Carlos Ponce vivirá en sus estudios de Tiwanaku
Personaje. Carlos Ponce fundó el Centro de Investigaciones Arqueológicas en Samaipata y abrió el camino a El Fuerte
La Prensa , EL DEBER y EFE
Dos arqueólogos recuerdan el legado de Carlos Ponce Sanginés, que falleció el
viernes en la noche, y coinciden en considerar al investigador como el hombre
que comenzó el estudio científico de esta rama en Bolivia.
"Como ningún otro, inició el estudio científico del pasado precolombino de
nuestro país y supo realizar contribuciones sesudas para el desentrañamiento de
lo que se consideraba, hasta entonces, como un insondable misterio", señala el
arqueólogo Jedu Sagárnaga.
A esta voz se une la del codirector del proyecto arqueológico Puma Punku-Akapana,
José María López. "Realmente logró institucionalizar la arqueología en Bolivia,
incluso logró hacerla parte de las políticas de Estado del país. Él fundó la
Dirección Nacional de Arqueología y el Instituto de Arqueología", recordó.
No obstante, cuestionó algunas de las teorías de Ponce con el argumento de que
respondían a la época en que fueron presentadas. "Él trabajó en la época del
nacionalismo (Revolución de 1952) y algunas realidades de las culturas
precolombinas fueron exageradas. Pero no se puede negar que su aporte fue
valioso", agregó.
López también destacó que hasta el momento el estudio de los textos de Ponce es
obligatorio en las carreras de Arqueología de Perú.
Mientras que el libro de Sagárnaga Breve Diccionario de la cultura nativa en
Bolivia menciona el trabajo del fallecido estudioso:"Delimitó el área de la urbe
de Tiwanaku con base en los restos hallados, sobre todo cerámicos; determinó
cronológicamente el inicio de Tiwanaku; su proceso cultural y declinación
mediante datación radiocarbónica. Estableció para esa cultura altiplánica una
secuencia de tres estadios, a saber: Aldeano, Urbano e Imperial".
Más adelante, la publicación rememora las obras de restauración supervisadas por
Ponce, que trabajó en la recuperación de "dos valiosos edificios de data
precolombina (Kalasasaya y el Templete Semisubterráneo), sin lo cual en este
momento habrían prácticamente desaparecido".
"Desde temprano me inspiró el trabajo científico y la investigación sobre el
pasado prehispánico. Siendo aún colegial, en 1943, tuve la oportunidad de
contemplar las ruinas de Iskanwaya en el norte del departamento de La Paz. Las
que para entonces eran completamente desconocidas y fascinantes por la
conservación de los edificios allí existentes", recordó Ponce Sanginés en una
entrevista que le concedió a EL DEBER en 2000.
Pero no toda la actividad del arqueólogo se concentró en Tiwanaku; en 1973 fundó
el Centro de Investigaciones Arqueológicas en Iskanwaya, y ese mismo año el
Centro de Investigaciones Arqueológicas en Samaipata. Allí se procedió a una
limpieza de la parte superior de las ruinas de El Fuerte y se fundó el Museo
Arqueológico Regional, además de abrir el camino hasta las mismas ruinas. La
creación de estos tres centros posibilitó tener una visión clara de la
arqueología nacional y por ello en 1975 se creó el Instituto Nacional de
Arqueología a la cabeza, nuevamente, de Ponce Sanginés. El surgimiento del INAR
significó la institucionalización de la arqueología boliviana que pronto
adquirió prestigio internacional por la calidad de sus investigaciones y llegó a
ejecutar 200 proyectos arqueológicos. Ésta fue sin duda la edad de oro de la
arqueología en Bolivia y esto se debe en gran parte al arqueólogo paceño.
Recibió la medalla Cóndor de los Andes
Más allá de las discrepancias, la entrega de Ponce Sanginés también mereció
una serie de homenajes, como el Premio Nacional de Cultura (1977), por su vasta
labor que se reflejó en más de 50 libros, y la distinción como Doctor Honoris
Causa en Arqueología de la Universidad Privada Franz Tamayo (1994).
Como ironía del destino, el último galardón para el investigador llegó el
viernes en la noche, pocas horas antes de que él perdiera la vida.
Ese día, el canciller Luis Ignacio Siles le entregó la medalla Cóndor de los
Andes en grado de Comendador, la máxima condecoración de Bolivia, a una de las
hijas del estudioso.
El arqueólogo falleció cerca de la medianoche, tras cuatro años de lucha contra
el cáncer.
La enfermedad apareció casi inmediatamente después de que concluyera su última
investigación sobre la cultura tiwanacota, en la que el arqueólogo identificó a
los 49 jefes de Estado de ese imperio y descubrió los retratos de algunos de
ellos en vasos de cerámica.
Los restos del científico fueron velados en el Museo de Arqueología (calle
Tiwanaku, en el centro paceño) y sepultados en el Cementerio Jardín (zona sur)
ayer por la tarde.
Una vida dedicada a la investigación
Carlos Ponce Sanginés nació en La Paz el 6 de mayo de 1925. Desde muy joven
mostró gran inclinación por la arqueología. Ya en 1948 publicó un libro dedicado
a los vasos prosopomorfos de Tiwanaku,
Luego de la Revolución de 1952, de la cual fue militante, intervino en la
política, sin olvidar su vocación, que supo combinar con su ideología. En 1952
asumió la jefatura del Instituto Indigenista Boliviano y en 1957 la Dirección de
Excavaciones en Tiwanaku. En 1953 convocó la primera Mesa Redonda de Arqueología
Boliviana, y en 1957 la segunda.
En 1958 creó el CIAT (Centro de Investigaciones Arqueológicas en Tiwanaku), del
que fue su primer director.
"Hasta entonces la indagación científica y elaboración de hipótesis eran
privilegio de los investigadores extranjeros, pero a partir de esa fecha comenzó
una etapa 'nacionalista' que aún hoy vale la pena evocar", indica Sagárnaga.
En 1975, Ponce Sanginés fundó el Instituto Nacional de Arqueología y modernizó
los métodos de investigación con laboratorios de carbono 14, espectrografía y
otros.
Entre sus más de 50 obras se destacan: Descripción sumaria del templete
semisubterráneo de Tiwanaku, Exploraciones arqueológicas subacuáticas en el lago
Titikaka y Tiwanaku, 200 años de arqueología boliviana
Ponce Sanginés fue director de la revista Pumapunku y del Centro de
Investigaciones Antropológicas Tiwanaku (Ceinanti). Sus investigaciones se
extendieron a culturas del oriente y occidente de Bolivia, concluye Sagárnaga.
Fue distinguido como Investigador emérito del Centro de Investigaciones
Antropológicas de México.
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