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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 13, Marzo de 2005  

>>    Retos que Mesa ya no puede eludir

En los sucesos del denominado ‘octubre negro’ no pasaron de 30.000 las personas que participaron en la revuelta social que desde esa visera andina obligó a Gonzalo Sánchez a fugar al exterior.
Más de ocho millones de bolivianos observamos azorados cómo esa minoría terminaba imponiéndole al país la ‘Agenda’ causante del monumental enredo en que ahora nos encontramos y del cual podríamos salir si se ejecutaran los puntos del ‘Acuerdo ante la Nación’ con el cual se puso fin a la crisis originada en la renuncia del Jefe del Estado, Carlos Mesa.
Desde los sucesos de El Alto, el adoptante de la lista indicativa de políticas de Estado (Carlos D. Mesa), signadas de aventurerismo e irracionalidad, que configuraron la denominada ‘Agenda de Octubre’, quedaría a merced de cuanto sector social o gremial caía en manos de demagogos y politiqueros sedientos de oportunidades para hacer plata o realizar sus sueños de poder. Los líderes del neopopulismo utilitario acabaron demoliendo totalmente cuanto todavía quedaba de principio de autoridad en el frente de los que rigen, legislan o administran justicia, cuya capacidad para discernir entre pueblo y turba se hizo cada vez mayor. El primero, como se sabe, entraña una categoría política indicativa de mayoría social y fuente de soberanía. La turba tiene más connotación de adjetivo que de sustantivo, sobre todo, si se lanza con furia delictiva contra los derechos de los demás, como lamentablemente estuvo ocurriendo en grado extremo en el país, en forma de paros y bloqueos que perjudican al conjunto de la sociedad.
El Gobierno, por su parte, vio astillas iguales en dos palos completamente diferentes. Una cosa es imponer el principio de autoridad en el marco de la ley y otra muy distinta hacerlo en forma irregular, enviando tropas para que simplemente tiren a matar. Esta confusión le condujo al inmovilismo, dejando al país a merced de minorías revueltas, cuyas autoritarias prácticas de protesta social acercan a Bolivia al abismo...
Ahora bien, entre los factores determinantes de la generalizada confusión entre los citados conceptos, tendríamos que mencionar, en primer término, la actitud acrítica de ciertos medios de comunicación, preocupados más en el ‘rating’ que en la verdad. Califican de ‘multitudinaria’ cualquier pequeña concentración de manifestantes que, en tomas de primer plano, pueda cubrir la pantalla chica; o de ‘contundente’ el paro logrado con amenazas a los que no le acaten, como ocurre en El Alto de La Paz. Lo demás lo hace la certidumbre de total impunidad que, frente al ejercicio delictivo de los derechos de manifestación y protesta, afirma en los cuadros de mando de sectores sociales y corporativos del país, el ya crónico temor del Ejecutivo a aplicar la ley y restablecer el principio de autoridad.
En la mayoría silenciosa del país —conforme lo acreditan las encuestas realizadas por muchos medios de comunicación social para medir la reacción de la opinión pública frente a las causas que dieron lugar al trance difícil que generó la renuncia de Carlos Mesa— alcanzó una intensidad extrema la bronca por los abusos y perjuicios, así como por la incertidumbre creada por los paros y bloqueos. Un gran porcentaje de la gente consultada se mostró contraria a que se le se acepte la renuncia a Mesa, pero también a que siga en el Palacio Quemado sin gobernar, lo cual significa, entre otras cosas, aplicar la ley y reponer el principio de autoridad, poniendo en su lugar a los que en nombre de unos cuantos comprometen la suerte de todo un país. Éste es el reto que Mesa ahora ya no puede eludir.


Se consolida la república de ‘Bloquivia’

Por Dominicus

El pasado 2 de mayo de 2004 Dominicus anunció el inminente nacimiento de una nueva nación que reemplazaría a nuestra querida y sufrida Bolivia: nada menos que la temible ‘Bloquivia’ asomaba en ese entonces por el horizonte, con su estela de parálisis, desorden anárquico, pérdidas económicas y agitación social. Pues bien, lamento comunicarles amigos lectores que Bolivia ya prácticamente ha desaparecido, pues su terrible Némesis –‘Bloquivia’- se encuentra floreciente y en ritmo de expansión. Lo sucedido a lo largo de toda la semana anterior me exime de mayores comentarios...
Seguidamente y por ser nuevamente de actualidad, me permito reiterar algunas partes relevantes de la nota del año pasado.
En este 2005 ya se atraviesa una plena etapa involutiva –es decir regresiva y ‘antinatura’– para transformar rápidamente a Bolivia en ‘Bloquivia’. De la fiebre bolivianista que debería correr naturalmente por nuestras venas, se ha pasado a la fiebre ‘bloquivianista’ que todo lo obstruye, enfrenta a unos contra otros, coarta la producción, cierra calles, avenidas, carreteras y accesos; en fin, genera un caos acumulativo de consecuencias imprevisibles, pero ciertamente muy peligrosas y dañinas. También expresé antes que hasta podría cantarse el himno de la nueva nación: “bloquivianos el sino maligno coronó vuestros malos designios; ya es bloqueado este suelo, ya aumentó su servil condición”.
Todo este proceso de involución parece que se da con el beneplácito de algunos y la desesperación e impotencia de muchos. La gente se ha acostumbrado a vivir en el nuevo país de los ‘bloquivianos’; los días sin bloqueos son casi anormales, transformando así lo normal en anormal. En una suerte de cruel patología social se produce un aprendizaje al revés: se aprende a ser peor, no a ser mejor.
Un nuevo y ‘sui géneris’ estado asoma en Sudamérica. En lugar de la resistente y valiente Bolivia, surge ahora la terrible ‘Bloquivia’.
No puedo darle la bienvenida a esta ‘Bloquivia’, pero lamentablemente la tenemos ya frente a nosotros. Dicen que ‘Bloquivia’ está solicitando su ingreso a las Naciones Unidas, seguramente para contagiar allí a sus 191 miembros con las temibles tácticas ‘bloquivianas’, verdadera ‘blitzkrieg’ social del siglo XXI que asombra al mundo por los descalabros que ocasiona entre sus propios ciudadanos que, forzadamente y resignados, aceptaron ser naturales de ‘Bloquivia’ renunciando a ser bolivianos.
Bolivia se está muriendo, en su lugar nació la deforme ‘Bloquivia’.

 

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