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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 22, Marzo de 2005  

>>    El destino de nuestros profesionales

Contamos con numerosas casas de estudios. Casi el ciento por ciento de ellas, de las casas de estudios, o bien está instalado en Santa Cruz de la Sierra exclusivamente, o cuando menos aquí tiene su matriz, su centro principal.
Hasta donde nos ha sido posible conocer, que no es poco por supuesto, todas las casas superiores de estudios aquí cuentan con modernas, confortables, adecuadas y bien equipadas infraestructuras. Incluyen las infraestructuras, bibliotecas, gabinetes, laboratorios para experimentaciones diversas, lugares de esparcimiento y, en fin, cuanto se puede pedir como complemento de la fase de la formación profesional.
La calidad de la enseñanza, por otro lado, nada deja que desear. No sólo que se ajusta a los más modernos y adecuados programas, sino que además se sirve de profesores de las más altas calificaciones tanto académicas como morales y desde luego didácticas. Entonces, y tomando en cuenta el excelente nivel en que se mueven nuestras superiores casas de estudios, carece de sentido, en absoluto, que nuestros jóvenes estudiantes salgan del país o asistan a centros del interior para formarse pues, además, aquí se ofrece sin duda, la gama más completa de profesiones a lograr.
De su lado, los propietarios o los administradores de nuestros centros superiores de estudios, con seguridad que no tienen razón alguna para sentirse frustrados. Ninguno de estos centros funciona con menos de dos o tres millares de estudiantes. Y para hacer más gratificante el análisis estadístico, cabe destacar que los porcentajes de deserción o de fracaso no pasan de ser los normales en estos campos. En suma, que es con buen pie que nuestras casas superiores de estudios, modernas, confortables y bien equipadas, prestan el alto servicio de formar profesionales con credibilidad y un buen sello de idoneidad.
La oferta de profesionales bien formados, irreprochables, tiene que ser muy significativa cada año. Procedentes de tantas de nuestras excelentes casas superiores de estudios, sin duda que se ofrece periódicamente profesionales, mucho más que los que normalmente se puede requerir. Parte de nuestra agitada vida cultural y social son las promociones de flamantes profesionales que suman centenares en cada disciplina. Si tenemos que dar por hecho que nuestro mercado, aún estrecho, está súper saturado por la oferta de profesionales nuevos, resulta justa la preocupación que causa la suerte de ese personal satisfactoriamente calificado, que no encuentra acomodo ni en el sector público ni en el privado, de nuestra ciudad.
Nos parece, y perdón si pecamos por ignorantes, que no existe disposición alguna que proteja, que beneficie preferentemente a los profesionales que son de aquí o que se forman en nuestras superiores casas de estudios, frente a los que se desplazan procedentes del interior y del exterior del país. En el pasado fue corriente, y al parecer la cosa no ha cambiado, el hecho de la instalación aquí de oficinas, despachos o empresas que antes funcionaban especialmente en la sede del gobierno. Y, obviamente, el traslado incluía un desplazamiento de directores, subdirectores y personal subalterno, con camas y petacas, más las familias a cuestas. Una manera de dar la impresión de que aquí no había gente capacitada en quien depositar confianza.
Hoy contamos con una juventud profesional ansiosa a la espera de su oportunidad. Se ha formado en buenas universidades, con excelentes profesores y según métodos y programas modernos. En nuestro medio, a ese capital, hay que reconocerle ciertas preferencias, como se hace en cualquier parte del mundo. De lo contrario, será condenarlos a frustraciones muy amargas.


Ciudadela no, ciudad satélite Andrés Ibáñez sí

Marcelo Rivero

El Plan Tres Mil cumplió 22 años desde su creación a raíz de los desbordes del Piraí que obligaron al traslado de unos tres mil damnificados. Eso fue el 18 de marzo de 1983 y desde entonces el pequeño barrio no paró de crecer, lo que tampoco es una rareza en Santa Cruz.
Pero no es de ese crecimiento, de carencias y logros, de riqueza y pobreza en el Plan Tres Mil, que tratará este comentario. Es de la facilidad con que le ponemos denominaciones a las cosas y de la forma en que insistimos en el error sin que haya persona capaz de enmendarlo, ni autoridad que rectifique por diversos conductos las incorrecciones.
Así pues a diario, o mejor dicho a cada minuto, en los medios de comunicación, en las declaraciones de funcionarios y jefes de toda categoría, en la conversación entre vecinos, en el diálogo entre pasajeros de un colectivo o entre compradores y vendedores en los mercados, escuchamos o leemos que el Plan Tres Mil por aquí, que el barrio Andrés Ibáñez por allá y que la ciudadela por acullá. Una chanfaina en la que el disparate mayor se la lleva esta última denominación, “ciudadela”.
Ciudadela, como es fácil “descubrir” en el diccionario y como se solía oír en las películas del “Far West” americano, es el “recinto de fortificación permanente en el interior de una plaza, que sirve para dominarla o de último refugio a su guarnición”. Breve y clara la definición, sin otra acepción como para que se preste a la duda. ¿Quién fue el de la ocurrencia de llamar ciudadela a lo que tiene entre sus principales características la absoluta falta de un recinto de fortificación...?
En realidad poco importa el porqué de ciudadela, lo que importa es que se insista en el error. Lo que tendría que decirse, como alguna vez lo sugerí y que podría aplicarse a barrios igualmente extensos, es “ciudad satélite” que -también según el castellano-, es el “núcleo urbano dotado de cierta autonomía funcional, pero dependiente de otro mayor y más completo, del cual se halla en relativa cercanía”. Como se puede deducir, teniendo el Plan Tres Mil, la Villa 1º de Mayo, la Pampa de la Isla y otras zonas un subalcalde y otras reparticiones públicas, les calza perfectamente el calificativo de ciudad satélite, pero jamás de los jamases aquello de ciudadela.
Finalmente la alcaldía y el concejo municipal deben tomar una decisión en cuanto al nombre exacto. ¿Plan Tres Mil o Andrés Ibáñez? Me dijeron que Sergio Antelo, alcalde de aquel entonces, justificó esta denominación que le puso él. Está bien pero en lugar de ciudadela debe ser ciudad satélite Andrés Ibáñez. La huevada, y apostaría mil contra un guineo, es que si deciden que sea “ciudad satélite” van a empezar a chantarle mayúsculas.

 

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