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Propiciadores. Waldo Albarracín (der.) y Sacha Llorenti (centro) al inicio de la cumbre que se realizó en Cochabamba |
Cumbre social convertida en una asamblea sindical
Crisis. Ante la ausencia del Gobierno, los sectores
reunidos en Cochabamba no quieren sólo el 50% de regalías, sino la
nacionalización de los hidrocarburos. Transmitirán determinaciones al Poder
Ejecutivo
Los Tiempos. Cochabamba
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Un
empresario abofeteó a Evo MoralesFracasada la Cumbre Social convocada ayer en Cochabamba por el
Defensor del Pueblo y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, a raíz de la
decisión del Gobierno de no participar del encuentro; las organizaciones
asistentes convirtieron el espacio en una asamblea en la que expusieron y
justificaron el por qué del 50% de regalías petroleras y ratificaron las medidas
de presión que llevan adelante para presionar la aprobación de la nueva Ley de
Hidrocarburos en esos términos.
Molestos por el desaire del presidente Mesa, unánimemente rechazaron la
posibilidad de una tregua en los bloqueos y otras medidas anunciadas a partir de
hoy para propiciar un nuevo diálogo.
Contrariamente, algunos dirigentes, los más radicales, determinaron no sólo
exigir el 50% de regalías, ‘una cesión que hicieron y que Mesa la desaprovechó’,
sino la recuperación total de la propiedad de los hidrocarburos a través de la
nacionalización.
Encomendaron a los dos representantes propiciadores de la Cumbre, Waldo
Albarracín y Sacha Llorenti, a transmitir esas determinaciones a los poderes
Ejecutivo y Legislativo. Albarracín, al final de la reunión, dijo que cumplirán
con ese pedido, a tiempo que insistirán al Gobierno la necesidad de un diálogo
para superar la situación que vive el país.
El encuentro no cumplió su objetivo: sentar en la mesa a los sectores
enfrentados, principalmente al Gobierno y los movimientos sociales, firmantes
del ‘Pacto Antioligárquico’, para lograr un acuerdo que permita levantar los
bloqueos de las carreteras y evitar nuevas medidas de presión.
Al margen del Gobierno, que horas antes de la cumbre comunicó su decisión de no
asistir porque ‘sectores muy importantes de la sociedad’ tampoco participarían,
y porque el encuentro propuesto no garantizaba un ambiente de ‘diálogo, respeto
y tolerancia’, representantes de otras instancias no concurrieron a la cita.
Fue el caso del Comité Cívico de Santa Cruz, cuyo titular, Germán Antelo,
anunció que no participaría del evento porque no fue invitado con las
formalidades que amerita. Los empresarios cruceños también fueron los grandes
ausentes, pues argumentaron que los organizadores no eran imparciales. Así lo
indicó Gabriel Dabdoub, presidente de la Cainco.
De los 10 alcaldes que habían confirmado su presencia únicamente estuvieron dos:
Gonzalo Terceros de Cochabamba, y Juan del Granado de La Paz, este último
explicó las disculpas de los alcaldes de Potosí y Cobija que no pudieron llegar.
De los presidentes de los comités cívicos estuvieron sólo los de Cochabamba y
Potosí.
Frente a esta reducida asistencia, las organizaciones sindicales eran una
mayoría contundente, estaban dirigentes del MAS, la Csutcb, del MST, el Consejo
Nacional de Ayllus y Marcas del Qollasuyu, de la COB, de las Juntas Vecinales de
El Alto, la Coordinadora de Defensa del Gas, de la Federación de Regantes del
Valle Alto, de las federaciones de productores de coca de Chapare y otros.
Para los mediadores resultó
insuficiente
El primer intento por reunir en un diálogo a los sectores en
conflicto y el Gobierno por parte del Defensor del Pueblo y la Asamblea de
Derechos Humanos de Bolivia, fue insuficiente.
A esta conclusión llegaron de forma coincidente Sacha Llorenti y Waldo
Albarracín, al término de la Cumbre Social que se desarrolló en Cochabamba,
momento en que lamentaron la ausencia del Gobierno así como de otras
instituciones.
“Este encuentro es insuficiente porque faltan otros actores del país, el
Congreso y el Poder Ejecutivo, fundamentalmente, para poder alcanzar un acuerdo
nacional”, dijo Llorenti, al indicar que “la ausencia de estos dos poderes del
Estado sólo permitió la radicalización de posiciones alejando la posibilidad del
diálogo”.
“No necesitamos levantar trincheras, necesitamos ser puentes entre los
bolivianos”, insistió cuando ratificó que continuarán con la postura de “evitar
violencia en el país”.
Aún optimista, Llorrenti manifestó que el encuentro fue el “inicio de un proceso
de búsqueda de consenso” y que continuarán en este proceso.
“Nosotros no creemos que hemos perdido el tiempo y vamos a continuar haciendo
esfuerzos para lograr que, en algún momento, exista un acuerdo entre las partes
encontradas”, señaló al enfatizar que “hay el riesgo de violencia y que por
tanto, los bolivianos no podemos quedarnos tranquilos”.
Cristovam Buarque / Senador brasileño
Crisis es una advertencia para
la región
La crisis boliviana es
una advertencia sobre los riesgos que enfrentan las democracias
latinoamericanas, incluida la de Brasil, si no resuelve la cuestión de la
exclusión social.
En estas décadas de democracia, la élite social boliviana quiso mantener la
dirección del país sin incorporar a la población excluida y ese comportamiento
no es diferente de los demás países del continente.
En ninguno (de esos países) la democracia acarreó una mejora de la calidad de
vida del pueblo o una reducción de los privilegios acompañada de un aumento de
los derechos.
Todos esos países viven entonces una situación de inestabilidad camuflada que
puede hacerse explícita, como ocurrió en Bolivia este mes, cuando el presidente
Carlos Mesa presentó su renuncia, rechazada por el Congreso, en un nuevo
episodio de la crisis generada por los derechos de explotación de los
hidrocarburos, principal recurso del país.
Brasil es un ejemplo de esa inestabilidad camuflada. ¿Cuánto tiempo será posible
mantener un régimen democrático conservando el primer lugar mundial de la
concentración de la renta, sin educar a toda la población, sin crear los empleos
necesarios (...)?”
La democracia en Brasil parece más estable que en Bolivia a causa del
crecimiento económico y de la elección de un presidente de origen popular.
Pero si el presidente no mostrase determinación y habilidad para transformar la
realidad social y construir un nuevo pacto social que incorpore a las masas, la
ilusión de la estabilidad se va a desmoronar”.
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