silenciar de una vez su palabra perturbadora resultaron fallidos. Se temió que el apresamiento de Jesús de Nazaret pudiera provocar un levantamiento popular. Finalmente se encontró la ocasión propicia. En el silencio y oscuridad de la noche, y con la colaboración de un ‘infiltrado’ en el círculo de sus colaboradores más estrechos, se logra el objetivo de la detención policial del profeta ‘perturbador’.
A continuación se inicia un juicio sin garantías jurídicas. Acusaciones falsamente fabricadas. Humillaciones y torturas para debilitar la resistencia física y psicológica del reo. Chantaje al gobernador romano sugiriéndole que su posición política ante las autoridades centrales de Roma podría quedar dañada. Al final, los ‘intereses creados’ de una parte y de otra lograron llegar al punto donde desde meses atrás querían llegar: la eliminación de Jesús de Nazaret.
Ésta es la historia de los hechos. No es la única vez que tales sucesos han tenido lugar. Lo que en aquella ocasión pasó con Jesús de Nazaret ha ocurrido con miles y miles de hombres y mujeres en múltiples lugares y en diversos tiempos. Sin embargo, el caso de Jesús de Nazaret es singular desde otro punto de vista. Todo no terminó con su muerte. Si la muerte estaba anunciada, también estaba anunciada la resurrección. Jesús no era un hombre cualquiera. Era el hijo y enviado de Dios. Su muerte está enmarcada en los planes de Dios. De acuerdo con Jaime, todo lo que ocurrió en Jerusalén en esos días es la aseveración de que los planes de Dios nada tienen que ver con los planes de los hombres. Lo que para muchos fue el fracaso de Jesús, para Dios es la victoria. Porque lo que para los hombres es un éxito, para Dios es un fracaso. Y al revés, lo que los hombres consideran un fracaso, eso es, justamente, el éxito de Dios.

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