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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Miércoles 09, Marzo de 2005

../images/blanco.gifHay confusión



Federico Escobar Álvarez

La mayoría de la población se encuentra en una terrible etapa de desconcierto e incertidumbre con referencia a la tan mentada y poco entendida Asamblea Constituyente y todo lo relacionado con ésta. Van y vienen definiciones que en la mayoría de los casos están fuera del contexto. En otros casos, la certeza impide el desvarío. El Programa Nacional de Educación Ciudadana publica una serie de sueltos que junto a la Corte Electoral se empeñan en dar una interpretación legítima a lo que vamos a constituir, qué es lo que se va a componer y para qué lo haremos.
Algunos técnicos legales, aunque, en su generalidad, inexpertos en el tema, confunden la Asamblea Constituyente con uno u otro tipo de consulta popular, argumentos que sí son, en algunos casos, válidos, pero en otros sólo nos están llevando a no entendernos entre ciudadanos y ciudadanas. Como se dice “cada quien lleva el agua a su molino” y ve las cosas, no como son, sino como su adoctrinamiento pretende que sean. Actitudes que están por llevarnos a un colapso por estar sometidos a tantas tensiones políticas y económicas y, sobre todo, por las acciones de los parlamentarios, que buscan distraerse en disquisiciones sin llegar a ningún acuerdo que beneficie al país; podemos citar innumerables casos.
Inclusive las decisiones de una Constituyente las podemos defenestrar sólo con una huelga; tal como “sacamos” ministras o presidentes, ya nada puede avanzar por el camino de la Ley. Todos estamos en la búsqueda de intereses personales sin importarnos del vecino o de aquella gente a quienes ni siquiera conocemos y por tanto no podemos tomarlos en cuenta. Es decir, estaríamos construyendo mecanismos para destruirnos “sea como sea y hasta las últimas consecuencias”, sin argumentos racionales. Los poderosos abusan y las bases se unen para demostrar una fuerza que nada tiene que ver con el ejercicio de acción ciudadana en democracia. Estamos debilitando los procesos de interacción humana, de fraternidad, nos estamos posesionando peligrosamente en la cultura del conflicto.
Es necesario que la clase política y la gente con acceso a la difusión por diferentes medios hablemos con claridad y hagamos declaraciones racionales y de acuerdo, por lo menos, a la semántica de las palabras que se utilizan. Si hablamos de Asamblea Constituyente es para constituir y no para reformar, si así fuera estaríamos hablando de una “Asamblea de reforma parcial o total de la Constitución” y no de la composición de nuestro Estado. Pongámonos de acuerdo entre todos para hablar un solo lenguaje, de lo contrario caeremos en la trampa de servir con la “nueva Constitución” a los intereses de pequeños grupos de poder permaneciendo en las mismas condiciones socio-económicas. Es importante que manejemos un solo lenguaje para encarar la Asamblea Constituyente y así vayan nuestros representantes a constituir el Estado adecuado que nos permita un crecimiento en armonía positiva y propositiva, que sin la Constituyente también podríamos hacerlo.

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