Cartoneros, la economía que se esconde entre la basura
Realidad. Niños y adultos comparten las labores de recolección. Los más pequeños muchas veces deben dormir en la calle
Christian Peña y Lillo H.
Historias. Se estima que existen en la ciudad más de 500 personas
dedicadas a recolectar cartón y
papeles. El precio por el kilo de estos materiales es de Bs 0,40. Hay alrededor
de 15 intermediarios
Nadie sabe con precisión cuántos hay en la ciudad. Sólo son vistos cuando el
sol empieza a esconderse en Santa Cruz y los centros de abastecimiento quedan
vacíos de clientes, bullicio y luz.
La gente les teme y trata de evitarlos. Los consideran peligrosos por su
vestimenta humilde y sucia. Son conocidos como cartoneros, hombres, mujeres y
niños que se dedican a escudriñar entre la basura cartón, papel y plástico,
materia prima del negocio que les permite subsistir junto a sus familias.
Un hombre como Félix puede ganar, en un noche de trabajo, hasta Bs 40. No está
mal. Es exactamente el jornal que un albañil paga a su ayudante.
Para obtener esa suma el hombre de tez morena, un orureño que estudió Ciencias
Políticas en su ciudad y luego de quedar viudo tuvo que emigrar hacia Santa
Cruz, debe recoger alrededor de 80 kilos de cartón que luego venderá a Bs 0,40
el kilo.
Su comprador es el ingeniero Guillermo Zumarán, uno de los aproximadamente 15
intermediarios que hay entre los recolectores callejeros y las recicladoras. El
empresario revende lo colectado por Félix a la fábrica Copelme, que paga Bs 0,60
el kilo de cartón y que posteriormente sacará al mercado convertido en los
papeles higiénicos Nacional y Carus.
Zumarán comentó que se dedica a este negocio hace cinco años, tiempo en el cual
ha comprado y revendido alrededor de 3.500 toneladas de cartón. Él trabaja con
una veintena de cartoneros, pero cree que en la ciudad hay más de 500 personas
dedicadas a este negocio.
Retornando nuevamente con Félix, el hombre recordó a su hija de 11 años que vive
en su natal Oruro con su abuela y a la que envía parte del dinero que gana
recorriendo la ciudad en busca de papeles, cartones y botellas plásticas,
montado en su bicicleta a la que adaptó una canasta metálica en su parte
frontal.
Luego de que sus ojos se humedecieron al recordar su primogénita, pidió no ser
identificado con nombre y apellido, ya que dijo sentir vergüenza del trabajo que
realiza alejado de su tierra.
Mientras Felix se despedía y retomaba su rumbo por la calle Campero, pocos
metros detrás de él una familia cartonera estaba en plena faena de acopio.
Abel Tórrez, Viqui de Tórrez y sus dos hijos, Abel de 9 años y José de cuatro
meses, forman la pequeña microempresa que hace un par de años compra el material
que un grupo de cartoneros les trae a partir de las 19:00.
Su centro de operaciones está ubicado en una vereda de la calle 6 de Agosto,
donde el pequeño José duerme en medio de los cartones, mientras su hermano ayuda
a sus papás a seleccionar y acomodar el material.
El jefe de la familia Tórrez, Abel, cuenta que este trabajo algunas veces es
peligroso y pese a que las ganancias le alcanzan para cancelar el colegio de su
hijo, pagar los Bs 200 por el alquiler de su cuarto y obtener lo necesario para
los alimentos del mes, recuerda con temor la vez que unos delincuentes por
robarle su carrito de madera se llevaron a su hijo menor.
“Pasó hace unos dos meses, cuando me robaron el carrito donde llevo los cartones
hasta mi casa para luego venderlos. Allí estaba durmiendo mi hijo, parece que
los maleantes no se dieron cuenta y cuando él despertó lo dejaron tirado en la
calle. Tuve suerte y lo encontré cerca al tercer anillo y la avenida
Mutualista”, contó Abel, uno más de los cartoneros de Los Pozos.
Como contaron los entrevistados, la necesidad de conseguir dinero para
alimentarse los obligó a convertirse en cartoneros, oficio del cual muchos se
avergüenzan y por el que en algunas oportunidades han sido discriminados.
Precisamente el haberse quedado sin trabajo obligó a que Nelva Méndez, empleada
de limpieza de la Alcaldía por más de 16 años, salga a recoger botellas
plásticas.
Ella hace dos meses que acompaña a su esposo, Manuel Pachuri, luego que la
actual gestión municipal la retirara de sus funciones. “Tengo dos hijos que
mantener y este es el único trabajo que encontré. La gente no me quiere
contratar por mi edad”, contó la mujer, que dice gustarle recorrer la ciudad en
busca de botellas, ya que de esa manera se distrae un poco.
Pero no solamente en los alrededores del mercado Los Pozos, hay cartoneros.
Según comenta la señora Blanca Gladys San Martín, a estos trabajadores también
se los puede observar en las Siete Calles, los días que funciona la feria de
Barrio Lindo y en los mercados de la Villa Primero de Mayo y el Plan Tres Mil.
Blanca recolecta hace aproximadamente un año, papeles, cartones y plástico en
las calles del mercado La Ramada, una zona considerada roja por las autoridades
debido a la cantidad de delincuentes que frecuentan el lugar.
A la mujer, cuyos padres son argentinos, le ayudan dos de sus seis hijos.
Incluso el menor de sus niños, Jordi, fue el que la animó a salir a las calles
para recolectar cartones, entre los que muchas veces encuentran artículos de
escritorio y cristalería que luego venden.
Ella junto a sus hijos, al igual que muchas otras familias, recogen lo que a
otros no les sirve durante toda la noche. Así mueven una economía escondida en
la basura, que les sirve para poder subsistir.
|