Nelson Daniel Marcionni / Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, U. Nal. de Córdoba «Hay una excesiva falta de confianza de Bolivia en sí misma»
Dictó esta semana el seminario taller Convergencia CAN-Mercosur en la Utepsa. El rol de Bolivia en la integración, la inestabilidad interna y las posibles salidas. Costos y beneficios del nuevo modelo
Carlos Orías B.
Nelson Marcionni puso el dedo en la llaga. En la situación actual del país,
no solamente a las dirigencias les cuesta mirar al futuro. La perspectiva de la
integración se explica, entre otras cosas, por la necesidad de formar un bloque
negociador hacia afuera en el corto plazo.
La meta de trazar una frontera comercial, política y social única que rodee a
Sudamérica pasa, en el caso de Bolivia, por encontrar su lugar como centro de la
integración. El profesor de Derecho Internacional Público está en Santa Cruz en
el marco de un convenio entre la Utepsa y la facultad de Ciencias Políticas y
Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba (Argentina).
Mañana a las 19:00 dará una conferencia en EL DEBER sobre el proceso de
convergencia CAN-Mercosur. Aquí, habló sobre la dificultad del momento actual en
el país y el contexto regional favorable a un nuevo modelo de integración.
- ¿Cuál es el lugar que le corresponde a Bolivia en el proyecto de integración
sudamericana, de convergencia entre la CAN y el Mercosur?
- Bolivia no tiene que tener sólo una perspectiva de esperar. Creo que tiene un
rol decisivo en cuanto a decidir la complementación del esquema de integración.
También tiene muchísimo para aportar. Esto desde la visión de una integración de
caracter productivo y asociativo. Es decir, a efectos de optimizar la producción
con valor agregado. Si prospera la convergencia habrá beneficios para el
conjunto de los miembros, y naturalmente, Bolivia tendrá que participar de esos
beneficios.
Me cuesta trabajo concebir el proceso de integración girando en torno a la idea
de una convergencia basada sólo en el intercambio comercial.
Existen otros factores que cabe tener presentes como oportunidades en el
contexto de los beneficios para cada uno de los socios. Además, se potencia la
calidad de su inserción internacional. A partir de 2006 ó 2007, si los países de
la región se mantienen sin una integración efectiva, su situación será la de
negociar en forma solitaria con la Unión Europea en una lógica de 26 a 1.
Es decir, los 25 miembros de la UE, más el bloque como sujeto de derecho, con
cada país de Latinoamérica. Bolivia puede esperar lo que cada uno de los otros
socios: dinamización del mercado interregional en un contexto de crisis e
intercambio intrarregional de volúmenes crecientes.
- Ud. habló de valor agregado en la producción, ¿cómo se logra esto rápidamente
en un país mal vertebrado?
- En estos días he leído sobre el interés de India en invertir en la producción
ferrosa en la zona de Puerto Suárez. Sería una inversión muy fuerte. Y traigo
esto a colación porque Bolivia tiene mucho para ofrecer en cuanto a recursos que
pudieran concitar, en una lógica de complementación industrial, que se propone
con la integración productiva, a estados que tienen una industrialización de
subproductos del hierro. Esto por poner solamente un ejemplo. Lo mismo en el
sensible caso de la futura adopción de la Ley de Hidrocarburos. Me permito
pensar, que en el ámbito de la explotación, ante cualquier tipo de conflicto de
carácter legal, una eventual sustitución de la tecnología que aportan
determinadas empresas transnacionales, podría darse bajo una apertura hacia el
desarrollo autónomo -que es uno de los pre requisitos del proceso de
convergencia- en la lógica de una complementación con países de este bloque que
tienen tecnologías propias. Esto para poder dotarse de canales de exploración y
explotación que sustituyan los que actualmente se encuentran operando. Esto en
caso, decimos, de la hipótesis de un conflicto legal.Siempre hay ante la opinión
pública la argumentación de este temor.
Pero por otra parte, considero que hay una excesiva falta de confianza de
Bolivia en sí misma, en la capacidad de desarrollar personal técnico y
tecnología capaz explotar sus propios recursos.
En otras palabras, en un escenario en el que, como consecuencia de la adopción
de la Ley de Hidrocarburos, se produjera algún tipo de imposibilidad de
explotación, creo que dado el contexto internacional del petróleo, no faltarían
socios para Bolivia, aún bajo nuevas condiciones.
