img_logo.gif (2140 bytes)

img_arribadeber.gif (4941 bytes)

  • STAFF   COMENTARIOS   CONTACTARSE   

Noticias

Portada                 

Santa Cruz            

Seguridad             

Nacional               

Internacional          

Economía             

Deportes               

Sociales               

Escenas               

El Deber como tu Página de Inicio

btn_secciones.gif (615 bytes)

Editorial                

Opinión                 
Lectores               
Club de Lectores
Clima              

btn_suplementos.gif (615 bytes)

 

 

 

 


logo_brujula.gif (1087 bytes)

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 20, Marzo de 2005

../images/blanco.gifLos pantalones de Mesa



Paulovich ®®La noticia de perfil

Preocupado por la opinión de un famoso diputado acerca de los pantalones del Presidente de la República, decidí averiguar por mi cuenta si los lleva o no los lleva, los viste o los deja de vestir, una empresa difícil porque resultará siempre extraño que alguien tenga que preguntar a otros si el señor Mesa usa pantalones o gobierna sin ellos.
Mi primera intención fue buscar a la esposa del señor Mesa, la señora Elvira Salinas y preguntarle: “¿Podría usted decirme si su marido tiene pantalones?”, insólita interrogante que podría ser respondida: “Y a usted qué le importa”, pues yo debería entender que la persona más interesada en los pantalones de su marido es su mujer, por lo cual desistí de formular la famosa pregunta a la señora Salinas.
En mis cavilaciones llegué a la conclusión de ir a buscar al sastre del señor Mesa, pues su testimonio resultaría importante para saber si el Presidente lleva pantalones o usa un pollerín como los escoceses, y me lancé a averiguar quién podría ser el sastre del señor Mesa, comenzando por el maestro Manuel Sillerico, a quien suelen recurrir los diputados, senadores, ministros y presidentes.
Cuando le expuse mi petición al afamado sastre para que me revelara los secretos acerca de los pantalones del señor Mesa, aquél se excusó diplomáticamente y me manifestó que todo aquello constituye un ‘secreto profesional’ que no lo contaría a nadie y menos a un periodista indiscreto como yo.
Le dije vehementemente que el pueblo de Bolivia necesita conocer las dimensiones de los pantalones de su Presidente constitucional, de la misma manera que el Presidente estaba obligado a saber qué clase de pantalones lleva su pueblo, las dimensiones de la cintura popular, y si los bolivianos llevamos bragueteras de botón o cremallera, además de otras particularidades.
El sastre de corte y confección no quiso soltar prenda y se aferró a la observancia de su secreto profesional, precepto que no pude vulnerar.
Fracasado en mi intento de conocer algo sobre los pantalones presidenciales ingresé a mi escritorio donde guardo una colección de fotografías de los últimos presidentes, siendo el más nuevo el de don Carlos Mesa, a quien le suelo prender una velita cuando nos sentimos angustiados por la suerte de la República. Contemplando su vera efigie le dije: “Carlitos, perdóname por haber indagado acerca de tus pantalones de cuya existencia dudan algunos ciudadanos, pero yo sé que los tienes porque hombre cobarde no entra a palacio, como dice un refrán criollo”.
El Presidente comenzó a hablar y me dijo: “Gracias por tu preocupación acerca de mis pantalones presidenciales. Yo te aseguro que los tengo y que los uso en todo momento, aunque no soy de esos bolivianos valentones que gustan gritar su machismo a tiempo de sacar el revólver que llevan en el cinto. Mi valentía es diferente y espero que tus parientes y amigos así lo entiendan”.
Fue entonces que grité: “¡Albricias y pelillos a la mar! Nuestro Presidente tiene pantalones pero no es un ‘machu machu’ ni un valentón de cantina”.

< Anterior ^Arriba


Portada | Internacional | Nacional | Santa Cruz  | Economía | Deportes | Sociales | Escenas
EditorialOpinión | Contactarse | Staff


© Copyright 2004, El Deber. Todos los derechos reservados.