Mujeres detrás del poder
Relaciones. Este abrazo entre Susana y Fidel está enmarcado entre los recuerdos favoritos de la ex secretaria de Jaime Paz
Erick Ortega
Queridas, odiadas, sobre todo, poderosas. Así se las recuerda a las mujeres
que manejaron la agenda y hasta los secretos personales de los últimos
presidentes de Bolivia.
La primera que dejó con la boca abierta a los hombres que aguardaban en el
banquillo de espera a que el presidente llame a uno de ellos para su jefe de
gabinete, fue la cruceña Susana Seleme. “Quedé sorprendida cuando Jaime Paz me
dijo: ‘Vas a ser mi secretaria privada’”.
Ahora, desde su cálida casa cerca al Parque Urbano, sentada en un cómodo sofá,
mientras Fidel Castro la abraza en una foto que cuelga en una rústica pared,
recuerda los años que estuvo detrás del poder.
Pero no todo fueron abrazos y sonrisas. La época en que el Comando Néstor Paz
Zamora se alzó en armas Susana vivió con un nudo en la garganta. “Tenía pena
porque fue un enfrentamiento con muertes y por medio estaba el nombre del
hermano de Jaime”.
La mujer también rememora sus épocas de dieta forzada en la altura de La Paz. “A
veces mis jornadas de trabajo duraban hasta las 12 de la noche, sin ir a
almorzar”, se queja.
En los cuatro años que pasó en la Plaza Murillo, a veces Susana resultó más
importante que el brazo izquierdo del MIR, tanto así que ella aconsejó al
Presidente que coloque a Carlos Saavedra Bruno en el cargo que dejó Guillermo
Capobianco. El mandatario escuchó la propuesta y la aceptó. Fue una excepción
porque la mayoría de las veces Jaime Paz oía las sugerencias de la mujer y hacía
lo contrario.
Quien siempre tenía en jaque a su secretaria era Gonzalo Sánchez de Lozada. El
presidente bromeaba casi a diario con María Paula Muñoz. “Decía que me iba a
despedir”, comentó la cruceña que estuvo al lado del jefe del MNR incluso cuando
dispararon al Palacio de Gobierno, en febrero de 2003.
La mujer organizaba la agenda del mandatario desde el desayuno y volvía a su
casa cerca a la medianoche. Siempre estaba puntual, incluso tenía que dar la
cara ante las tardanzas de Goni, que no eran pocas, y se tragaba los rostros
amargos de los ministros.
Cada día robaba minutos a la jornada y, de alguna u otra manera, Paula se daba
modos para atender a las personas que querían acercarse al presidente. “Me ven
como su carcelaria”, indicó la secretaria en una entrevista que concedió en 2003
a la revista Extra.
El mandatario que tenía disciplina militar era Hugo Banzer. Su agenda empezaba a
las seis o siete de la mañana y terminaba en la noche, “nosotros no cumplíamos
ocho horas de la jornada laboral”, bromea uno de los cercanos a la ex autoridad.
Y quien ponía en orden sus citas, reuniones y la agenda diaria era Patricia
Banzer, hija y secretaria del general.
El apellido nada tuvo que ver a la hora de ser elegida secretaria presidencial.
La mujer hizo carrera política en ADN, y a la hora de tomar decisiones no le
temblaba la voz. Ella, y su madre, Yolanda, impulsaron a que Hugo Banzer deje el
cargo cuando el cáncer hizo mella en su salud.
Existe una anécdota de Palacio nunca confirmada, que narra una disputa entre
Patricia y Jorge Quiroga. El rumor relata que ella dio dos sopapos al
vicepresidente Tuto Quiroga cuando él ingresó al despacho presidencial.
Ximena Valdivia, actual secretaria de Carlos Mesa, no da entrevistas
telefónicas, y quienes la conocen dicen que prefiere quedar a la sombra del
mandatario.
Y Mesa necesita de su sombra. Porque desde que se conocieron, hace más de 20
años, ella es la mujer práctica. Es el apoyo de un presidente literato.
Al fin de cuentas por eso las necesitan los presidentes, porque son prácticas y
les hacen menos amarga la vida.
La agendas en manos confiables
Uno de los primeros hombres que necesitó de los servicios de una secretaría
de la Presidencia fue Víctor Paz Estensoro. En la primera época de la revolución
del 52 el movimientista precisaba de los consejos y la organización de Mariano
Baptista.
Pasaron los años, pero el cargo no cambió de sexo. Fue en 1993 cuando Susana
Seleme se hizo cargo de esta ‘cartera’ de Gobierno.
Desde entonces las tareas principales de las secretarias privadas están
relacionadas a la agenda presidencial. Aunque no existe ninguna disposición
oficial que indique la labor específica que deben cumplir.
Ellas no tienen ninguna responsabilidad directa fiscal ni administrativa, su
cargo tampoco está contemplado por la Ley Safco.
El requisito principal para acceder al cargo es la confianza. Jaime Paz confió
en una militante con experiencia; Hugo Banzer se apoyó en su hija; Sánchez de
Lozada requirió los servicios de una militante que lo admiraba, y Carlos Mesa
confía su agenda a su compañera de trabajo de hace dos décadas.
En el lapso que Tuto Quiroga estuvo en el poder requirió de una de las
secretarias con experiencia de Palacio. Actualmente él tiene un secretario que
organiza sus citas.
Además de las secretarias presidenciales, los gobernantes de turno tienen
hombres de confianza. Por ejemplo, el diputado Manuel Suárez era otro de los
secretarios de Sánchez de Lozada, y José Galindo es uno de los más allegados al
presidente Carlos Mesa.
|