¿Qué fue primero: el huevo o la gallina?
Betty Tejada Soruco*
En el año 2004, cuando discutíamos la ley marco del referéndum y Santa Cruz
planteó la incorporación de los referéndum departamentales y municipales en la
ley, hasta se denunciaron aprestos de división, además de ingerencias de países
vecinos interesados en los recursos naturales nacionales. El debate duró semanas
sólo por 'la alta susceptibilidad' que despertaba la propuesta cruceña
'separatista'. Irónicamente, ahora el referéndum municipal será por primera vez
usado en la ciudad de El Alto para resolver el tema del agua.
Ahora, cuando Santa Cruz demanda un referéndum para la autonomía surge otra vez
esa 'susceptibilidad' y el argumento de intereses oligarcas y petroleros; genera
el dilema del huevo o la gallina, ¿qué es primero: autonomía o constituyente, o
viceversa?
¿Deben ser los asambleístas los que decidan respecto a la incorporación de las
autonomías en la nueva Constitución? (Constituyente) o, es el pueblo el que a
través de un referéndum vinculante dé el mandato a los asambleístas para
incorporar el modelo autonómico en nuestra próxima Constitución? (referéndum).
Los asambleístas serán representantes electos de partidos y agrupaciones, y no
hay que olvidar que el sistema representativo estuvo a punto de colapsar con la
debacle de los partidos políticos. Menos mal que desde el Parlamento, en un acto
de reconocimiento y lectura cabal de los cambios urgentes, se le dio al pueblo
la institución del referéndum, quedando establecido que 'el pueblo delibera y
gobierna' y que este privilegio nunca más sería exclusivo de sus representantes.
Por ello es que resulta contradictoria la posición actual de algunos sectores y
partidos con representación parlamentaria que se oponen a un referéndum que en
la Constitución no está condicionado a una constituyente previa.
¿Qué si las autonomías dividirán al país? Si seguimos alimentando de manera tan
irresponsable los racismos, la xenofobia, el exceso del radicalismo (que no es
lo mismo que revolución) y el tráfico de poder para el beneficio de unos cuantos
infaltables avivatos 'cuello blanco' de turno que se disfrazan de pueblo para
seguir medrando; las autonomías serán tan peligrosas como la nueva Constitución
y lo que inventemos.
Y es que 'el hábito no hace al monje'. No basta con repetir (para no quedar de 'anti-cruceño')
'autonomía, autonomía!'. O 'Constituyente, Constituyente!' (para no quedar de
antipopular occidental). Hay que entender que éste es un momento de cambios
difíciles y profundos que deben ser entendidos, comprendidos y canalizados con
un patriotismo (que no es lo mismo que patrioterismo) extraordinario,
responsable, cauteloso y oportuno.
Autonomía sin unidad nacional inquebrantable no es viable ni aceptable y resulta
condenable desde todo punto de vista. Pero el derecho a la libre determinación
de los pueblos debe ser respetado en todos los rincones del planeta y por ende
en Bolivia. Ahora, aunque digan que no, los parlamentarios tenemos la palabra.
*Diputada Nacional
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