Del volcán boliviano (II)
Francisco Xavier Iturralde
Finalizamos con las consideraciones del artículo Del volcán boliviano,
publicado por el periódico español La Vanguardia. Es por demás conocido que la
coca proviene de la civilización incaica en tanto objeto religioso-jerárquico;
durante la conquista fue sostén de la miseria de los indígenas esclavizados y
riqueza de los mestizos que la cultivaban. Se mantuvo durante la República,
cuando la primera Constitución Política de Sucre, en 1826, que otorgaba igualdad
a los indígenas, fue purgada por los seguidores de dos caras. Llegó hasta la
Revolución Nacional cuando varios de sus dirigentes la consumían bajo la forma
de cocaína en las jaranas, incluidas en las del manejo del Estado. Durante la
época de los militares (1970-1980) asumió el rol de medio de intercambio
internacional y enriqueció a varios del oriente boliviano. El DS 21060, en su
artículo 142, legalizó este tipo de fortunas, aspecto que nos condujo al otro
extremo de la coca cero, origen de los cocaleros de Evo Morales, futuro
presidente de la República. Si éste llega a la Presidencia, se completaría el
ciclo del ascenso de Víctor Hugo Cárdenas a la ‘vice’, así como de la
presidencia que no quiso ocupar Franz Tamayo y de todos los mestizos que
llegaron a ella, ya que prefirieron ser como los europeos o traicionar a los
suyos, como lo hizo la Guarachí, mujer de José Manuel Pando, o Atahuallpa, que
usurpó el trono de Huáscar. Por eso, los indígenas no ganan una desde hace 500
años. Y si logran vencer, como Alejandro Toledo en Perú, se vuelven más
occidentales que los suyos, porque incluso para ganar necesitan de una ONG
danesa o de la señora de George Soros. En el caso de Bolivia, con el gas y la
coca para la cocaína, nos encontramos en la esfera mundial de dos bienes de
intercambio internacional (‘commodities’). A los ‘grandes’ que manejan ambas
cosas les es indiferente quiénes dirijan Bolivia (blancos, cruceños, tarijeños,
aimaras, alteños, etc.). Lo que les interesa es que éstos sean dóciles a sus
objetivos de hacer ‘money’. Evo, como buen populista, les viene como anillo al
dedo. De haber existido la poderosa Central Obrera Bolivia (COB) hubiera sido lo
mismo. El autor del artículo ignora que la COB fue un sindicato oficialista,
creado y financiado por un partido que llegó al poder, y que Lechín, que firmó
el Código Davenport, fue también embajador en Italia; además, llevó la vida de
la clase explotadora con los aportes de los obreros y del Estado. Un ‘leader’
que reflejaba bastante bien lo que fue y es el sindicalismo boliviano, que vive
eternamente con comisiones pagadas de acuerdo a ley y por decisión de las bases;
unos cuantos que tienen tiempo para reunirse también se benefician. Y como bien
dice el autor del artículo, ‘nada es igual ni parecido’, menos la historia del
libro de Humberto Vásquez que terminó siendo escrito por el papá José, la mamá
Teresa y por el actual Presidente de la República “A mí todo esto me hace
sonreír, no sin malevolencia”, diría yo. En lo único que concuerdo con el
artículo Del volcán boliviano es en lo siguiente: “2005 se perfila como uno de
los años más difíciles que tendrá Bolivia en su historia contemporánea. Hay
cosas que ni el fútbol las salva”.
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