Duarte reacciona con cambio de un ministro
Presentación. El presidente, Nicanor Duarte, (der.) junto a su nuevo encargado de Interior, ante la prensa ayer
EFE. Asunción
Con el nombramiento del cuarto ministro de Interior en 18 meses de Gobierno,
el presidente paraguayo, Nicanor Duarte, volvió ayer a dar la misma, y hasta el
momento única, respuesta al crónico problema de la seguridad en su país.
El último ministro, Nelson Mora, duró cinco meses en el cargo y fue sustituido
por Rogelio Benítez, ex alcalde de la sureña ciudad de Encarnación, tras
renunciar al no haber podido dar, los cuerpos de seguridad, un final feliz al
secuestro de Cecilia Cubas, hija del ex presidente Raúl Cubas, que fue
asesinada.
El hallazgo, hace ocho días, de sus restos era premonitorio del cambio consumado
ayer y de la purga en la cúpula de la Policía que acompaña la salida de cada
ministro en este país y que en este hecho ocasionó además el relevo de 32 jefes
policiales.
Pero han sido tantos los cambios -ocho ministros desde febrero de 2002- que el
comandante de la Policía, Carlos Zelaya, no podrá ser destituido hasta que se
ascienda a un comisario a la graduación requerida para el cargo.
"La Policía está en una hora clave. Nuestra obligación es recuperar la confianza
de la gente, la moral de los miembros de la institución, la honestidad de
propósitos y de acción", dijo Duarte.
Mora dijo que su paso por el cargo fue una experiencia ‘fantástica’ que le deja
más cosas ‘positivas’ que ‘negativas’. "Los hechos suscitados abrieron una
crisis, y yo no espero que por mi causa se tenga que truncar la política de
Gobierno", afirmó.
Anteriormente, ocupó la cartera Roberto González, que dimitió en octubre de 2003
después de que medios de prensa asuncenos le acusaran de ordenar la liberación
de un camión interceptado con discos compactos sin la preceptiva documentación
aduanera. No hubo juicio.
Tras González, que ocupa ahora la cartera de Defensa, fue ministro de Interior
Orlando Fiorotto, que superó el trágico incendio del supermercado asunceno Ycuá
Bolaños en el que murieron 367 personas, pero no pudo con la presión tras el
asesinato de otro secuestrado, Amín Riquelme, un niño de diez años, en octubre
de 2004.
En el discurso de hoy, Rogelio Benítez prometió la misma lucha contra la
corrupción en el seno de la Policía que Mora esgrimió como bandera de su
proyecto el día de su toma de posesión.
El último caso que pone a la Policía bajo la lupa es la denuncia del comisario
Merardo Palacios, que informó en diciembre a sus superiores sobre ‘actividades
extrañas’ en la casa donde finalmente fue hallada Cecilia Cubas.
Bajo la lupa y sin recursos
Rogelio Benítez prometió la misma lucha contra la corrupción dentro de la
Policía que su antecesor Mora planteó el día de su toma de posesión. Sin
embargo, la corrupción en un cuerpo militarizado y sin presupuesto queda al
descubierto periódicamente con casos como el de un comerciante brasileño
asesinado en enero presuntamente por policías hoy procesados.
El Gobierno no ha encarado aún la reforma de un cuerpo cuya situación es
‘dramática’, según parlamentarios de la comisión de presupuesto del Congreso. Un
jefe de comisaría rural gana 309.000 guaraníes ($us 52) al mes; en la capital el
sueldo de un efectivo es de 509.000 guaraníes ($us 86) y los agentes se compran
el uniforme y las balas.
Además, el 51% de las comisarías no tiene vehículos y en el 49% restante la
mitad de los coches ha superado ya su tiempo de vida útil.
|