Aclaremos
Pbro. Luis Rojas C.
Con todo respeto opinamos que el presidente Mesa no es la democracia como
afirma el senador Filemón Escóbar (lo hemos visto y escuchado), cuando dijo que:
"Si lo tumban al presidente Mesa se termina la democracia". La razón es que la
democracia no es un atributo personal. Es un sistema de gobierno.
La democracia no es la patria como se deduce de las afirmaciones de algunos
políticos, preocupados por salvar la democracia, pero que ni se acuerdan de
salvar a esta patria en peligro de que se la coman. Si se pierde la patria, ¿de
qué nos sirve la democracia? Incluso al Sr. Nuncio de Su Santidad lo hemos visto
y escuchado recomendar que no pongamos en riesgo la democracia. Expliquemos
nuestra opinión: la democracia no es un fin. Es un medio político cuya doctrina
tiene su razón de ser como sistema, el más adecuado para promover el bien común
que haga feliz a todos los ciudadanos. De otra manera no sirve. Tenemos
enseñanza abundante en la doctrina social de la Iglesia. Pero ya que de esto se
trata-despojándonos por un momento de todo sentimentalismo político-partidario-,
consideremos el problema de nuestra democracia boliviana en su dimensión
objetiva:
¿Cómo va a ser apetecible una democracia que destruye la patria que es el bien
común por excelencia, como sucede con la ley de corredores de exportación y las
capitalizadas? ¿Cómo vamos a querer una democracia que le regala a la Argentina
el millar de pies cubicos de gas por 8 bolivianos y a nosotros pobres nos vende
a 48? ¿Cómo podemos enamorarnos de una democracia donde hay madres que lloran
porque sus hijos tienen hambre. Donde hay corruptos que se enriquecen y honrados
que se empobrecen. Donde la mentira se ha convertido en política de Estado? Aquí
lo cortamos porque el inventario de nuestro infortunio es interminable.
Nos desilusionamos cuando escuchamos a nuestra Iglesia exhortar al diálogo y a
la oración por la paz. ¿Para qué? ¿Para que todo siga igual? ¿No sería bueno que
tenga cristianos de verdad, que sean expertos en los problemas económicos,
jurídicos y sociales; que sean capaces de atacar el problema en su raíz? ¿De qué
nos sirve llorar como viudas si no se eliminan las causas de la injusticia?
Hagamos memoria de las enseñanzas de S. Agustín que dijo: "La religión no entra
en estómagos vacíos". Sto. Tomás de Aquino también nos dice: "Para practicar la
virtud hace falta un mínimo de comodidad". El mismo Nuestro Señor Jesucristo
enseñaba su doctrina pero, cuando se trató del hambre, no les dijo que recen
padrenuestros. Les dio pan de verdad.
Aclaremos todavía más: autonomía no quiere decir separatismo ni exclusivismo y
mucho menos regionalismo. Argentina, Brasil, Estados Unidos, Alemania, etc.
tienen estados federales autónomos, pero son una misma nación, una misma
república o Estado. Un Estado descentralizado se parece al organismo humano, que
siendo uno solo, está compuesto de órganos diferentes, con funciones diferentes
que no se excluyen sino que más bien se incluyen. Por eso decimos que para una
nación, la diversidad geográfica y étnica es una riqueza. En Bolivia hablar de
cambas y collas en forma excluyente, es una chicanería propia de mentalidades
pobres. El presidente cívico ha hablado como boliviano y como cruceño. Lo demás
es inventar el maniqueo para asestar la puñalada.
|