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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 22, Marzo de 2005

../images/blanco.gifDel volcán boliviano (II)



Francisco Xavier Iturralde

Finalizamos con las consideraciones del artículo Del volcán boliviano, publicado por el periódico español La Vanguardia. Es por demás conocido que la coca proviene de la civilización incaica en tanto objeto religioso-jerárquico; durante la conquista fue sostén de la miseria de los indígenas esclavizados y riqueza de los mestizos que la cultivaban. Se mantuvo durante la República, cuando la primera Constitución Política de Sucre, en 1826, que otorgaba igualdad a los indígenas, fue purgada por los seguidores de dos caras. Llegó hasta la Revolución Nacional cuando varios de sus dirigentes la consumían bajo la forma de cocaína en las jaranas, incluidas en las del manejo del Estado. Durante la época de los militares (1970-1980) asumió el rol de medio de intercambio internacional y enriqueció a varios del oriente boliviano. El DS 21060, en su artículo 142, legalizó este tipo de fortunas, aspecto que nos condujo al otro extremo de la coca cero, origen de los cocaleros de Evo Morales, futuro presidente de la República. Si éste llega a la Presidencia, se completaría el ciclo del ascenso de Víctor Hugo Cárdenas a la ‘vice’, así como de la presidencia que no quiso ocupar Franz Tamayo y de todos los mestizos que llegaron a ella, ya que prefirieron ser como los europeos o traicionar a los suyos, como lo hizo la Guarachí, mujer de José Manuel Pando, o Atahuallpa, que usurpó el trono de Huáscar. Por eso, los indígenas no ganan una desde hace 500 años. Y si logran vencer, como Alejandro Toledo en Perú, se vuelven más occidentales que los suyos, porque incluso para ganar necesitan de una ONG danesa o de la señora de George Soros. En el caso de Bolivia, con el gas y la coca para la cocaína, nos encontramos en la esfera mundial de dos bienes de intercambio internacional (‘commodities’). A los ‘grandes’ que manejan ambas cosas les es indiferente quiénes dirijan Bolivia (blancos, cruceños, tarijeños, aimaras, alteños, etc.). Lo que les interesa es que éstos sean dóciles a sus objetivos de hacer ‘money’. Evo, como buen populista, les viene como anillo al dedo. De haber existido la poderosa Central Obrera Bolivia (COB) hubiera sido lo mismo. El autor del artículo ignora que la COB fue un sindicato oficialista, creado y financiado por un partido que llegó al poder, y que Lechín, que firmó el Código Davenport, fue también embajador en Italia; además, llevó la vida de la clase explotadora con los aportes de los obreros y del Estado. Un ‘leader’ que reflejaba bastante bien lo que fue y es el sindicalismo boliviano, que vive eternamente con comisiones pagadas de acuerdo a ley y por decisión de las bases; unos cuantos que tienen tiempo para reunirse también se benefician. Y como bien dice el autor del artículo, ‘nada es igual ni parecido’, menos la historia del libro de Humberto Vásquez que terminó siendo escrito por el papá José, la mamá Teresa y por el actual Presidente de la República “A mí todo esto me hace sonreír, no sin malevolencia”, diría yo. En lo único que concuerdo con el artículo Del volcán boliviano es en lo siguiente: “2005 se perfila como uno de los años más difíciles que tendrá Bolivia en su historia contemporánea. Hay cosas que ni el fútbol las salva”.

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