Comenzó la Semana Santa
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Al comenzar la Semana Santa recibí instrucciones precisas y terminantes de mi
esposa, temporalmente alejada de la sede de sus funciones matrimoniales, para el
fiel y devoto cumplimiento de mis obligaciones religiosas, sin dar paso a mis
frágiles excusas de que ya estoy un poco viejecito, diciéndome claramente: ‘sin
embargo, no estás tan viejito para ir a cenas de gala como la de la otra noche,
cuando fuiste a la reunión de Los Amautas en el Círculo de la Unión’.
Me ordenó que fuera a la misa y a la procesión de las palmas, montado en un
borrico para recordar a Jesús en su entrada a Jerusalén, resistiéndome a hacerlo
porque eso sólo corresponde al arzobispo y yo sólo llegué al cargo muy inferior
de sacristán; le dije, además, que yo no sabría dónde alquilar un borrico,
respondiendo la española: ‘Podrías prestarte un borrico de la Cámara de
Diputados, donde parece que hay muchos’.
Convoqué a mis parientes para asistir todos juntos a la misa de Domingo de Ramos
al templo de Obrajes, y mi tío Pelópidas me exigió que alquilara un autobús para
que cupiera toda la familia y también seis integrantes de una banda de música
que se llama ‘Evo Morales’ en honor al dirigente cocalero y jefe del socialismo,
que en su juventud había sido un regular trompetista de una banda orureña.
Tuve que alquilar el bus y allí metí a toda mi familia y a los músicos de la
pequeña banda de ‘chusus’ que nos acompañaría en la celebración del Domingo de
Ramos, mientras mi parientes y yo celebrábamos la entrada triunfal de Jesús en
la ciudad de los jerosolimitanos, donde compartimos un ágape y donde los hice
reflexionar acerca de la poca confianza que deben tener los líderes políticos y
en las manifestaciones populares que se desarrollan en las plazas de los pueblos
porque hoy te vitorean y te aplauden y mañana te crucifican.
Cuando concluyó mi fiesta familiar, me volvió a llamar mi mujer y me preguntó si
ya me había confesado para llegar a la Pascua con mi almita limpia y mis pecados
perdonados. Le mentí diciéndole que ya lo había hecho y que el sacerdote me
había sacado a empellones del confesionario, diciéndome indignado ‘¡Fuera de
aquí, para confesarse primero hay que pecar!’, pero la española no me creyó y me
ordenó que lo hiciera cuanto antes.
Me preguntó la hispanohablante si ya había recogido de la limpieza mi traje
negro para asistir a la procesión del Santo Sepulcro que se realizará el Viernes
Santo, y mandé a la imilla para que lo recogiera y así poder asistir impecable a
dicha ceremonia litúrgica. También me recordó que me muniera de algunos pescados
y mariscos para celebrar dignamente los días santos que prohíben el consumo de
carne.
Cuando me dirigí al mercado para adquirirlos, me asusté de los precios y
consultando con un santo sacerdote éste me dijo: ‘Procura comer pescados y
mariscos, pero si la plata no te alcanza dile a tu empleada que prepare papas a
la huancaina, plato paceño, arroz con leche y el menú te resultará más barato’,
consejo que seguiré.
Lo importante es tener buena disposición del alma para celebrar cristianamente
este semana que comenzó.
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