Obviamente desde la prudencia del gobernante en el corto plazo, puede
representar una amenza. Pero en una lógica de mediano y largo plazo eso se puede
transformar en una oportunidad.
- ¿Es el descubrimiento de las segundas reservas de hidrocarburos aquí la fuente
de la inestabilidad política actual?
- En el seminario que dictamos esta semana hemos mostrado que el proceso de
convergencia no está en una etapa de utopía. Analizamos la situación con la
lectura de una importante cantidad de proyectos, entre ellos los referidos a la
Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (Iirsa).
Bolivia participa en cinco de los ejes de este plan y tres de ellos tienen
epicentro geográfico en Santa Cruz, no en el departamento, sino en la ciudad
capital.
Por Bolivia pasan el eje Transoceánico, la conexión de Perú con el norte de
Chile, la hidrovía Paraná - Paraguay, y otro que pasa por el norte del país y la
Amazonia. La lectura de una situación de inestabilidad constituye un serio
riesgo para la concreción de los proyectos que se encuentran en marcha.
Sería una hipótesis probable que las resistencias en cuanto a la cristalización
definitiva de estos proyectos de desarrollo que tienen la marca de ser
autónomos, se justifican en la reacción de los intereses que pueden verse
afectados.
No son palabras mías, pero según algunos analistas, el desarrollo presupone una
situación de subdesarrollo en la cual pueden prosperar algunos negocios.
No partimos en ningún momento de una hipótesis de conflicto para llevar adelante
el proceso de convergencia CAN-Mercosur, pero tenemos presentes los enormes
beneficios que reportaría para los países de la región.
Los esquemas tradicionales de los circuitos económicos, financieros, y hasta de
carácter político, asociados a las élites locales en el contexto de cada país de
la región verían obviamente un cambio.
La estrategia de los proyectos de infraestructura persigue dotar de una red que
pueda generar un entramado de interconexión en todos los sentidos, especialmente
en el de transporte necesario para los flujos comerciales, que garantice el
abaratamiento de costos y la posibilidad de integración productiva.
Esto para forjar una producción competitiva hacia adentro y afuera del sistema.
- ¿Esto en manos de quién?
- Hay una idea, que aparece en los instrumentos constitutivos firmados por los
presidentes de los países que participan del modelo de convergencia, que tiene
que ver con un nuevo modelo de integración. No es nuevo porque propicie una
esperanza que ya se anunció antes.
No tengo responsabilidades de caracter político, mi labor es académica.
Pero reconozco, porque me ha tocado estudiarlo, que en esta oportunidad hay
condicionantes políticos favorables, como lo es la predisposición de los
gobernantes de emprender una transformación.
No una integración en el modelo clásico de la OMC, tratando de crear una lógica
de libre cambio, sino un proyecto de integración con inclusión social.
Ésa es una definición, que aunque se debiera adscribir a un grado más o menos
dirigista de la economía, siempre quedaría implícito, que no se persigue
meramente un incremento de los volúmenes de intercambio, sino que se busca un
variación en el proceso de redistribución de los beneficios del intercambio.
Si se acepta que la meta clara es la de la inclusión social, nos damos cuenta,
tal como dice el texto fundacional de la Comunidad Andina de Naciones, que la
preocupación es usar la dinamización de los factores económicos para promover el
desarrollo social.
-¿En que tabla de tiempo funciona esto, cuánto se puede prolongar más allá de
los actuales gobiernos en la región?
- Eso es relevante en el contexto de anteriores experiencias latinoamericanas,
en las que la inestabilidad política ha llevado a revisiones de convenios que
terminaron por desalentar los procesos.
El proceso tendrá éxito en la medida en que se institucionalice al interior del
sistema.
Perfil
Vida de académico
Abogado de profesión, es doctor en
Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad Nacional de Córdoba, además posee
un diplomado en Derecho Internacional de la Academia de Derecho Internacional de
La Haya. Es profesor titular de Derecho Internacional Público, en la Facultad de
Ciencias Políticas y RRII de la U. Católica de Córdoba, y profesor adjunto de la
misma materia en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U. Nal. de
Córdoba. Ha integrado y dirigido proyectos de investigación sobre derecho
internacional humanitario y derecho de las organizaciones internacionales, entre
otros. Es autor de El intercambio universitario en América Latina (1865-2001),
de la Editorial U. Católica de Córdoba.
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