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EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 27, Febrero de 2005  

>>    Autonomía, fervor que hay que aprovechar

En los últimos días hemos tenido la oportunidad de participar de encuentros cívicos, culturales, empresariales, sociales y de índole diversa, en que nuestra gente se congregó por centenares y quizás totalizó mil almas, poco más, poco menos, en algunos de tales encuentros motivados por diversas causas.
Lo notorio de estos encuentros fue que el tema de las autonomías, que tiene en vilo y movilizada a la vigorosa comunidad cruceña, estuvo presente siempre, fue el obligado centro, no sólo de los discursos protocolares, sino también de la conversación de los asistentes. Para nada aparecía en los programas a que debían ceñirse los encuentros aludidos la materia de las autonomía y, sin embargo, de ello se habló desde el estrado de los oradores oficiales, y de lo mismo hubo un constante intercambio de comentarios por el lado de la concurrencia.
Normalmente, y lo decimos porque creemos conocernos a fondo, los cruceños no somos muy afectos a los discursos por muy buenos que ellos sean. Hombres de acción por naturaleza, prácticos en todo sentido, preferimos actuar, avanzar hasta cuando las dificultades para hacerlo sean mayúsculas. Por eso no dejó de impresionarnos que en el tiempo presente, que en los últimos días de la semana que concluye, habiendo copado el tema de la autonomía todos los discursos y motivado todos los cambios de opinión, se le hubiera dedicado largas y agotadoras horas y con una manifiesta concentración.
Como no podía ser de otra manera, los discursos acerca de las autonomías coincidían en casi todos los aspectos y machacaban en torno de principios, estrategias, ventajas, para concluir demandando firmeza, entrega total, renovación de votos de fe y de esperanza en cuanto a la necesidad de cambiar los viejos moldes en que se debate la república frustrada a merced del centralismo.
Una y otra vez se repetían los argumentos y una y otra vez se lanzaban las mismas críticas y reproches en contra de los que no comulgan con la posición. Mas pese a la reiteración y a que se abusaba en el uso del tiempo y de la palabra, el auditorio se mantenía enfervorizado, expectante, sin dar una sola muestra de fatiga. Para corroborar aquello de que así estaba de templado el ambiente, el auditorio interrumpía las peroratas con sostenidos aplausos y concluía con el grito atronador de “¡Autonomías!”
En rigor de verdad, grande, muy destacable, difícil de regular y menos todavía de controlar semejante fervor. Hay una positiva animosidad, la que es indispensable para llevar adelante programas y proyectos audaces.
El fervor que han encendido las autonomías no hay que desaprovecharlo, hay que conservarlo cuando menos y, de ser ello posible, acrecentarlo. Las autonomías no se van a dar, de ello tenemos que estar seguros, por el solo hecho de que Santa Cruz de la Sierra esté liderando el movimiento autonomista. Para conseguir que las autonomías salgan del plano de los ideales y se abran campo en la maltrecha realidad nacional, es preciso crear una conciencia cabal acerca de lo que implica el concepto autonómico, y no sólo en el ámbito de este Oriente soñador, sino a lo largo y a lo ancho de todo el país que vive crónicamente minado por el escepticismo
El fervor que ha eclosionado aquí en torno de las autonomías hay que encenderlo asimismo en los valles, en las alturas y en todos los rincones del país. Difícil de lograrlo por la falta de medios materiales para movilizarse y porque, sin duda, no serán pocos los intereses creados que se pongan al frente dispuestos a hacer fracasar la renovadora corriente. Pero aun reconociendo que las cosas no se van a dar con facilidad, hay que actuar, hay que hacer cundir el fervor autonomista. Frente a mayores desafíos nos hemos visto los cruceños y no nos ha fallado la fórmula de la voluntad que es tan importante cuando se quiere marchar de frente.


Santa Cruz: garante de la unidad nacional

Dominicus

Contra toda la perversa campaña mediática tejida gratuitamente en Occidente, surge una verdad irreversible: Santa Cruz es el garante, la única garantía, de unidad nacional. No hay nadie más que pueda hacerlo. La Paz alguna vez estuvo en condiciones, ya no lo está más por su proceso de declinación y por sus agudos conflictos étnico-sociales; Cochabamba no ha sido ni lo será; Chuquisaca fue alguna vez, pero eso ya es cosa del pasado; Oruro y Potosí estuvieron durante el auge de la minería en lugar preponderante, ahora no lo están; Tarija es veleidosa y cambiante, apenas puede pensar en garantizarse a sí misma; Beni y Pando están todavía pendientes de un cambio que les permita hacer que su futuro se transforme en presente.
Así, pues, no hay nadie, nadie más que Santa Cruz, para preservar y unir a este país llamado Bolivia. Y esto, guste o no guste, es la realidad pura. Por tanto, ¡basta ya de anticruceñismos infantiles! Porque además lo único nacional que hay en Bolivia es lo que hay en Santa Cruz. Todo el resto es regional. Santa Cruz, por la diversidad de su gente, la pujanza y producción que tiene, más el innegable liderazgo que poco a poco va ejerciendo y que tarde o temprano terminará en hegemonía, es de lejos -repito- lo más auténticamente nacional que tenemos en Bolivia y por tanto, la solitaria prenda de garantía para que este país permanezca unido en su diversidad.
A estas situaciones que tan sumariamente anotamos, debe sumarse el hecho de que Santa Cruz es aglutinadora, incluyente y cohesiva; acá marchan igual obreros, campesinos, estudiantes, profesionales y empresarios. Y lo hacen todos del brazo, sean blancos, mestizos, cambas o collas asentados en esta tierra bendita. No hay divisionismos clásicos y antipáticos que, sin ir muy lejos, son típicos de La Paz y de Cochabamba, las otras dos "troncales" del eje fundamental de Bolivia que ahora tiene en Santa Cruz su centro de gravedad y que, en un futuro próximo, será también sede de gobierno.
El cruceño es modesto y no aspira a hegemonías; por ahora pide su legítima demanda de autonomía. Pero las líneas del destino están trazadas: tarde o temprano Santa Cruz está llamada a mandar en Bolivia y mandar para bien, para provecho de todos y para sostener unida a esta patria. No hay nadie más, que así se entienda de una buena vez. Sin Santa Cruz no hay ninguna garantía, con Santa Cruz Bolivia tiene todas las posibilidades de salir adelante. Este nuestro departamento es el único aval del futuro boliviano.

 

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