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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 18, Marzo de 2005

../images/blanco.gifSobre Sartre



Pedro Shimose

Sartre no es santo de mi devoción. Nunca lo fue. A él tampoco le importaba que lo admiraran. Mi generación prefirió leer a Camus. Si hoy escribo sobre Jean-Paul Sartre no es para celebrar el centenario de su nacimiento (París, 21.06.1905). Lo hago para comentar un desconcertante artículo sin firma aparecido en el diario “La Razón” (La Paz, 12/03/05) con el titulo, más desconcertante aún, de “Hace 100 años nació el filósofo del siglo XX”. ¡Albricias!
No es lo mismo decir ‘un’ filósofo del siglo XX que ‘el’ filósofo del siglo XX. El filósofo del siglo XX sería en todo caso, Martín Heidegger, maestro de Sartre. Aún así, sería discutible tal jerarquía, porque están Ludwig Wittgenstein, Nicolai Hartmann, Alfred North Whitehead, Edmund Husserl, Benedetto Croce, Henri Bergson...
Otro error lamentable del citado artículo es atribuir a Sartre la paternidad del existencialismo. Éste nace con la obra del filósofo danés Soren Kierkegaard y en las novelas capitales del escritor ruso Fiodor Dostoyevski. Mucho antes de que Sartre publicara, en 1938, su novelita La náusea y El Ser y la Nada (1943), ensayo de ontología fenomenológica, el español Miguel de Unamuno había ya publicado Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos (1913), profundo ensayo de pura cepa existencialista.
Dieciséis años antes, en 1927, se publicaron, al unísono, Ser y Tiempo, del alemán Heidegger y Diario metafísico, del francés Gabriel Marcel. Once años antes, el libro Filosofía, de Karl Jaspers. ¿Cómo puede decirse, entonces, que Sartre es ‘el padre del existencialismo’?
También se afirma que “el alcohol y las mujeres fueron las dos musas del también dramaturgo”. Sartre no se merece esta frivolidad. Por si fuera poca la ligereza del comentarista, el artículo va acompañado de una fotografía de Sartre con un texto que empieza: ‘el anarquista...’. ¿En qué quedamos? ¿Existencialista o anarquista?
Cierto es que Sartre llegó a decir que la palabra ‘existencialista’ era estúpida. En 1975, dice: “Hoy yo no la aceptaría. Pero ya nadie me llama existencialista, salvo en los manuales, donde eso no quiere decir nada”. Después parece resignarse y le confiesa a su entrevistador que “si fuera absolutamente necesaria una etiqueta, me gustarla más la de existencialista”.
A los veinticinco años de su muerte (París, 15/04/1980) Sartre es un filósofo devaluado. Al final de su vida dijo que sólo le interesaban la filosofía, la política y la música. Le gustaba el jazz y la música sinfónica. Era un buen pianista, tenía voz de barítono y compuso una sonata.
¿Qué queda de Sartre? Su obra literaria. Sus ensayos Lo imaginario (1940), El existencialismo es un humanismo (1946), Reflexiones sobre la cuestión judía (1946), ¿Qué es la literatura? (1948), su teatro, sus artículos y prefacios reunidos en diez volúmenes bajo el titulo de Sitúations (1947-1975), su libro de memorias Las palabras (1964) y sus estudios sobre Baudelaire, Mallarmé, Flaubert y Jean Genet.
Sartre era lo que los franceses llaman ‘un homme de lettres’, es decir, un literato. Un hombre enamorado de la literatura. Escribía con frenesí, metódica y compulsivamente. Buscaba la notoriedad, el escándalo, la confrontación. En su juventud había sido boxeador aficionado. Espíritu contradictorio, polémico, alcanzó la cima de la celebridad al rechazar el Premio Nobel en 1964.
Sus contemporáneos lo equipararon a Voltaire, el Voltaire del siglo XX. Durante la guerra de Argelia, Sartre se pronunció contra el colonialismo francés. Quisieron apresarlo, pero el general De Gaulle paró su detención con una frase: ‘A Voltaire no se lo toca’.
En Bolivia lo habrían detenido, insultado, humillado, abofeteado, pateado, perseguido y exiliado. Esa es una de las diferencias entre Francia y Bolivia. Hay otras, claro. // Madrid, 18/03/2005.

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