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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 20, Marzo de 2005

../20050320/images/in4.jpgEl reparto de poder en Irak se acerca al modelo libanés


Amistosos. Los presidentes de Francia, Jacques Chirac, y de EEUU, George W. Bush, durante la visita de éste a Europa


EFE. El Cairo

Las nuevas instituciones creadas en Irak en estos dos años de ocupación aún esperan ser definidas con claridad, pero prima un reparto de poder con primacía de los criterios religiosos y étnicos.
Este modelo en que los principios estrictamente democráticos son sacrificados a una adecuada representación de las etnias y los grupos religiosos en Irak comienza a parecerse al modelo libanés, único Estado que sigue ese criterio en Oriente Medio.
El régimen del Partido Baaz con Saddam Hussein establecía el partido único, y -de manera no explícita- se apoyaba en la comunidad sunní (un 20% de la población), marginando a los kurdos (16%) y a los chiíes (60%), ambos grupos sufrían periódicas campañas de represión.
Cuando las tropas de EEUU penetraron en Irak, el Gobierno iraquí apenas resistió dos semanas en el poder, y el 9 de abril, cuando las tropas llegaron a Bagdad, el régimen se desmoronó por completo.
Pero de inmediato se puso de manifiesto que tras la rápida campaña militar EEUU no tenía planificación ni proyecto definitivo para la posterior transición política.
El 16 de abril de 2003, apenas un mes después de empezar la guerra, EEUU encomendó al ex general Jay Garner (64), el gobierno de Irak hasta las nuevas elecciones como director de la Oficina de Reconstrucción y Asistencia Humanitaria, bajo la autoridad del jefe de la operación militar, Tommy Franks.
Garner no duró un mes, y el 12 de mayo llegaba a Bagdad su sustituto, Paul Bremer, que dirigió la Autoridad Provisional de la Coalición, dirigida por el Pentágono.
Bremer tuvo la delicadeza de no llamar ‘ministerios’ a las oficinas que creó con técnicos iraquíes dirigidos por EEUU, pero cometió un enorme error: disolvió el Ejército iraquí y prohibió a partidarios del Baaz entrar en la nueva administración.
La ACP se puso a la tarea de crear una nueva policía iraquí que se convirtió en blanco de los ataques de la creciente insurgencia, lo que obligó a aumentar el presupuesto de seguridad y a olvidarse de reducir el contingente de ocupación.
En junio de 2004, bajo una encarnizada campaña de atentados, Bremer abandonaba Irak tras entregar el poder a un flamante ‘Consejo de Gobierno’ compuesto por iraquíes y creado según criterios étnicos y religiosos, con representación proporcional de los tres grupos.
El Consejo de Gobierno y la Asamblea Nacional de mil miembros, designada después según los mismos criterios, condujeron al país hasta las elecciones del 30 de enero, mientras la violencia se cebaba en las jóvenes instituciones.
Las elecciones se celebraron pese al boicot de los sunníes, y los 275 escaños fueron a manos de los chiíes (que lograron la mayoría absoluta) y los kurdos, pero los vencedores reconocen la necesidad de hallar fórmulas para integrar a los sunníes.
El nuevo Parlamento debe preparar este año el borrador de una Constitución que acoja a cada grupo, pero hay asuntos sensibles. Los chiíes exigen que se reconozca un carácter confesional del Estado, y los kurdos quieren asegurar su autonomía con un derecho de veto. Los sunníes, por su parte, buscan su nuevo lugar en el nuevo Irak.

La UE busca ser parte de la solución

Europa, dividida en marzo de 2003 entre partidarios y detractores de la invasión, supo enterrar sus divergencias internas y su tensión con EEUU, para buscar su participación en el futuro del país. La Vieja Europa, encabezada por Francia y Alemania -que se opusieron a la guerra en Irak y la calificaron de ilegal-, no ha querido quedar de mero espectador de la violencia.
Al mismo tiempo, dos años de violencia y miles de muertos han bastado para que Washington se dé cuenta de que necesita al resto del mundo en su aventura prácticamente solitaria en Irak.
A Irak se une el conflicto palestino-israelí, la tensión nuclear con Irán, y la presencia siria en Líbano, problemas cuya solución también pasa irremediablemente por la mediación europea.
El primer gran punto y aparte en la actitud de Europa lo marcó la reunión internacional de ministros, en noviembre, en Charm El Cheij, en Egipto, en la que el continente se comprometió a apoyar la transición de Irak hacia la democracia y concretamente, las legislativas de enero.
El segundo factor fue la visita del presidente de EEUU, George W. Bush, a Bruselas en febrero, que hizo renacer las relaciones con Europa.
Tras la reelección de Bush en noviembre, Europa desea hacer entender a EEUU que su visión neoconservadora del mundo no le hará ganar, ni en Irak ni en ningún otro lugar, su ‘guerra contra el terrorismo’.

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