La Constituyente y sus peligros
Aure Terán Bazán
Una Asamblea Constituyente es para crear un Estado cuando alguna región se ha
independizado de una potencia imperialista, como ocurrió con EEUU en 1774 y con
Bolivia en 1825.
Asimismo, sirve para cambiar estructuras fundamentales e insertar las conquistas
logradas por una revolución profunda, como la francesa en 1789 o la boliviana en
1952.
Una vez fundado un Estado, la Constituyente no cambia todo sino sólo algunas
partes de la Carta Magna existente. Sería imposible suprimir las garantías
personales, los derechos y muchos otros aspectos contemplados en la Declaración
de los Derechos Humanos.
En Bolivia se ha iniciado la lucha por otra Constituyente; sería la decimoctava,
pero se nos presenta con algunos peligros: los mal llamados ‘originarios’ o
‘pueblos indígenas’ están despertando después de estar mucho tiempo marginados
de la vida política. Son dirigidos, adoctrinados y orientados por los
izquierdistas criollos de siempre, algunas ONG y aun gobiernos extranjeros,
según se denuncia en la prensa.
Añoran los tiempos pasados que podrían volver en una especie de ‘nueva
independencia’ y sueñan con el gobierno inca, el de la Pachamama, el Sol y el
Tumpa. Y por eso quieren cambiar el nombre de Bolivia por el de Tahuantinsuyo y
el de Santa Cruz por otra denominación guaraní. Esto se ha manifestado desde el
mismo Congreso Nacional.
Podrían intentar una dictadura del proletariado, como en la Rusia comunista, sin
mayoría proletaria y con la supresión de los derechos humanos.
O por lo menos desearán un Estado intervencionista que acapare el 90% de las
actividades productivas, eliminando así a gran parte de la empresa privada, que
no ha respondido como debiera. Habrá demagogia y corrupción al más alto nivel.
Se luchará por sustituir nuestro H. Congreso Nacional por uno unicameral. Esto
sería bueno, incluso para evitar que los honorables parlamentarios se jubilen en
sus curules.
La religión católica dejará de ser la oficial y surgirán muchas más sectas de
las que pululan en nuestro territorio y a veces desvirtúan las mentes.
Se intentará sustituir a las Fuerzas Armadas por algún organismo rural de
producción o por carreteras, caminos, alfabetización y postas sanitarias.
Por estas razones, la población indígena andina se opone a la autonomía
oriental, que la quiere en un plano democrático y participativo.
Los ‘originarios’ quieren autonomía para sus pueblos indígenas, sistema en el
que vivirán con sus propias costumbres y en manos de oligarquías presididas por
sus diferentes caciques.
Y como los ‘originarios’ son mayoría, es posible que la obtengan. Los blancos,
mestizos, de ojos verdes, profesionales y otros que nacieron en este país están
divididos en una veintena de partidos que pelean permanentemente.
Evitemos que la situación actual nos conduzca a la famosa Asamblea del Pueblo y
derive en funestos desenlaces que inciten la intervención extranjera o la
disgregación de Bolivia.
Debemos unirnos ante el peligro común, a fin de evitar el desastre de la patria
grande y, por lógica, de la chica.
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