Hay confusión
Federico Escobar Álvarez
La mayoría de la población se encuentra en una terrible etapa de desconcierto
e incertidumbre con referencia a la tan mentada y poco entendida Asamblea
Constituyente y todo lo relacionado con ésta. Van y vienen definiciones que en
la mayoría de los casos están fuera del contexto. En otros casos, la certeza
impide el desvarío. El Programa Nacional de Educación Ciudadana publica una
serie de sueltos que junto a la Corte Electoral se empeñan en dar una
interpretación legítima a lo que vamos a constituir, qué es lo que se va a
componer y para qué lo haremos.
Algunos técnicos legales, aunque, en su generalidad, inexpertos en el tema,
confunden la Asamblea Constituyente con uno u otro tipo de consulta popular,
argumentos que sí son, en algunos casos, válidos, pero en otros sólo nos están
llevando a no entendernos entre ciudadanos y ciudadanas. Como se dice “cada
quien lleva el agua a su molino” y ve las cosas, no como son, sino como su
adoctrinamiento pretende que sean. Actitudes que están por llevarnos a un
colapso por estar sometidos a tantas tensiones políticas y económicas y, sobre
todo, por las acciones de los parlamentarios, que buscan distraerse en
disquisiciones sin llegar a ningún acuerdo que beneficie al país; podemos citar
innumerables casos.
Inclusive las decisiones de una Constituyente las podemos defenestrar sólo con
una huelga; tal como “sacamos” ministras o presidentes, ya nada puede avanzar
por el camino de la Ley. Todos estamos en la búsqueda de intereses personales
sin importarnos del vecino o de aquella gente a quienes ni siquiera conocemos y
por tanto no podemos tomarlos en cuenta. Es decir, estaríamos construyendo
mecanismos para destruirnos “sea como sea y hasta las últimas consecuencias”,
sin argumentos racionales. Los poderosos abusan y las bases se unen para
demostrar una fuerza que nada tiene que ver con el ejercicio de acción ciudadana
en democracia. Estamos debilitando los procesos de interacción humana, de
fraternidad, nos estamos posesionando peligrosamente en la cultura del
conflicto.
Es necesario que la clase política y la gente con acceso a la difusión por
diferentes medios hablemos con claridad y hagamos declaraciones racionales y de
acuerdo, por lo menos, a la semántica de las palabras que se utilizan. Si
hablamos de Asamblea Constituyente es para constituir y no para reformar, si así
fuera estaríamos hablando de una “Asamblea de reforma parcial o total de la
Constitución” y no de la composición de nuestro Estado. Pongámonos de acuerdo
entre todos para hablar un solo lenguaje, de lo contrario caeremos en la trampa
de servir con la “nueva Constitución” a los intereses de pequeños grupos de
poder permaneciendo en las mismas condiciones socio-económicas. Es importante
que manejemos un solo lenguaje para encarar la Asamblea Constituyente y así
vayan nuestros representantes a constituir el Estado adecuado que nos permita un
crecimiento en armonía positiva y propositiva, que sin la Constituyente también
podríamos hacerlo.
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