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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Martes 08, Marzo de 2005  

>>    Dejar atrás la confrontación

El país está a punto de quedar atrapado en una dialéctica de confrontación de la cual debemos salir lo más rápidamente posible si no queremos que la misma nos lleve al precipicio. No es –de ninguna manera– alarmista esta perspectiva, si se tiene en cuenta la actual y extrema fragmentación que se da en el país. La situación se agrava en forma dramática ahora que el jefe del Estado, Carlos Mesa, presenta al Congreso Nacional la renuncia a sus funciones. Determinan su actitud el MAS de Evo Morales y otros sectores que hasta fines de la semana pasada preparaban intensamente la paralización del país a través de un bloqueo generalizado de caminos.
A las diferencias entre oriente y occidente sobre la autonomía regional, se agrega hoy la que tiene que ver con ciertos temas cruciales de ese parto de los montes en que se ha convertido la Ley de Hidrocarburos. Cordillera y el Chaco demandan para sí la sede de una ‘refundada’ YPFB. A fin de salir del trance, el gobierno propone algo equivalente al descuartizamiento burocrático y técnico de YPFB. Varias regiones deben repartirse presidencias, vicepresidencias y gerencias de la entidad. No interesa para nada que así quede al garete la unidad de gestión de la empresa estatal, la cual no se puede concebir sin la concentración de funciones y tareas en un solo lugar. Lo peor es que de esta manera se crean condiciones propicias para una hipertrofia burocrática que dañará la economía de la entidad fiscal del petróleo.
Por su parte, las organizaciones indígenas pretenden para sí la decisión final respecto a la explotación de hidrocarburos, aun cuando los respectivos yacimientos no se hallen en sus territorios. Aquí se abre otro frente para una confrontación con regiones y otros sectores de la colectividad, la misma que podría generar consecuencias difíciles de prever, pues aunque los actores, muy bien digitados desde las sombras por intereses político-partidarios y ciertas Organizaciones No Gubernamentales, corporativamente hablando, carecen de mayor significación cuantitativa, se hallan lo suficientemente pertrechados y organizados como para paralizar regiones enteras a través de los ya consabidos bloqueos de caminos.
La cuestión de los hidrocarburos se mezcla con otros asuntos para crear un ambiente muy próximo a una generalizada convulsión social. Se encañona a Tarija y Santa Cruz con la demanda de ‘departamentalización’ del Chaco, asunto que podría generar un grave conflicto. Acaso la región más acosada por las movilizaciones sea ahora la nuestra. Por las regalías, Yapacaní le cierra el paso a Cochabamba, mientras que por el norte se bloquea el tránsito a la altura de Pailón, aunque por otros asuntos. Conste que en torno a este denominado ‘Poder de Poderes’ las discrepancias recién salen a flote. Tienen que ver con el número de los constituyentes y la modalidad de elección de los mismos. Sobre el particular muy pocos de los protagonistas de la gresca coinciden con la mayoría sensata del país, partidaria de atenerse a lo que la Carta Magna y las nuevas leyes disponen: elección por voto universal y directo de candidatos propuestos por partidos políticos, agrupaciones ciudadanas y pueblos indígenas. Que el asunto lo defina el voto mayoritario, como corresponde en toda democracia y no la pertenencia étnico-racial-cultural o la militancia corporativa.
En síntesis, nos acercamos a una situación gravísima en la que occidente y oriente se enfrentarán con tanto e igual furor todavía que el norte con el sur, mientras en cada uno de estos escenarios regionales tendrán lugar pugnas domésticas de imprevisibles consecuencias. Bolivia no puede ni debe ir a la disgregación. Justamente en su variedad geográfica y diversidad étnico-cultural radican las claves de su integración nacional, esa que debe sellar su consolidación exitosa como Estado Nacional.
Ha llegado la hora de la reflexión profunda sobre los asuntos mencionados y la necesidad de dejar atrás la confrontación. Acaso sea necesario que la Iglesia Católica—la institución de mayor credibilidad y prestigio en el país—, tomando la iniciativa, inste a todos los sectores al cese inmediato de hostilidades, convocándoles luego a un diálogo nacional, en la perspectiva de un consenso que, garantizando la paz, salve a Bolivia del caos político y social.


Los malditos bloqueos nos hacen merecer el infierno

Marcelo Rivero

Cuánto se habrá escrito y hablado sobre los perjuicios que ocasionan los bloqueos de caminos y calles, tanto en el periodismo como en las muy diversas tribunas y centros de reuniones de diversa naturaleza. Cuántas cifras se habrán barajado haciendo estimaciones de las pérdidas de comerciantes, industriales, ciudadanos comunes, ni hablar de los productores agropecuarios y sin excluir a los gremiales callejeros y a las pobres vendedoras de roscas y pan casero.
Todo es inútil, así lo pida el Santo Padre con su voz ya débil pero siempre fraternal, así se escuchase la palabra implorante de Jesús desde el cielo. Allí continuarán plantados en sus siete los dirigentes cívicos, campesinos, universitarios, empresariales, provinciales, etc., todos obstinados en llevar a cabo las “medidas de presión hasta sus últimas consecuencias” y, encabezándolas, los bloqueos.
En los últimos meses se han vuelto tan comunes los bloqueos que no pasa semana sin que se verifique por lo menos uno y creo que el departamento de Santa Cruz, donde siempre nos enorgullecimos de cumplir como Dios manda las leyes de la convivencia pacífica y el respeto a los semejantes -además de no alterar la jornada laboral sino en situaciones extremas-, es el que está comandando esta infame fórmula de presionar para reclamar derechos, de yapa supuestos y peregrinos derechos. Claro que habría que hacer una salvedad en el asunto, ya que generalmente los bloqueadores, y más aún los que cranean este recurso y disponen que se lo ejecute, no son cambas sino collas llegados en calidad de “colonizadores”, “gremiales” y otras yerbas.
En los últimos días en la dirección que se mire topamos con bloqueos -y todavía los tipos que los llevan a cabo exhiben actitudes beligerantes-, desde El Alto hasta Pailón. En Camiri porque quieren la burocracia de ese cadáver que esperan resucitar (YPFB), en Yapacaní porque también desean morder de la torta de las regalías petroleras.
A nadie le importa perder plata, aunque después lloran porque ayer las sequías desoladoras y hoy los desbordes de los ríos se llevan decenas de millones de dólares y millares de familias quedan sin techo ni comida. ¡A continuar con los bloqueos!
De tan podridos que estamos con los bloqueos, el viernes último, cuando pasado el mediodía topamos con un bloqueo de unos tipos que enarbolaban una bandera de la FUL, varios de los afectados quedamos maldiciendo y deseando que el pasaje de los micros suba a cinco bolivianos, que en Camiri no brote ni una gota de petróleo y que en Cochabamba, El Alto, Potosí y en toda Bolivia una peste fulminante nos lleve a todos a los dominios del diablo. ¿Y el gobierno? Un títere sin el coraje de ponerle la paletilla en su lugar a los bloqueadores.

 

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