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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 10, Marzo de 2005

../images/blanco.gifAcoso sexual



Pablo Gutiérrez Urgel

El acoso sexual se ha convertido, recientemente, en uno de los temas de nuestra época: los diarios lo mencionan, se emiten declaraciones al respecto y las mujeres en algunos países acuden a los tribunales de justicia donde se lo tipifica como delito (hostigamiento sexual). Pero toda esta actividad simplemente no existía hace una década. ¿Qué es, entonces, ese ‘acoso sexual’ que tanto preocupa? Consiste en actos, comentarios, miradas cargadas de intención sexual e insinuaciones con palabras libidinosas. Con estas acciones se trata a la persona involucrada como a un mero objeto sexual, que ve afectada su seguridad laboral y sus perspectivas de ascenso; así se crea una atmósfera de tensión en el trabajo. Obviamente que esta conducta se da también en situaciones no laborales. Se puede distinguir de otras formas más generales de sexismo en virtud de las clases de conducta que incluye. En la actualidad es públicamente reconocido como un ‘problema social’, tal como lo fuera el abuso sexual infantil, y antes que éste el caso de la ‘mujer maltratada’. Sin embargo, las conductas comprendidas en la noción de ‘acoso sexual’ siempre han sido motivo de gran preocupación. Y como un aspecto clave del modo en que la ‘política sexual’, la opresión de las mujeres por parte de los varones, se pone en práctica en la vida cotidiana. En nuestro país no es un delito, pero sí una ‘conducta policial’ que preocupa a la sociedad, pero sobre todo a las mujeres, que por el hecho de serlo viven en una sociedad sexista. Se la podrá catalogar también como una forma consciente de ultraje por la que los varones a veces humillan a las damas y así acrecientan su autoestima, o como conductas propias de hombres ‘anormales’, independientemente de que lo consideremos como el resultado de impulsos sexuales o agresivos de origen biológico, o como el de un sistema social que los anima por la creencia de sentimientos de superioridad (aunque hay antecedentes de hombres acosados). Es necesario controlar el acoso sexual no solamente creando leyes protectoras, sino tomando conciencia de nuestras acciones y provocando una revolución moral de comportamiento que sólo puede empezar por nosotros mismos, y viendo a la mujer con respeto en su verdadera dimensión: un ser humano, criatura de Dios, con valores y dignidad. La sociedad en su conjunto debe producir muchos cambios personales, ya que aun el más grande de los ‘sistemas’ se conecta en algún punto con personas, que se comportan bien o mal, y que pueden ser influidas y cambiadas por los acontecimientos que se producen a su alrededor. Pero no sólo es un cambio de ‘vida interior’ psicológico, sino que implica un cambio material de las circunstancias sociales y materiales en que se vive.

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