En multitudinario encuentro se convirtió el acto preparado por
este nuestro Diario Mayor para celebrar sus 52 años de vida. Desde los más altos
dignatarios del Estado, hasta el más modesto de los colaboradores, dignos todos
de la más elevada estimación, estuvieron en la cita cordial y fraterna que se
cumplió anoche.
Pero no se limitaron las demostraciones de aprecio y de respeto con que fue
honrado EL DEBER, a la presencia física de una multitud en el acto de
recordación y de regocijo. Tanto o más que eso fueron materializadas las
expresiones de amistad, de respeto y afecto, a través de presentes florales,
plaquetas recordatorias, cartas y mensajes por todos los medios, siempre en tono
de adhesión incondicional. Ayer, e incluso desde días anteriores, nuestras
oficinas centrales y nuestras agencias urbanas, fueron visitadas por legiones de
amigos y de gente de diversos sectores, cada cual con un mensaje elocuente y
fino de salutación y de buenos augurios.
La tan abrumadora suma de gentilezas de la que fuimos objeto nos persuade una
vez más de algo que hemos venido sosteniendo a través de los años. Con nuestro
Diario Mayor, más, muchos más, son las amistades que hemos hecho que las
enemistades que se quedaron a la vera de los tortuosos caminos. Nos convence,
asimismo, de que nuestro trabajo, si no perfecto, no ha sido malo. Supimos
escoger el camino adecuado que no es secreto ni tiene anfractuosidades en las
cuales fácil resulte extraviarse. Escogimos el camino de la verdad y de la
justicia y, como complemento infaltable, nos manejamos dentro de los planos de
la prudencia y del buen sentido común.
No vamos a envanecernos ni a pensar a partir de hoy de que ya hemos alcanzado
todas las metas y que están dadas las condiciones para que nos tomemos un
descanso o nos demos un respiro de alivio. En este oficio duro, delicado y
complejo del periodismo, cuando se lo vive más con vocación profunda que con
académico profesionalismo, ni el descanso ni el respiro son susceptibles de ser
tomados. La vocación periodística, cuando es profunda, lleva a quien la ejercita
a vivir cada día como si fuera el primero, o sea con las mismas ansias, con el
mismo énfasis, con el ánimo firmemente predispuesto para llegar hasta el
sacrificio, de ser necesario.
Aparte de que nuestra profunda fe de cristianos nos mueve a pensar que fuimos
privilegiados de la misericordia, de la bondad de Dios, y que gracias a sus
celestiales dones llegamos hasta donde hemos llegado, alentamos la convicción de
que nuestra disciplina, nuestro afán de hacer de cada día el primero en la vida
de la empresa, también ejercieron influencia decisiva para que las cosas
hubieran marchado siempre cuesta arriba. Una combinación, entonces, de lo
divino, con lo humano, con la entrega plena en aras de un objetivo común, es la
causa de esta realidad maravillosa que hoy en día se llama Diario Mayor EL
DEBER.
Y porque nos sabemos depositarios de la confianza de nuestra gente, porque no
nos falta en ninguna circunstancia el aliento de la ciudadanía y de sus
instituciones, traducidos gráficamente anoche, oportuno se hace renovar nuestros
votos de fe y nuestros propósitos de servir a la verdad y a la justicia sin
condicionamiento alguno. Siempre estaremos en esta posición mientras nos queda
un hálito de vida.
Evo, ni si, ni no
Oso Molino ®® Sonria “plis”
En la recepción social que dio EL DEBER, en ocasión de
conmemorar 50 años de actividad periodística, a la que me adherí con un par de
whiskys que me inspiraron a bailar, cosa que no hago al menos sobre la tarima,
solo, sin música y medio chuto, logré una primicia. La grabación de una cinta en
la cual se escucha a Evo hablando con Adana que es el nombre de una negra que
vende manzanas en Chapare.
Transcribo la misma, por el contenido histórico que contiene.
- Hola, ¿ Evo? Habla Adana.
- ¿Cuál Aduana?
- Pero tu Adana, tu novia, caimán.
- Ah Adana! Escuché mal, amor de mis amores. Te iba a llamar para decirte que te
quiero con toda mi fuerza, incluidas las bases del MAS.
- Con que tú me quieras basta Evito de las selvas, papucho de la hoja de coca,
Tarzán de la política.
- Gracias, pero no seas chupa, que me hacés poner colorado.
- Te llamé para decirte que me confirmes la fecha de nuestro matriqui.
- ¿Cuál matriqui?
- De nuestro matrimonio, nupcias, boda, esponsales, casorio.
- ¿Yo te dije que me iba a casar contigo?
- Lo juraste de hinojos, a los pies de la virgencia de Urkupiña.
- ¡Claro! Me había olvidao oye. No es que me haga el sueco, pese a que siempre
voy a Europa, gentileza de Hugo, pero mirá me había olvidado.
- ¿De qué Hugo hablas?
- Hugo Chávez, que será nuestro padrino de aros.
- ¿O sea que nos casaremos?
- ¡Claro mi amor!
- Y¿ cuando mi cielo?
- Cuando vuelva de Europa!
- Y ¿cuándo irás a Europa?
- No, ya no iré a Europa.
- ¿O sea que no te casarás conmigo?
- No, no dije eso, te dije que no iré a Europa.
- Pero dijiste que te casarás cuando vuelvas de Europa y si no vas a Europa,
deduzco que no habrá matriqui.
- Eres muy tierna para entenderme. Esas son sólo estrategias. Siempre hablo así
para confundir al enemigo. Un día apoyo a Mesa, luego te doy palo, a los cambas
les hice creer que apoyaba la autonomía y luego les dije nonis, aunque me parece
bien que haya autonomía, pero mejor si no hay a no ser que haya pero siempre y
cuando haya la Constituyente, pese a que no estaría mal que primero sea el
referéndum, porque no estoy de acuerdo con que haya triple elección, pero si es
vinculante podría ser a no ser que no sea, ¿me entiendes, no?
- Sí mi vida. Pero no hablo más porque me vinieron unos mareos repentinos.
- Guaguita debes estar esperando.
- No, te estaba esperando a ti, pero me he desanimado. No tienes palabra. Chau.
* Experto en Ciencia ficción. Investigador del Pensamiento Humano y sus
derivaciones cantinflescas, estrategia muy común en la historia de la política
boliviana donde si quiere decir no y donde todos prefieren decir ni. (ni si ni
no, ni blanco ni negro.)