Keanu Reeves lucha contra el Diablo
Superestrella. Keanu nació en Beirut, pero tiene nacionalidad canadiense y antepasados hawaianos. A los 40 años, aún le quedan golpes para dar
Clarín © Copyrigth
Cuando era chiquitito, a Keanu Reeves le decían ‘Kiki’. Claro que entonces,
imaginamos, no tenía ese vozarrón gutural, seco e inconfundible, que tiene hoy,
y ni él ni nadie imaginaban que, muchos años después, Kiki se iba a convertir
primero en actor, y luego en algo mucho más raro: en héroe de acción. Como su
colega Nicolas Cage, Keanu Charles Reeves -nacido hace 40 años en Beirut pero de
ciudadanía canadiense- se maneja yendo y viniendo entre películas grandes de
Hollywood y pequeños filmes independientes. En sus comienzos se especializaba en
éstos, con títulos como Mi mundo privado, River's Edge o Mucho ruido y pocas
nueces. Luego aparecieron los roles de duro, en los que trocó su habitual papel
de chico tímido, tontuelo y extraviado por el de hombre de músculos, pocas
palabras y mucha acción. Películas como Punto límite, Máxima velocidad y,
especialmente, la trilogía de Matrix lo convirtieron en la megaestrella que es
hoy.
Éste es uno de los momentos en que esas dos partes de Keanu vuelven a aparecer
juntas. Mientras en el Festival de Berlín se presentaba con el filme
independiente Thumbsucker - en el que tiene un papel de reparto-, por el mundo
empezaba a darse a conocer Constantine, su regreso al género de superhéroes
míticos, en este caso basado en el cómic Hellblazer.
- En Thumbsucker hacés el papel de un dentista y en Constantine sos un héroe de
acción...
- Sí, pero soy un dentista de acción... ¿Viste los métodos que tiene para
trabajar? Es un poco violento. De hecho, un día le lastimé la boca a mi
paciente.
Thumbsucker es un filme acerca de un adolescente muy tímido (Lou Taylor Pucci,
que ganó el premio al mejor actor en Berlín) que no logró abandonar el hábito de
chuparse el dedo pulgar. Reeves encarna a su dentista, un personaje muy
peculiar, que funciona como gurú, consejero y espejo de los cambios por los que
atraviesa el protagonista. "Leí el guión y acepté enseguida -dice-. Me encantó
cómo interactúan los personajes. Después lo conocí al director, Mike Mills, y me
cayó muy bien. Lo primero que le dije fue: “¿Cuándo empezamos a filmar?”
En Constantine, dirigida por Francis Lawrence, Reeves encarna al detective John
Constantine, que ha viajado literalmente al infierno y ha regresado de vuelta a
la Tierra, donde se dedica a resolver misterios de carácter sobrenatural,
acompañado por la mujer policía Ángela, que interpreta Rachel Weisz. El caso en
cuestión: resolver el crimen de la hermana melliza de Ángela. Un caso que los
lleva a un universo subterráneo de ángeles y demonios que combaten en una
versión apocalíptica de Los Ángeles.
"Me puedo relacionar también con un personaje como John Constantine -dice-. Me
encanta el humor que tiene. El hombre se está muriendo, y sale a combatir al
Diablo. También me gusta su furia, me hacía acordar a cómo me sentía en la
escuela".
Reeves admite que, a los 40, "ya me cuesta un poco" tomar roles que requieran
tanta acción y destreza física. Pero aquí el actor tuvo que hacer un gran
esfuerzo físico. ¿Acaso por última vez? "No lo sé", dice, y pocos días después
de la entrevista se anuncia que actuará en una versión de la saga de Sinbad el
marino, con la cual prueba que no se ha despedido de la acción y la aventura.
- La imagen de Constantine resulta muy similar a la de Matrix...
- Yo creo que ambas historias son buenas y los roles son los clásicos viajes de
héroes, pero los personajes no tienen nada en común.
- ¿Cuáles son sus diferencias?
- Constantine es un hombre mucho más externo, mientras que Neo era para adentro.
Neo estaba buscando respuestas, pero Constantine ya las tiene. No sabe por qué
tiene esos poderes, pero los tiene. Es un héroe con fallas, con problemas. Pero
distintos a los de Neo.
El 31 de enero, poco antes de arribar a Berlín, recibió la ya clásica estrella
en el Paseo de la Fama de Hollywood. ¿Lo considera importante? "No sé, pero mi
mamá sí, por eso la llevé para que me acompañe”.
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