Un país con dos sociedades distintas
Francisco Justiniano Suárez
En las fricciones de la lucha por la autonomía los portavoces de las regiones
occidentales del país, que de manera tozuda y mal disimulada están más a favor
de la Constituyente que del referéndum por las autonomías, repiten
sistemáticamente la perorata aquella de que Santa Cruz es una región
privilegiada, que se ha beneficiado más que los otros departamentos con la
concentración de capitales y las inversiones y otras vainas, olvidando que el
capitalismo se desarrolla no por el solo hecho de desearlo, sino porque los
fenómenos económicos se dan donde así lo determina la historia; y sobre todo,
donde existen las condiciones objetivas para hacerlo. Por ejemplo, resulta
absurdo pretender levantar una industria petrolera en un departamento donde no
hay gas.
Al respecto, nosotros creemos que el capitalismo en Bolivia se ha logrado
desarrollar en el departamento de Santa Cruz por una serie de circunstancias
históricas muy particulares, ya que la oligarquía de la plata y la del estaño no
lo pudieron conseguir; solamente consolidaron un aparato burocrático estatal
ciegamente centralizado, y nada más. Ha sido un centralismo que ni siquiera ha
conseguido integrar la nación.
Sin embargo, para explicar el fenónemo del crecimiento y el desarrollo cruceño,
hay que tener presente que en Bolivia existen dos tipos de sociedades claramente
diferenciadas: por un lado tenemos una sociedad minera (occidente) y por el otro
una sociedad agrícola-ganadera(oriente). Entre ambas hay una diferencia
sustantiva para interpretar los hechos económicos y ello produce un conjunto de
comportamientos sociales: la una por una serie de razones profundamente
conservadora y la otra ( la nuestra ), claramente integradora que busca la unión
hacia el mundo. Mientras la sociedad minera persigue el retorno al pasado, la
sociedad integradora busca nuestra inserción en el futuro en una visión
pluralista de la realidad y del mundo.
Ello explica la reacción contraria, casi xenofóbica, en relación con la
propuesta autonómica de Santa Cruz, que es una propuesta descentralizadora del
Estado. Y para sustentar nuestra apreciación nos vamos a remitir a dos hechos
concretos que tuvieron lugar en La Paz y en Cochabamba. Don Roberto de la Cruz
increpó, prácticamente insultó públicamente a la diputada Roxana Sandóval por el
tema de la autonomía. Nosotros, los cruceños, a pesar de que nos califican de
intolerantes regionalistas y racistas con los collas, permitimos que en nuestros
corsos desfilen los que quieran, pero en el 'corso de corsos' de Cochabamba, la
delegación cruceña, de 40 personas fue virtualmente atacada en una clara señal
de rechazo de la presencia cruceña en dicho evento.
Lo cierto es que ese tipo de actitudes demuestra una reacción contraria a
cualquier planteamiento que haga Santa Cruz y ese claro desamor debe motivarnos
a continuar en la lucha por la autonomía, cueste lo que cueste. ¡Hasta la
próxima!
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