Penosa marcha hacia la democracia
Futuro. Militares de EEUU circulan por una avenida bagdadí con anuncios de una multinacional. En la visión de EEUU, la resistencia prolonga la ocupación
Carlos Orías B. y Agencias
Transición. La invasión a Irak tuvo motivos que no han sido
probados durante el periodo de ocupación. Destaca la primera elección libre en
50 años, pero el resultado generó una división sectaria difícil de conciliar
El 20 de marzo de 2003, el mundo vio el cielo nocturno de
Bagdad iluminarse con el inicio de la guerra liderada por EEUU para derrocar uno
de los regímenes más autoritarios de la historia moderna y ‘liberar al pueblo
iraquí’. El Gobierno de George W. Bush afirmó que apuntaba al supuesto arsenal
de armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, pero éste no existe. Prometió
convertir a Irak en una democracia financiada con su propio petróleo, pero eso
no ha sucedido todavía.
Dos años después, la mayoría silenciosa iraquí enfrenta a diario los ataques de
la insurgencia, los puestos de control estadounidenses, los cortes de
electricidad, la escasez de combustible y otras miserias cotidianas. Muchos se
preguntan si valió la pena.
En el tiempo transcurrido desde que EEUU y sus aliados invadieron Irak, hubo
algunos avances, pero los analistas opinan que pasará tiempo antes que el país
sea la concreción del proyecto democrático con el que George W. Bush justificó
la guerra y los estadounidenses puedan irse.
Dos años después de la invasión que sacó a Hussein del poder, la región árabe se
asoma a una lenta democratización pero sigue amenazada por la desestabilización
política y el terrorismo.
La Operación Iraquí supuso el punto de partida de dos movimientos
contradictorios y de amplitud desigual.
Por una parte se extendió el radio de acción del terrorismo a países como Arabia
Saudí o Kuwait, y por otra parte se produjo una pequeña apertura democrática en
Irak, Egipto, Arabia Saudita y las instituciones de Gobierno palestinas.
En medio de la violencia diaria, el hecho más destacado desde que el régimen
cayó tuvo lugar en enero, cuando los iraquíes fueron a votar para elegir una
Asamblea Nacional encargada de crear un Constitución y de convocar a elecciones
para un gobierno permanente a fin de año. Pero el fin de la dictadura multiplicó
los polos de poder en este país de divisiones étnicas y religiosas.
Tras las elecciones, la mayoría chií reprimida por Hussein, se reparte los
espacios de poder con los kurdos que buscan una autonomía territorial.
Los sunníes, que gobernaron con Saddam, son ahora la minoría casi aislada que
alimenta las filas rebeldes.
La falta de preparación de EEUU tras la caída de Hussein, marcada por el
desmantelamiento del Ejército y los servicios de inteligencia del ex dictador,
abrió un boquete para los grupos armados iraquíes, islamistas y árabes.
Desde entonces, Al Qaida ha hecho de Irak su nuevo Afganistán, un centro de su
propia guerra contra los ‘infieles’.
En medio de las sucesivas imágenes de atentados suicidas, las cifras de víctimas
fatales son un dato difícil de precisar. Las estimaciones sobre iraquíes civiles
muertos van desde los 17.000 hasta los 100.000, según diversas fuentes.
Hasta el martes, el recuento del Pentágono sobre soldados estadounidenses
muertos ascendía a 1.511 y a más de 10.000 heridos desde que comenzó la guerra
el 19 de marzo de 2003. Las tropas iraquíes y de la coalición sufren a un
promedio de entre 50 y 60 ataques por día en el violento triángulo sunní, entre
las ciudades de Bagdad, Ramadi y Kirkuk.
En repetidos discursos, el presidente Bush ha planteado como último
justificativo para la guerra la ‘expansión de la democracia’, a imagen y
semejanza de la que se vive en EEUU.
En el país que votó dividido (51% a 48%) para darle un segundo mandato, el apoyo
popular al conflicto decayó, aunque sólo unos pocos piden un retiro inmediato de
las tropas.
En mayo de 2003, un 74% de los consultados pensaba que el uso de la fuerza era
la mejor decisión a tomar mientras que el 93% pensaba que la operación militar
evolucionaba bien. En febrero pasado, aquel porcentaje se redujo a no más del
54%, según un sondeo de Pew Research, entre 1.502 personas.
Esto en un país en el que el 70% de los ciudadanos considera que la pérdida de
vidas es algo inaceptable.
Al mismo tiempo, otros países han ido retirándose poco a poco de la coalición,
que en su momento incluyó a 38 países, y se llevaron a sus tropas a casa.
John Pike, analista de defensa de Globalsecurity.org, un grupo de expertos
independientes que observa el desarrollo de la situación en Irak, cree que
debido a la insurgencia y a la lentitud en la formación de las fuerzas de
seguridad iraquíes, la presencia estadounidense probablemente se mantendrá igual
(150.000 soldados) durante dos o tres años más.
Hasta ahora, los costos de las operaciones en Irak y Afganistán alcanzan los $us
225.000 millones, la mayor parte gastada en los esfuerzos militares y
diplomáticos en Irak, que se suman a la proyectada reconstrucción del país.
A principios de este mes había 2.000 proyectos de reconstrucción en marcha a un
costo de $us 5.000 millones.
En dos años, el rumbo de la ocupación ha sido en parte responsable del alza del
precio del petróleo y ha profundizado el déficit fiscal de EEUU, dos temas que
afectan al ritmo de la economía mundial.
Pero la serie de tropiezos de la ocupación revalorizó a la diplomacia como arma
de la Casa Blanca para la democratización de Oriente Medio. Irak no fue la
historia de éxito inmediato que Washington dijo que sería, pero alejó a la
guerra como recurso democratizador.
Hora de apurar el ritmo del
cambio en Oriente Medio
Desde la invasión estadounidense de Irak, el mundo árabe vive
el comienzo de una lenta democratización, a medio camino entre la
desestabilización política y el terrorismo.
Los atentados se extendieron a Arabia Saudita y Kuwait, pero también se produjo
una ligera apertura democrática en Irak, Egipto, Arabia Saudita y las
instituciones palestinas.
Los regímenes de la región llevaban décadas marcados por un pesado aparato
político dominante que encubría aparatos militares aprovisionados por Estados
Unidos.
Irak dio el primer paso con sus primeras elecciones libres en 50 años, que
ganaron los chiíes.
Egipto, que recibe de EEUU $us 2.000 millones al año, acaba de instaurar el
sufragio universal directo y con múltiples candidaturas para Presidente.
Arabia Saudí, regida por una familia, organizó por primera vez elecciones
municipales, aunque sin voto femenino.
En Líbano, tras el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri, la oposición
acusa al Gobierno pro sirio y a Siria. Su reclamo de una ‘nueva independencia’
provocó, en menos de un mes, el inicio de una retirada gradual de las tropas de
Damasco.
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