Carlos Hugo Molina Saucedo
Pedro Shimose
En la nota a la tercera edición de su magnífica e innovadora novela La
colmena, el español Camilo José Cela escribe lo siguiente: “Para hacer la
historia se precisa no tener ideas, como para hacer dinero es necesario no tener
escrúpulos”. Como toda regla tiene sus excepciones, el político boliviano Carlos
Hugo Molina Saucedo (Santa Cruz, 09/08/1955) es una de ellas. Ha hecho historia
aportando muchas y brillantes ideas y no ha hecho dinero porque concibe la
política como un acto de servicio a la comunidad. Es político por convicción
como otros lo son por conveniencia.
El jueves 27 de enero, Carlos Hugo Molina renunció a su cargo de prefecto de
Santa Cruz. Al día siguiente, el diario EL DEBER publicó una entrevista al
prefecto dimitido, ilustrada con una foto de Carlos Hugo, abatido, con las manos
entrecruzadas como si estuviera rezando. Las manos le ocultaban el rostro.
¿Meditación? ¿Plegaria? ¿Fatiga? ¿Hastío? ...y un titular: “Me voy con el
saborcito a inconcluso”.
Franz Schubert, músico romántico, murió dejando inconclusa su última sinfonía,
llamada así, precisamente: Sinfonía inconclusa. Carlos Hugo, político romántico
del siglo XXI, se retiró del cargo dejando también inconclusa su ‘sinfonía’
cívica. Se fue con la conciencia tranquila, consciente de que gobernó con
honradez y en beneficio de su tierra natal. Propició el diálogo, respetando la
legalidad en medio del tumulto y la algarabía; quiso sosegar los ánimos
beligerantes de una sociedad desquiciada por la demagogia y la desesperación.
Sin embargo, un ventarrón de presiones, escarnio, insidia y amenazas se lo llevó
por delante.
“Entré por la puerta y salgo por la puerta”, dijo. En efecto, este político
excepcional no había entrado por la ventana como suele suceder en Bolivia. Eso
sí, se marchó “con el único saborcito de algo inconcluso”, tal como él mismo
ratificó en la entrevista.
Como la Sinfonía inconclusa, de Schubert, la inconclusa de Carlos Hugo consta de
tres movimientos: la Participación Popular, la Descentralización Administrativa
del Estado y la potenciación democrática de los municipios. El cuarto movimiento
-el proyecto Santa Cruz 2020- queda en el aire.
Muchos de sus detractores, aquellos vociferantes que lo amenazaron y
calumniaron, no saben que Carlos Hugo Molina es un lujo de político. A menudo,
la pasión política ciega a los pueblos. Tampoco saben -creo que ni siquiera lo
sospechan- que Carlos Hugo es un gran escritor. Buen poeta, extraordinario
prosista, ha publicado ocho libros.
Uno de crónicas (Con olor a pujusó, 1988); uno de artículos de prensa y ensayos
(Radiografía del mojón, 1990); dos de ensayos político-jurídicos (La
descentralización imposible, 1990/ y El Defensor del Pueblo, 1991); dos de
poesía (Como gotas de lluvia, 1991/ y Cuerpos y tiempos, 1996); uno de cuentos y
semblanzas (Para sentir la caricia impenitente, 1992) y una novela de estilo
epistolar (Manuela, mi amable loca.., 2001).
Si alguien quisiera conocer los sentimientos de este raro político boliviano
(ahora de vacaciones) debe leer Radiografía del mojón y Para sentir la caricia
impenitente. En el fondo de Carlos Hugo Molina vive un auténtico poeta, un
hombre libre, un hombre bueno en el buen sentido de la palabra bueno, como
dijera Antonio Machado, un político enamorado de su país y, por tanto, del
mundo.
Carlos Hugo pertenece a una generación sobresaliente de intelectuales cruceños,
integrada por José Ortiz Mercado (+), Óscar Zambrano (+), Herman Fernández,
Alcides Parejas Moreno, Ruber Carvalho, Javier Mansilla Peña, Juan Carlos Urenda
Díaz, Carlos Dabdoub Arrien, Susana Seleme Antelo, Lucho Roca García, Carlos y
Agustín Saavedra Weise, Wolfango Montes, Roberto Barbery Anaya, Gustavo
Maldonado Medina, Betty Tejada Soruco, Ricardo Serrano, Ismael Muñoz García,
Maggy Talavera, Gabriela Ichaso, Cecilia Kenning, Paz Padilla Osinaga, Isaac
Sandóval Rodríguez, Manfredo Kempff Suárez y tantos otros que ya están dando que
hablar.
Lejos de la política menuda, tan ajetreada y tan ingrata, Carlos Hugo podrá
hacer balance, borrón y cuenta nueva... Y que siga escribiendo y dando lustre a
su ya ilustre familia -la de los Molina, los Saucedo y los Barbery- para bien de
su tierra y de la cultura boliviana. // Madrid, 11/03/2005.
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