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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Lunes 28, Febrero de 2005

../images/blanco.gifAclaremos



Pbro. Luis Rojas C.

Con todo respeto opinamos que el presidente Mesa no es la democracia como afirma el senador Filemón Escóbar (lo hemos visto y escuchado), cuando dijo que: "Si lo tumban al presidente Mesa se termina la democracia". La razón es que la democracia no es un atributo personal. Es un sistema de gobierno.
La democracia no es la patria como se deduce de las afirmaciones de algunos políticos, preocupados por salvar la democracia, pero que ni se acuerdan de salvar a esta patria en peligro de que se la coman. Si se pierde la patria, ¿de qué nos sirve la democracia? Incluso al Sr. Nuncio de Su Santidad lo hemos visto y escuchado recomendar que no pongamos en riesgo la democracia. Expliquemos nuestra opinión: la democracia no es un fin. Es un medio político cuya doctrina tiene su razón de ser como sistema, el más adecuado para promover el bien común que haga feliz a todos los ciudadanos. De otra manera no sirve. Tenemos enseñanza abundante en la doctrina social de la Iglesia. Pero ya que de esto se trata-despojándonos por un momento de todo sentimentalismo político-partidario-, consideremos el problema de nuestra democracia boliviana en su dimensión objetiva:
¿Cómo va a ser apetecible una democracia que destruye la patria que es el bien común por excelencia, como sucede con la ley de corredores de exportación y las capitalizadas? ¿Cómo vamos a querer una democracia que le regala a la Argentina el millar de pies cubicos de gas por 8 bolivianos y a nosotros pobres nos vende a 48? ¿Cómo podemos enamorarnos de una democracia donde hay madres que lloran porque sus hijos tienen hambre. Donde hay corruptos que se enriquecen y honrados que se empobrecen. Donde la mentira se ha convertido en política de Estado? Aquí lo cortamos porque el inventario de nuestro infortunio es interminable.
Nos desilusionamos cuando escuchamos a nuestra Iglesia exhortar al diálogo y a la oración por la paz. ¿Para qué? ¿Para que todo siga igual? ¿No sería bueno que tenga cristianos de verdad, que sean expertos en los problemas económicos, jurídicos y sociales; que sean capaces de atacar el problema en su raíz? ¿De qué nos sirve llorar como viudas si no se eliminan las causas de la injusticia? Hagamos memoria de las enseñanzas de S. Agustín que dijo: "La religión no entra en estómagos vacíos". Sto. Tomás de Aquino también nos dice: "Para practicar la virtud hace falta un mínimo de comodidad". El mismo Nuestro Señor Jesucristo enseñaba su doctrina pero, cuando se trató del hambre, no les dijo que recen padrenuestros. Les dio pan de verdad.
Aclaremos todavía más: autonomía no quiere decir separatismo ni exclusivismo y mucho menos regionalismo. Argentina, Brasil, Estados Unidos, Alemania, etc. tienen estados federales autónomos, pero son una misma nación, una misma república o Estado. Un Estado descentralizado se parece al organismo humano, que siendo uno solo, está compuesto de órganos diferentes, con funciones diferentes que no se excluyen sino que más bien se incluyen. Por eso decimos que para una nación, la diversidad geográfica y étnica es una riqueza. En Bolivia hablar de cambas y collas en forma excluyente, es una chicanería propia de mentalidades pobres. El presidente cívico ha hablado como boliviano y como cruceño. Lo demás es inventar el maniqueo para asestar la puñalada.

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