img_logo.gif (2140 bytes)

img_arribadeber.gif (4941 bytes)

  • STAFF   COMENTARIOS   CONTACTARSE   

Noticias

Portada                 

Santa Cruz            

Seguridad             

Nacional               

Internacional          

Economía             

Deportes               

Sociales               

Escenas               

El Deber como tu Página de Inicio

btn_secciones.gif (615 bytes)

Editorial                

Opinión                 
Lectores               
Club de Lectores
Clima              

btn_suplementos.gif (615 bytes)

 

 

 

 


EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 20, Marzo de 2005  

>>    El aparato administrativo

No prosperaron, las dos o tres veces que el tema fue puesto sobre el tapete, los propósitos de reducir el aparato administrativo del Estado Nacional. Se dieron las iniciativas, y si la memoria no nos falla, fue más de una vez o quizás más de dos. Pero de allí, de iniciativas, no pasaron en ningún caso.
Tal vez en la conformación del aparato del Estado Nacional no se nos ha ido la mano si lo comparamos pelo a pelo con otro. Posiblemente las nuestras son las mismas instancias que las tantas que funcionan en el mundo actual. Mas, si la comparación la hacemos a la luz sobre todo de nuestras posibilidades económicas, -que son tan limitadas en siendo las nuestras-, tal vez lleguemos a la conclusión de que poseemos un aparato administrativo realmente superdimensionado.
Podemos llegar, incluso, a la conclusión de que no sólo en razón de nuestras limitaciones económicas nuestro aparato administrativo es mucho más grande que el que se acomodaría a nuestros más urgentes requerimientos. Tal vez alcance con observarlo en sus características, en su funcionamiento para convenir en que hay algo, realmente, que está demás, que es superfluo y que hasta constituye un lujo, un derroche que no podemos permitirnos.
Cuántas veces se han dado y se siguen dando como parte del aparato que tiene a su cargo la administración del Estado Nacional reparticiones de diferente denominación pero que tienen bajo su responsabilidad las mismas funciones. Y para colmo de males, cuántas veces lo que una de las reparticiones duplicadas determina, dispone, manda o prohíbe, se contrapone diametralmente con lo que su similar, pero de diferente nombre acuerda.
Ahora bien, no siempre la duplicación de los organismos que constituyen el aparato de la administración pública responde a desajustes en la aplicación de los planes de gobierno. La duplicidad, más bien, aparece como creada a propósito, como fríamente calculada para absorber frondosas plantas de burócratas, para dar cabida a conmilitones que los hay en cantidades impresionantes o a grupos de poder o de tipo familiar o social.
No es lo grave el hecho, de por sí desaconsejable, de agrandar el aparato administrativo del Estado Nacional. Lo realmente peligroso está en que el agrandamiento trae aparejado el crecimiento irracional de las organizaciones sindicales con sus inamistosos alardes revolucionarios y su escaso o ningún sentido del deber y de las responsabilidades.
Es justamente por este lado que empieza a generarse el desgaste, el deterioro total de las dependencias públicas y consiguientemente de todo el aparato administrativo del Estado Nacional. Trasminadas por ese sindicalismo que no atiende razones, que se manifiesta de manera permanentemente a través de la confrontación, los organismos públicos, los entes fiscales dejan de tener un rol de servicio y se convierten en la expresión rotunda del descontento que, en la mayoría de los casos, carece de justificativo.
El agrandamiento de las estructuras administrativas del Estado Nacional crea, a la vez, una interminable escala de jerarquías que toman títulos de directores, vice directores, secretarios, subsecretarios y otras yerbas al por mayor. Demás está decir que en el pago de estas jerarquías de extrema artificialidad se insumen recursos económicos que buena falta le hacen al erario.
Este tema que es real debería tratarse con máxima seriedad.


Granja de espejos: su loable rehabilitación

Dominicus

La Granja de Espejos, institución para jóvenes con problemas y que se la acaba de rehabilitar, estaba casi en ruinas el año 2002. Como tantas cosas que se hacen y se deshacen, dio la sensación de que este emprendimiento sería uno más de la larga lista de frustraciones. Felizmente, no fue así. Hubo un distinguido grupo de damas (Acción por Santa Cruz) que, bajo la coordinación de la patricia cruceña Giselle Bruun Sciaroni, no claudicaron ni se dieron por vencidas: optaron por la reconstrucción de todo el establecimiento, obra titánica que demandó tiempo, esfuerzo y dinero. Nada arredró a estas decididas mujeres y siguieron adelante.
La tarea de rehabilitación de la granja no fue fácil. Como lo dice gráficamente parte del título de la obra alusiva escrita por Giselle, fue la historia de una aventura y una desventura. Con el trabajo notable de Acción por Santa Cruz se llevó adelante el proceso y ahora esta granja, rebautizada como 'Centro Educativo Nueva Vida Santa Cruz', está a punto de reiniciar sus nobles actividades, las que permitirán la reinserción en la sociedad de aquella juventud descarriada que merece una segunda oportunidad. Loable y admirable todo lo hecho.
Llamó la atención el escaso espacio dedicado a este magnífico acontecimiento por parte de los medios de comunicación. Como ya lo dije en una oportunidad, parece que nada conmueve a la prensa escrita y menos a los canales de televisión, si es que no hay violencia o no se encuentra de por medio algún politiquero de turno. ¡Es increíble, en verdad! En este mismo tan querido Diario Mayor he visto que todo lo que -hasta la fecha- se le ha dedicado a esta magna obra es un espacio en la sección Sociales... Nada de informe, nada de datos, nada de ilustración al público. Pero ¡ah! existe espacio de sobra para demagogos dañinos. Una pena, pero esto acontece en todos los medios. Es más, he llegado al triste convencimiento de que para convocarlos hay que hacerles oler sangre, como si fueran fieras. Si se anuncia que hay, hubo o habrá violencia, ahí irán masivamente los medios. Si se anuncia algo positivo y bueno, no es 'noticia'. Ningún medio asistirá al acontecimiento o lo citará superficialmente. En este mundo transitamos...
Dominicus expresa su genuina admiración hacia Giselle y las nobles damas de Acción por Santa Cruz. Todavía quedamos unos pocos que percibimos lo transcendente de su obra. Vuestra labor y la de aquellas instituciones que silenciosamente cooperaron -material y humanamente- para que la rehabilitación de la Granja de Espejos sea hoy una realidad, no será olvidada.

 

Contáctese con nosotros: editorial@eldeber.com.bo

< Anterior ^Arriba


Portada | Internacional | Nacional | Santa Cruz  | Economía | Deportes | Sociales | Escenas
EditorialOpinión | Contactarse | Staff


© Copyright 2004, El Deber. Todos los derechos reservados.