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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Viernes 04, Marzo de 2005  

>>    Inaceptable injerencia

El Presidente de Venezuela, que con el cocalero boliviano Evo Morales hace muy buena yunta, no desaprovecha oportunidad para hablar de la situación de nuestro país, por supuesto a través de los insumos que le proporciona nuestro expansivo y explosivo compatriota.
El mandatario venezolano, enyuntado con nuestro cocalero, como si hubiesen nacido y crecido el uno para el otro, hicieron juntos la travesía desde Caracas hasta casi el otro extremo de nuestra América Morena, para estar presentes, a partir de un confite, en la ceremonia de posesión del presidente de la República Oriental del Uruguay. Saludable en estos tiempos, de todas maneras, este signo elocuente de hermandad.
Sin embargo el presidente venezolano hizo propicia la ocasión para emitir opiniones que, en esencia, entrañan injerencia en asuntos que son exclusivamente nuestros. El jefe del estado venezolano se refirió abierta y claramente a la situación boliviana que, en los últimos días, estuvo embargada por los movimientos cívicos vinculados con las demandas autonómicas y la anunciada Asamblea Constituyente.
Es completamente lógico inferir que, para hablar de estos temas puntuales referidos a nuestro país, el mandatario venezolano tuvo que sustentar sus afirmaciones en los criterios personales de su acompañante cocalero preferido y devoto. A nadie sorprendió, por consiguiente, que el presidente de la bolivariana república tratara de desnaturalizar las movilizaciones cívicas de los recientes días atribuyéndolas a las oligarquías que, por lo que parece, le revuelven sus tripas tanto como a su huésped adulado, o tal vez un poco más aún.
Pero aún si así fuese, es decir, si realmente fueran las oligarquías las que están o estuvieron tras las movilizaciones cívicas, es asunto que para nada incumbe al presidente de otro país, así se considere muy amigo de Bolivia o en particular de sus discutidos líderes o de sus reconocidos caudillos. Por muy todopoderosos que ciertos personajes se crean, están en el deber de observar un mínimo de prudencia y sobre todo, de refrenar la lengua.
De Venezuela, sin duda, hay mucho que hablar, hay mucho que opinar y la tentación de hacerlo es muy grande sin duda, porque el cariño entrañable por la Patria del Libertador mueve a desear lo mejor, lo más grande para ella y para su pueblo. Mas, aparte de los votos fervientes por la ventura venezolana y por el engrandecimiento del país hermano, nadie, qie se sepa, de este lado de nuestra América, se ha soltado de la lengua para arremeter contra la oligarquía venezolana ni contra ningún otro sector ciudadano de esa nación siempre digna de los mejores destinos.
En el mismo plano, con el debido respeto, queremos que se nos trate. Demandamos prudencia si es que necesariamente, del otro lado de nuestras fronteras, alguien, por muy grande que se crea, se va a ocupar de nosotros, de nuestras realidades o instituciones sociales, políticas o económicas. Que en general las oligarquías inspiran repudio en este mundo altamente socializado, pues dejen que el problema sea nuestro y que sea de nuestra responsabilidad exclusiva darles un espacio bueno, regular o malo en nuestros cuadros sociales.
Ni a título amistoso corresponden las injerencias en asuntos que son exclusivamente nuestros. Es lo básico entre las muestras de la amistad leal y sincera. Las amistades verdaderas se dan y se fortalecen a través de los hechos, no de las palabras circunstanciales.


‘Senofobia’

Oso Molino ®® Sonría “plis”

No fui a ver a la modelo y actriz Luciana Salazar, porque soy ‘senofóbico’. No me gustan los senos grandes, esos exuberantes, desde que en mi primera experiencia sexual, me tocó una samaritana del amor que me cubrió el rostro con sus tetas, a manera de almohadas y casi me asfixió.
Desde esa vez quedé traumatizado. Yo prefiero los senos pequeños, suaves y aromáticos como dos limones, o como un par de huevos con colesterol pero sin silicona, pero tampoco tan planos, como si estuvieran fritos.
Además, mi suegra no me dejó salir. -"Oiga, no se vaya a resfriar", me dijo blandiendo un paraguas como queriendo decir, "si salís, te doy un paraguazo". Se me ocurre que, más que por celos suegriles, fue por envidia, porque no todas tienen las ‘lolas’ de la Salazar. Al menos las de mi suegra son como de una elefanta, pero no por grandes, sino porque están llenas de arrugas, según me contó el manso de mi suegro, con el cual compartimos juntos el dominio matriarcal.
La verdad es que, Luciana en Santa Cruz, fue un chasco, porque fue traer leña al monte. ¿Por qué traer un par de senos postizos al seno de la belleza que es esta ciudad? Obviamente, todos están en su derecho de hacerlo, porque como dijo el sabio: "Entre tetas y colitas, no han escrito los autores". Aquí no hay que pagar dinero para recrearse con la belleza de la mujer. Ella, cae del cielo para caminar por nuestras calles, es el pan nuestro de cada día, derrama lisura y en su pecho, en sus pechos, bueno, en sus senos, siempre lleva aroma de dulzura que desparrama con tanta gracia, pero, como lo extranjero siempre es mejor, todos, con el morbo de mochila fueron a verla y creo que le pelaron. Esperaron que a la choca visitante, en un momento de esos, le dé un ataque de desinhibición y sin decir, agua va, se saque el sostén y ponga en órbita esos globos eróticos de silicona que quitan el sueño a muchos, pero eso no ocurrió. Fue como ir al fútbol y salir con el sabor amargo que deja el O a O.
Esa es una demostración objetiva de las cosas que pueden vender los medios.
Mis cuñados, luego de ver el Festival de Viña por la tele se convirtieron en locos ‘salazaristas’, pero luego de verla el pasado domingo, volvieron a ser calmos ‘lasallistas’.
Luciana no se lució, porque ella vestida, es igual que un cantante mudo.

* Licenciado en Senos y Colas, estudios que
realizó en el seno de la ONU, luego de
hacer cola en la OEA.
Osomolino@hotmail.com

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