El Presidente de Venezuela, que con el cocalero boliviano Evo
Morales hace muy buena yunta, no desaprovecha oportunidad para hablar de la
situación de nuestro país, por supuesto a través de los insumos que le
proporciona nuestro expansivo y explosivo compatriota.
El mandatario venezolano, enyuntado con nuestro cocalero, como si hubiesen
nacido y crecido el uno para el otro, hicieron juntos la travesía desde Caracas
hasta casi el otro extremo de nuestra América Morena, para estar presentes, a
partir de un confite, en la ceremonia de posesión del presidente de la República
Oriental del Uruguay. Saludable en estos tiempos, de todas maneras, este signo
elocuente de hermandad.
Sin embargo el presidente venezolano hizo propicia la ocasión para emitir
opiniones que, en esencia, entrañan injerencia en asuntos que son exclusivamente
nuestros. El jefe del estado venezolano se refirió abierta y claramente a la
situación boliviana que, en los últimos días, estuvo embargada por los
movimientos cívicos vinculados con las demandas autonómicas y la anunciada
Asamblea Constituyente.
Es completamente lógico inferir que, para hablar de estos temas puntuales
referidos a nuestro país, el mandatario venezolano tuvo que sustentar sus
afirmaciones en los criterios personales de su acompañante cocalero preferido y
devoto. A nadie sorprendió, por consiguiente, que el presidente de la
bolivariana república tratara de desnaturalizar las movilizaciones cívicas de
los recientes días atribuyéndolas a las oligarquías que, por lo que parece, le
revuelven sus tripas tanto como a su huésped adulado, o tal vez un poco más aún.
Pero aún si así fuese, es decir, si realmente fueran las oligarquías las que
están o estuvieron tras las movilizaciones cívicas, es asunto que para nada
incumbe al presidente de otro país, así se considere muy amigo de Bolivia o en
particular de sus discutidos líderes o de sus reconocidos caudillos. Por muy
todopoderosos que ciertos personajes se crean, están en el deber de observar un
mínimo de prudencia y sobre todo, de refrenar la lengua.
De Venezuela, sin duda, hay mucho que hablar, hay mucho que opinar y la
tentación de hacerlo es muy grande sin duda, porque el cariño entrañable por la
Patria del Libertador mueve a desear lo mejor, lo más grande para ella y para su
pueblo. Mas, aparte de los votos fervientes por la ventura venezolana y por el
engrandecimiento del país hermano, nadie, qie se sepa, de este lado de nuestra
América, se ha soltado de la lengua para arremeter contra la oligarquía
venezolana ni contra ningún otro sector ciudadano de esa nación siempre digna de
los mejores destinos.
En el mismo plano, con el debido respeto, queremos que se nos trate. Demandamos
prudencia si es que necesariamente, del otro lado de nuestras fronteras,
alguien, por muy grande que se crea, se va a ocupar de nosotros, de nuestras
realidades o instituciones sociales, políticas o económicas. Que en general las
oligarquías inspiran repudio en este mundo altamente socializado, pues dejen que
el problema sea nuestro y que sea de nuestra responsabilidad exclusiva darles un
espacio bueno, regular o malo en nuestros cuadros sociales.
Ni a título amistoso corresponden las injerencias en asuntos que son
exclusivamente nuestros. Es lo básico entre las muestras de la amistad leal y
sincera. Las amistades verdaderas se dan y se fortalecen a través de los hechos,
no de las palabras circunstanciales.
‘Senofobia’
Oso Molino ®® Sonría “plis”
No fui a ver a la modelo y actriz Luciana Salazar, porque soy
‘senofóbico’. No me gustan los senos grandes, esos exuberantes, desde que en mi
primera experiencia sexual, me tocó una samaritana del amor que me cubrió el
rostro con sus tetas, a manera de almohadas y casi me asfixió.
Desde esa vez quedé traumatizado. Yo prefiero los senos pequeños, suaves y
aromáticos como dos limones, o como un par de huevos con colesterol pero sin
silicona, pero tampoco tan planos, como si estuvieran fritos.
Además, mi suegra no me dejó salir. -"Oiga, no se vaya a resfriar", me dijo
blandiendo un paraguas como queriendo decir, "si salís, te doy un paraguazo". Se
me ocurre que, más que por celos suegriles, fue por envidia, porque no todas
tienen las ‘lolas’ de la Salazar. Al menos las de mi suegra son como de una
elefanta, pero no por grandes, sino porque están llenas de arrugas, según me
contó el manso de mi suegro, con el cual compartimos juntos el dominio
matriarcal.
La verdad es que, Luciana en Santa Cruz, fue un chasco, porque fue traer leña al
monte. ¿Por qué traer un par de senos postizos al seno de la belleza que es esta
ciudad? Obviamente, todos están en su derecho de hacerlo, porque como dijo el
sabio: "Entre tetas y colitas, no han escrito los autores". Aquí no hay que
pagar dinero para recrearse con la belleza de la mujer. Ella, cae del cielo para
caminar por nuestras calles, es el pan nuestro de cada día, derrama lisura y en
su pecho, en sus pechos, bueno, en sus senos, siempre lleva aroma de dulzura que
desparrama con tanta gracia, pero, como lo extranjero siempre es mejor, todos,
con el morbo de mochila fueron a verla y creo que le pelaron. Esperaron que a la
choca visitante, en un momento de esos, le dé un ataque de desinhibición y sin
decir, agua va, se saque el sostén y ponga en órbita esos globos eróticos de
silicona que quitan el sueño a muchos, pero eso no ocurrió. Fue como ir al
fútbol y salir con el sabor amargo que deja el O a O.
Esa es una demostración objetiva de las cosas que pueden vender los medios.
Mis cuñados, luego de ver el Festival de Viña por la tele se convirtieron en
locos ‘salazaristas’, pero luego de verla el pasado domingo, volvieron a ser
calmos ‘lasallistas’.
Luciana no se lució, porque ella vestida, es igual que un cantante mudo.
* Licenciado en Senos y Colas, estudios que
realizó en el seno de la ONU, luego de
hacer cola en la OEA.
Osomolino@hotmail.com