No prosperaron, las dos o tres veces que el tema fue puesto
sobre el tapete, los propósitos de reducir el aparato administrativo del Estado
Nacional. Se dieron las iniciativas, y si la memoria no nos falla, fue más de
una vez o quizás más de dos. Pero de allí, de iniciativas, no pasaron en ningún
caso.
Tal vez en la conformación del aparato del Estado Nacional no se nos ha ido la
mano si lo comparamos pelo a pelo con otro. Posiblemente las nuestras son las
mismas instancias que las tantas que funcionan en el mundo actual. Mas, si la
comparación la hacemos a la luz sobre todo de nuestras posibilidades económicas,
-que son tan limitadas en siendo las nuestras-, tal vez lleguemos a la
conclusión de que poseemos un aparato administrativo realmente superdimensionado.
Podemos llegar, incluso, a la conclusión de que no sólo en razón de nuestras
limitaciones económicas nuestro aparato administrativo es mucho más grande que
el que se acomodaría a nuestros más urgentes requerimientos. Tal vez alcance con
observarlo en sus características, en su funcionamiento para convenir en que hay
algo, realmente, que está demás, que es superfluo y que hasta constituye un
lujo, un derroche que no podemos permitirnos.
Cuántas veces se han dado y se siguen dando como parte del aparato que tiene a
su cargo la administración del Estado Nacional reparticiones de diferente
denominación pero que tienen bajo su responsabilidad las mismas funciones. Y
para colmo de males, cuántas veces lo que una de las reparticiones duplicadas
determina, dispone, manda o prohíbe, se contrapone diametralmente con lo que su
similar, pero de diferente nombre acuerda.
Ahora bien, no siempre la duplicación de los organismos que constituyen el
aparato de la administración pública responde a desajustes en la aplicación de
los planes de gobierno. La duplicidad, más bien, aparece como creada a
propósito, como fríamente calculada para absorber frondosas plantas de
burócratas, para dar cabida a conmilitones que los hay en cantidades
impresionantes o a grupos de poder o de tipo familiar o social.
No es lo grave el hecho, de por sí desaconsejable, de agrandar el aparato
administrativo del Estado Nacional. Lo realmente peligroso está en que el
agrandamiento trae aparejado el crecimiento irracional de las organizaciones
sindicales con sus inamistosos alardes revolucionarios y su escaso o ningún
sentido del deber y de las responsabilidades.
Es justamente por este lado que empieza a generarse el desgaste, el deterioro
total de las dependencias públicas y consiguientemente de todo el aparato
administrativo del Estado Nacional. Trasminadas por ese sindicalismo que no
atiende razones, que se manifiesta de manera permanentemente a través de la
confrontación, los organismos públicos, los entes fiscales dejan de tener un rol
de servicio y se convierten en la expresión rotunda del descontento que, en la
mayoría de los casos, carece de justificativo.
El agrandamiento de las estructuras administrativas del Estado Nacional crea, a
la vez, una interminable escala de jerarquías que toman títulos de directores,
vice directores, secretarios, subsecretarios y otras yerbas al por mayor. Demás
está decir que en el pago de estas jerarquías de extrema artificialidad se
insumen recursos económicos que buena falta le hacen al erario.
Este tema que es real debería tratarse con máxima seriedad.
Granja de espejos: su loable rehabilitación
Dominicus
La Granja de Espejos, institución para jóvenes con problemas y
que se la acaba de rehabilitar, estaba casi en ruinas el año 2002. Como tantas
cosas que se hacen y se deshacen, dio la sensación de que este emprendimiento
sería uno más de la larga lista de frustraciones. Felizmente, no fue así. Hubo
un distinguido grupo de damas (Acción por Santa Cruz) que, bajo la coordinación
de la patricia cruceña Giselle Bruun Sciaroni, no claudicaron ni se dieron por
vencidas: optaron por la reconstrucción de todo el establecimiento, obra
titánica que demandó tiempo, esfuerzo y dinero. Nada arredró a estas decididas
mujeres y siguieron adelante.
La tarea de rehabilitación de la granja no fue fácil. Como lo dice gráficamente
parte del título de la obra alusiva escrita por Giselle, fue la historia de una
aventura y una desventura. Con el trabajo notable de Acción por Santa Cruz se
llevó adelante el proceso y ahora esta granja, rebautizada como 'Centro
Educativo Nueva Vida Santa Cruz', está a punto de reiniciar sus nobles
actividades, las que permitirán la reinserción en la sociedad de aquella
juventud descarriada que merece una segunda oportunidad. Loable y admirable todo
lo hecho.
Llamó la atención el escaso espacio dedicado a este magnífico acontecimiento por
parte de los medios de comunicación. Como ya lo dije en una oportunidad, parece
que nada conmueve a la prensa escrita y menos a los canales de televisión, si es
que no hay violencia o no se encuentra de por medio algún politiquero de turno.
¡Es increíble, en verdad! En este mismo tan querido Diario Mayor he visto que
todo lo que -hasta la fecha- se le ha dedicado a esta magna obra es un espacio
en la sección Sociales... Nada de informe, nada de datos, nada de ilustración al
público. Pero ¡ah! existe espacio de sobra para demagogos dañinos. Una pena,
pero esto acontece en todos los medios. Es más, he llegado al triste
convencimiento de que para convocarlos hay que hacerles oler sangre, como si
fueran fieras. Si se anuncia que hay, hubo o habrá violencia, ahí irán
masivamente los medios. Si se anuncia algo positivo y bueno, no es 'noticia'.
Ningún medio asistirá al acontecimiento o lo citará superficialmente. En este
mundo transitamos...
Dominicus expresa su genuina admiración hacia Giselle y las nobles damas de
Acción por Santa Cruz. Todavía quedamos unos pocos que percibimos lo
transcendente de su obra. Vuestra labor y la de aquellas instituciones que
silenciosamente cooperaron -material y humanamente- para que la rehabilitación
de la Granja de Espejos sea hoy una realidad, no será olvidada.