El nuevo milenio trajo unos Enanos sucios y desprolijos
Líder. Cantero es el rostro de la banda y la voz. El miércoles arengó al público, se divirtió tocando bajo y comunicándose con Staiti
Pablo Ortiz
Los Enanitos Verdes se presentaron el miércoles en Sonilum . El grupo
argentino mostró su nueva cara, mucho más roquera de lo que se esperaba. El
público hizo suyo el concierto y vibró de principio a fin. El show tuvo un
sonido saturado, cargado a propósito por estos mendocinos con 26 años sobre las
tablas
Susto, la primera expresión de los efectivos de Sonilum fue de susto. El
reloj marcaba las 22:03 y la guitarra distorsionada de Felipe Staiti y el bajo
pulsado con fuerza por Marciano Cantero formaban un ruido saturado, casi
indescifrable que hizo abrir los ojos hasta el infinito a la empresa de sonido e
iluminación. Y con razón. Sólo unas semanas antes Alan Parsons había mostrado un
espectáculo nítido con el mismo equipo, y ahora estos Enanitos Verdes plantaban
ante 5.500 personas una versión sucia, desprolija y casi punk de producción
sonora. Era a propósito. Los argentinos se han convencido de que son un trío y
deben sonar como tal, más allá de que sobre el escenario haya cinco personas.
Así lo demostraron en el concierto del miércoles. Amplificadores a fondo y el
galpón saturado de rock, pero no de ese rock-pop ochentero, sino de rock duro,
algo rabioso, como el que se tocaba en 1979, cuando el grupo nació.
Y son esas rarezas, cosas inesperadas lo que redimen a un grupo del que la
mayoría opina que ya vive de las rentas. Cantero y su banda hacen covers de sí
mismo, reinventa las canciones que los llevaron a la cima y las entregas como
sorpresa a la gente que fue a escuchar temas de cancionero adolescente. Esa
actitud ya dignifica a una banda que sabe moverse bien en el mercado, con
canciones ‘inéditas’, como la llamaba Cantero (¿innecesarias?), de compositores
tan diversos como Marco Antonio Solís (Tu cárcel) o Andrés Calamaro (Mil horas).
Y es que justamente esos dos temas, muy celebrados por el público, populares,
fueron los momentos más bajos del concierto. Francamente, Mil horas tiene
versión hasta de cumbia villera como para que necesite otra, salvo que fuera
brillante y no es el caso. Tu cárcel tiene demasiado poco de Enanitos y tanto de
Solís que no pasa de ser una anécdota, un divertimento que les salió exitoso.
Versiones de temas como Instinto suicida, Por el resto de tus días, Mi primer
día sin verte o Muralla verde son las quedan en el oído. Son éxitos que nacieron
hace 20 y 12 años pero suenan como nuevos con esa reinvención hard rock a la que
los sometieron. Allí son más honestos, no le temen a sus influencias y Staiti
puede enganchar el solo de Muralla verde con Oye como va (Santana) o con un
guapango mexicano, mientras Cantero deriva en la base de Yendo de la cama al
living, de Charly García.
En ese momento los argentinos se divierten, se juntan en el escenario, se
cruzan, ríen, dialogan, pero también aseguran el espectáculo, devuelven la
entrada. Para ello está Tu Cárcel y versiones acústicas de temas como Amigos, El
extraño de pelo largo o Lamento boliviano. Cuando suenan, surge el karaoke, el
coro general y la fiesta popular, que se remata con los funkys conocidos como
Guitarra blanca y Mejor no hablemos de amor.
Y todo en 80 minutos. Hubo gente que quedó con sabor a poco, que quería que el
concierto dure más, pero es difícil mantener esa intensidad por más tiempo sin
quemarse.
Admitámoslo, los Enanitos Verdes ya no son unos niños, pero su experiencia aún
los mantiene vigentes y con un gran poder de convocatoria. Con los años han
ganado en honestidad, y ahora hacen lo que quieren sobre el escenario. El
público aún se los agradece.
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