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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 17, Marzo de 2005

../images/blanco.gifDel volcán boliviano (I)



Francisco Xavier Iturralde

El artículo ‘Del volcán boliviano’, publicado por el periódico español La Vanguardia, me da motivo para hacer algunas consideraciones.
Que Bolivia es la síntesis del mundo, es mucho decir. Indudablemente cada región es diferente, pero no tan incomparables en el mismo espacio como lo son España, Francia, Alemania y Polonia. Lo que sucede en Europa es que existe una manera de ser europea, pero los ciudadanos de cada país resaltan sus diferencias en la vida familiar. Por ejemplo, de ninguna manera un español tiene la misma vida familiar que un polaco. En Bolivia, las diferencias están por todo lado: aimaras, quechuas, guaraníes, menonitas, rusos ortodoxos, coreanos, bolivianos de origen español, japoneses, alemanes, judíos, árabes cristianos, peruanos, argentinos, italianos y ex yugoslavos, sin contar los pueblos de Bolivia que hablan portugués y otros que se parecen a los peruanos. No faltan los descendientes de los fundadores de Asunción que, con su importante origen sefardí, mantienen sus tradiciones en Santa Cruz, diferentes a las de los blancos de La Paz o de Sucre. Incluso entre estos últimos existen marcadas diferencias en su manera de ser. Ni qué hablar de la influencia chilena en los profesionales del sector público y de los formados en Estados Unidos y México. En todo este panorama se encuentra la gente de El Alto. Duros de verdad porque no es humano vivir donde ellos viven. Todo es frío aunque el sol brilla fuerte. Suciedad por doquier. Son los habitantes más fuertes del planeta, debido a que entre ellos se engañan y se venden toda la podredumbre que se pueda imaginar, desde pollos lavados con lavandina hasta hamburguesas preparadas con cartón y carne de perro.
De ahí nacen prósperos comerciantes que, de operadores de contrabando en todo el altiplano, pasan a manejar sectores del mismo y poco a poco ingresan a la zona sur de La Paz, con sus negocios cobijados en el régimen simplificado. Algunos que se buscaron la vida en El Alto ya están triunfando en la Av. Ballivián de La Paz: es la nueva ‘clase media boliviana’. Sin embargo, no me trago la historia de que Sánchez de Lozada se tuvo que ir por la reacción de El Alto. Las contradicciones entre Sánchez Berzaín y Carlos Mesa, así como las políticas típicas de un movimientista como Sánchez de Lozada y su Parlamento, que aprobaron la Ley de Hidrocarburos en 1996, fueron las causas para que el ejército actúe de manera vacilante. El 13 de octubre de 2003 vi cómo los pacíficos residentes de Munaypata atacaron el convoy de cisternas con gasolina a dinamitazos (“nos han atacado mientras estábamos bloqueando pacíficamente”). Los militares encargados de proteger el convoy respondieron, de ahí surgió parte de la lista de cadáveres. Y claro, el genial Carlos Mesa ocupó el puesto. Sánchez de Lozada siempre supo que lo suplantaría. Para comenzar, no era independiente; siempre fue admirador de Paz Estenssoro, ex abogado de la Patiño Mines, de esa escuela de conversos de último momento. PAT quebrada fue inmediatamente recompensada en las elecciones de 2002 ‘ganadas’ por el MNR. El manco de Lepanto, como intelectual, no lo hubiera hecho mejor en La Paz.

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