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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 15, Marzo de 2005

Propiciadores. Waldo Albarracín (der.) y Sacha Llorenti (centro) al inicio de la cumbre que se realizó en Cochabamba

Cumbre social convertida en una asamblea sindical

Crisis. Ante la ausencia del Gobierno, los sectores reunidos en Cochabamba no quieren sólo el 50% de regalías, sino la nacionalización de los hidrocarburos. Transmitirán determinaciones al Poder Ejecutivo

 


Los Tiempos. Cochabamba

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Fracasada la Cumbre Social convocada ayer en Cochabamba por el Defensor del Pueblo y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, a raíz de la decisión del Gobierno de no participar del encuentro; las organizaciones asistentes convirtieron el espacio en una asamblea en la que expusieron y justificaron el por qué del 50% de regalías petroleras y ratificaron las medidas de presión que llevan adelante para presionar la aprobación de la nueva Ley de Hidrocarburos en esos términos.
Molestos por el desaire del presidente Mesa, unánimemente rechazaron la posibilidad de una tregua en los bloqueos y otras medidas anunciadas a partir de hoy para propiciar un nuevo diálogo.
Contrariamente, algunos dirigentes, los más radicales, determinaron no sólo exigir el 50% de regalías, ‘una cesión que hicieron y que Mesa la desaprovechó’, sino la recuperación total de la propiedad de los hidrocarburos a través de la nacionalización.
Encomendaron a los dos representantes propiciadores de la Cumbre, Waldo Albarracín y Sacha Llorenti, a transmitir esas determinaciones a los poderes Ejecutivo y Legislativo. Albarracín, al final de la reunión, dijo que cumplirán con ese pedido, a tiempo que insistirán al Gobierno la necesidad de un diálogo para superar la situación que vive el país.
El encuentro no cumplió su objetivo: sentar en la mesa a los sectores enfrentados, principalmente al Gobierno y los movimientos sociales, firmantes del ‘Pacto Antioligárquico’, para lograr un acuerdo que permita levantar los bloqueos de las carreteras y evitar nuevas medidas de presión.
Al margen del Gobierno, que horas antes de la cumbre comunicó su decisión de no asistir porque ‘sectores muy importantes de la sociedad’ tampoco participarían, y porque el encuentro propuesto no garantizaba un ambiente de ‘diálogo, respeto y tolerancia’, representantes de otras instancias no concurrieron a la cita.
Fue el caso del Comité Cívico de Santa Cruz, cuyo titular, Germán Antelo, anunció que no participaría del evento porque no fue invitado con las formalidades que amerita. Los empresarios cruceños también fueron los grandes ausentes, pues argumentaron que los organizadores no eran imparciales. Así lo indicó Gabriel Dabdoub, presidente de la Cainco.
De los 10 alcaldes que habían confirmado su presencia únicamente estuvieron dos: Gonzalo Terceros de Cochabamba, y Juan del Granado de La Paz, este último explicó las disculpas de los alcaldes de Potosí y Cobija que no pudieron llegar. De los presidentes de los comités cívicos estuvieron sólo los de Cochabamba y Potosí.
Frente a esta reducida asistencia, las organizaciones sindicales eran una mayoría contundente, estaban dirigentes del MAS, la Csutcb, del MST, el Consejo Nacional de Ayllus y Marcas del Qollasuyu, de la COB, de las Juntas Vecinales de El Alto, la Coordinadora de Defensa del Gas, de la Federación de Regantes del Valle Alto, de las federaciones de productores de coca de Chapare y otros.

Para los mediadores resultó insuficiente

El primer intento por reunir en un diálogo a los sectores en conflicto y el Gobierno por parte del Defensor del Pueblo y la Asamblea de Derechos Humanos de Bolivia, fue insuficiente.
A esta conclusión llegaron de forma coincidente Sacha Llorenti y Waldo Albarracín, al término de la Cumbre Social que se desarrolló en Cochabamba, momento en que lamentaron la ausencia del Gobierno así como de otras instituciones.
“Este encuentro es insuficiente porque faltan otros actores del país, el Congreso y el Poder Ejecutivo, fundamentalmente, para poder alcanzar un acuerdo nacional”, dijo Llorenti, al indicar que “la ausencia de estos dos poderes del Estado sólo permitió la radicalización de posiciones alejando la posibilidad del diálogo”.
“No necesitamos levantar trincheras, necesitamos ser puentes entre los bolivianos”, insistió cuando ratificó que continuarán con la postura de “evitar violencia en el país”.
Aún optimista, Llorrenti manifestó que el encuentro fue el “inicio de un proceso de búsqueda de consenso” y que continuarán en este proceso.
“Nosotros no creemos que hemos perdido el tiempo y vamos a continuar haciendo esfuerzos para lograr que, en algún momento, exista un acuerdo entre las partes encontradas”, señaló al enfatizar que “hay el riesgo de violencia y que por tanto, los bolivianos no podemos quedarnos tranquilos”.

Cristovam Buarque / Senador brasileño

Crisis es una advertencia para la región

La crisis boliviana es una advertencia sobre los riesgos que enfrentan las democracias latinoamericanas, incluida la de Brasil, si no resuelve la cuestión de la exclusión social.
En estas décadas de democracia, la élite social boliviana quiso mantener la dirección del país sin incorporar a la población excluida y ese comportamiento no es diferente de los demás países del continente.
En ninguno (de esos países) la democracia acarreó una mejora de la calidad de vida del pueblo o una reducción de los privilegios acompañada de un aumento de los derechos.
Todos esos países viven entonces una situación de inestabilidad camuflada que puede hacerse explícita, como ocurrió en Bolivia este mes, cuando el presidente Carlos Mesa presentó su renuncia, rechazada por el Congreso, en un nuevo episodio de la crisis generada por los derechos de explotación de los hidrocarburos, principal recurso del país.
Brasil es un ejemplo de esa inestabilidad camuflada. ¿Cuánto tiempo será posible mantener un régimen democrático conservando el primer lugar mundial de la concentración de la renta, sin educar a toda la población, sin crear los empleos necesarios (...)?”
La democracia en Brasil parece más estable que en Bolivia a causa del crecimiento económico y de la elección de un presidente de origen popular.
Pero si el presidente no mostrase determinación y habilidad para transformar la realidad social y construir un nuevo pacto social que incorpore a las masas, la ilusión de la estabilidad se va a desmoronar”.

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