Sacar algunas conclusiones
Willi Noack
Nuestro Estado democrático y de derecho está en peligro.
En los últimos 17 meses se ha incrementado la agresividad de una minoría que
pretende instalar un Estado socialista-comunista.
Las pasadas semanas sirven de termómetro. Se evidenció la existencia de
diferentes conceptos del futuro o de visiones de futuro. O la falta de un
‘proyecto Bolivia’ compartido por todos. ¡Imposible de todos! Pero en el caso de
Bolivia, la minoría es irrespetuosa de la opción de la mayoría. Es de temer que
esta minoría, luego de haber experimentado durante 17 meses un Estado sumamente
débil, aspire ahora a lograr sus objetivos.
Los partidos políticos de la izquierda en su conjunto no ganarían más que un 20%
de los votos en los comicios generales (¡realizados sin fraude!), ¡pero no
obstante se presentan en la calle como ‘el pueblo’! Son apenas articuladores de
grupos indoctrinados y hábiles en captar la atención de los medios masivos de
comunicación que les dan cobertura, mostrándose más numerosos y grandes de lo
que en realidad son. Escuché que no eran más de 3.000 personas (1.000 en Villa
Tunari y 2.000 en ‘Brecha 3’) las que lograron la paralización del país con los
bloqueos (2.000 camiones varados), por lo que muchos sienten el caos como la
capitulación del Estado ante una minúscula fracción, y de ahí las protestas
contra el presidente Mesa que no cumple su deber constitucional. (Las
vacilaciones del Presidente no son tema de este artículo).
Se preparan juicios contra el presidente Mesa y procesos penales contra los
sindicalistas.
El Estado debe ser fuerte, por supuesto dentro de los márgenes de las leyes. Los
diálogos con la sociedad civil producen ‘insumos’, pero nunca se puede negociar
las leyes con ellos, y mucho menos la CPE. Los diálogos se han convertido en
estos tiempos en ‘dialoguitos’.
En este momento, el ‘pacto antioligárquico’ está preparando nuevas acciones. Hay
una pausa, un ‘cuarto intermedio’ que obedece, probablemente, a necesidades
logísticas de los bloqueadores (reabastecimiento de víveres, etc.) y a la
opinión pública contraria y furiosa por los bloqueos. Sería muy ingenuo suponer
que los objetivos alcanzados hasta la fecha por el ‘pacto’ signifiquen el
restablecimiento de una paz social duradera. Los objetivos, según las palabras
de los integrantes del ‘pacto’, son la nacionalización de los recursos
naturales, de la banca y de las industrias, la expropiación de tierras a los
terratenientes, etc., pues el objetivo es la constitución de un Estado
socialista. La Asamblea Constituyente será instrumentalizada como una ‘AC
revolucionaria’ con características de la revolución soviética. Ingenuo el
ciudadano que espera que la lucha en las calles ha finalizado, ingenuo el Estado
que no se prepara en esta pausa para diseñar acciones que tiendan a garantizar
el orden constitucional.
¿Hay alguna solución? La primera sería restablecer, sin tolerancia, un orden
constitucional y garantizar los derechos fundamentales constitucionales. Esto
incluye el uso de las fuerzas de orden. Si después del cuarto intermedio
declarado por el ‘pacto antioligárquico’ volviesen los bloqueos, la situación
puede reventar. Es necesario respaldar a los defensores del orden constitucional
contra una minoría extremamente agresiva. La segunda: paralelamente se deben
implementar políticas concretas que tiendan a achicar la brecha entre los ricos
y los indigentes. En concreto: exigir con rigor el pago de impuestos a un
universo cada vez mayor, y promover el desarrollo económico local mediante la
inversión pública en proyectos de desarrollo económico.
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