Para que no ruede al abismo...
Mario Rueda Peña
A raíz de los bloqueos que tuvieron semiparalizado al país, Carlos Mesa se
vio emplazado a un destino inmediato: el restablecimiento del principio de
autoridad. Pero igual que conductor aturdido por contradictorias señalizaciones,
fue incapaz de alcanzar tan crucial meta. Mientras por un lado le exigían a
gritos ‘¡mano dura!’ (algo así como emplear la fuerza militar y meter bala), por
el otro le advertían (nada menos que el ‘Defensor del Pueblo’) que no se podía
‘criminalizar’ la protesta social, en tanto que los fiscales tiraban al canasto
la ‘instructiva’ del viceministro de Justicia, con el argumento de que ellos no
estaban para reprimir los bloqueos de calles y caminos. Izando la consigna de
‘mano justa’, el chofer del bus estatal tomó entonces el desvío hacia la
convocatoria anticipada de elecciones generales para Presidente, vicepresidente
y parlamentarios.
De tal modo quería que se levantaran los bloqueos y que el Parlamento le
consolidara de forma tácita en el sillón presidencial. Sabía, igualmente, que
diputados y senadores harían cualquier cosa, menos aceptar su pedido. Convocar
elecciones generales equivalía para éstos a perder sus curules y la jugosa
dieta.
Bueno, al final, las cosas se dieron tal y como el conductor las había
planificado al tomar el atajo de la convocatoria adelantada de elecciones, sólo
que ahora el pasaje del bus estatal, conforme lo acreditan recientes encuestas,
más le rechifla que aplaude, a la inversa de lo que ocurría antes. Las diatribas
son también para ese ‘bloqueólogo’ de renombre internacional que es ya Evo
Morales. En cuanto hace a prestigio y credibilidad, los resultados de aquellos
sondeos muestran al líder cocalero como bajando por un tobogán...
De nuevo en la ruta hacia el 2007, Mesa sigue tan desorientado como antes
respecto al rumbo hacia el restablecimiento del principio de autoridad, que
ahora es la exigencia básica que le hace la mayoría silenciosa del país.
Mesa y su Gobierno no están sólo desorientados, sino también muertos de miedo,
incapaces de percibir las señalizaciones concretas hacia el restablecimiento de
aquel principio para que haya orden y legalidad en el país. No con balas, que
sólo favorecen a los bloqueadores porque les entrega en bandeja de plata los
muertos y heridos que buscan, sino con la ley, la cual es la que realmente
intimida. Esas señalizaciones no las tiene a los costados, que es adonde mira,
aterrado, sino al frente. Fulguran con tonos intensos particularmente en el art.
286 del nuevo Código de Procedimiento Penal (CPP). Éste, respecto a la
instigación pública a delinquir (reiniciar los bloqueos tras una pausa) que
hacen Evo y sus aliados por todos los canales de TV (delito penado con reclusión
por el art. 130), obliga a las autoridades de Gobierno a presentar ante la
Fiscalía General de la República la respectiva denuncia criminal, con una
relación circunstanciada de los ilícitos, así como de los nombres de los
autores. Conforme al art. 289 del CCP, tras recibir la denuncia, el Ministerio
Público debe entrar de inmediato en acción, en el marco de las obligaciones que
le señalan el art. 70 (“Dirigir la investigación de los delitos y promover la
acción penal pública ante los órganos jurisdiccionales”).
Si el Gobierno no hace lo anterior incurre en el delito de ‘omisión de deberes’,
tipificado por el art. 154 del Código Penal. El fiscal general de la República
también debe comparecer ante la diosa Themis si tirando la denuncia al canasto
pretende hacerle creer al país que bloquear caminos no es delinquir, sino
ejercitar un derecho irreprochable. Conste que hay delitos anteriores que aún no
han sido ni siquiera investigados (los cometidos en el Chapare y otros lugares
del país). La excepción honrosa en la línea del cumplimiento del deber,
naturalmente, es la de Santa Cruz, donde fiscales que han leído y asimilado muy
bien la Carta Magna, el Código Penal y su procedimiento apuntan ya al
tristemente célebre líder campesino de los bloqueos de Yapacaní. No con armas,
sino con los procedimientos preparatorios del respectivo juicio penal.
Lo peor que puede hacer Mesa es ignorar las señalizaciones del ordenamiento
jurídico-legal del país. Si no se atiene a las mismas, corre el riesgo de rodar
al abismo...
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