Nostalgias del Piraí
Emilio Rojas Hervas
Ya me fui de la ciudad de mis ensueños y ya no quiero volver; no es el aquí y
el hoy para mí; ni siquiera tengo fe en que la posteridad note un día mi
ausencia.
El pueblo bien funciona sin poetas, la autonomía es ahora un alud santificado e
irreversible. ¿Qué más se puede pedir? Son vanidad los sueños de fama en los
predestinados a tinieblas.
Hay dos tipos de escritores: los que llegan a la fama y los que dan a luz versos
de musas sin nombre. Escribir en algunos es instinto animal, como en los pájaros
es volar.
El tiempo de los poetas aún no ha llegado; se mueren de soledad en los suburbios
o en los lugares más lejanos; son recordados, si tienen suerte, por un día, y
vuelven a la tranquila soledad de sus tumbas. Nadie los llora porque para sus
contemporáneos son sujetos inservibles; es para la posteridad que ellos sirven,
para rellenar algunos huecos en libros de literatura con el tiempo; los bohemios
muertos son asépticos; el brillo crítico de sus miradas ya apagado, se elige de
ellos los versos más sutiles, se les ensalza con pompa y poco gasto; los poetas
muertos no beben en exceso ni faltan al decoro, con algunos recortes de censura
son inspiración en las aulas en futuros distantes.
"Ciudad ideal que festeja al mismo tiempo que produce. Metrópoli cultural y de
turismo. Es Atenas en su época de oro, es Venecia en el renacimiento, es París
en el siglo XVIII. Es Santa Cruz: colonial, clásica, bella y culta como lo fue
siempre.
Todo el Casco Viejo es peatonal y en cada esquina hay una banda de música
tocando melodías cruceñas, de rock, típicas y barrocas. Agua limpia y clara
salpicada de pétalos de flores se desliza por amplios canales que ocupan todo el
ancho de antiguas calles del centro. Navegan góndolas llevando enamorados,
pandillas de estudiantes y turistas, puestos flotantes de flores, ateliers de
pintores y balsas con bailarinas de can-can y violoncelistas barrocas. Nuevos
canales se abren paso hasta el atrio mismo de la Catedral, por debajo de
pequeños puentes clásicos y post-modernos.
Todo el primer anillo es un paseo cultural, con bibliotecas públicas y teatros
al aire libre, fotógrafos, retratistas, artesanos, encantadores de serpientes,
artistas de computadoras, guitarristas, mimos y actores, escultores, escritores
de versos, coros de niños. Gente paseando a pie y a caballo, en bicicleta o en
carruajes neobarrocos muy de moda.
Conciertos en iglesias y en sus atrios se regalan partituras. Coros de
palomillos en los centros de las plazas cosechan aplausos y monedas; profesores
dan clases, bajo árboles, a jóvenes entusiastas de vecindades distantes;
estudiantes de psicología, gimnasia, arte y medicina mejoran la mente, el
cuerpo, la percepción de belleza y la salud de los paseantes." (Para los que
recuerdan mi "Santa Cruz de ensueño")
El Piraí está en mi corazón, eternamente.
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