Democracia informal
Paulovich ®®La noticia de perfil
Hace algunos días escuché a un célebre político de Churubamba referirse con
desprecio a la política formal que las sociedades encargan a los partidos
políticos, y abogar de forma entusiástica por lo que él llamó la ‘democracia
informal’, pensamiento que me cayó como anillo al dedo porque siempre fui un
negrito informal.
Llevado de ese convencimiento, hace años que ejerzo mi ocupación de comerciante
informal cuando concluyo mis labores de periodista poco formal, y durante un mes
he vendido, ayudado por mis colaboradoras informales, comida paceña: fricasé y
otra ‘delikatessen’ en la feria de Alasitas, sin dejar de atender en mi kiosco
donde expendo normalmente y al menudeo dinamita y algunas armas de fuego, por lo
cual eso de la ‘política informal’ me entusiasmó porque de acuerdo a lo que
comprendí yo también podría hacer política sin haber estudiado un ‘corno’ y sin
tener la necesidad de pertenecer a un partido político.
Intuí que el primer paso que debería dar era organizar un ‘movimiento social’,
como se llama en la actualidad, y erigirme en su primer dirigente, dudando entre
formar una Junta de Vecinos, un Grupo Cívico, o una Unión de Trabajadores, o un
Sindicato de Vendedores, o una Agrupación de Ciudadanos llamada ‘Los sin Chola’
similar a ‘Los Sin Tierra’, decidiéndome por la última opción.
Para organizar este movimiento social pensé en que lo primero debería ser la
redacción de un documento profundo buscando la adhesión de muchos ciudadanos que
se encontrarán en la misma situación que la mía y que reclaman con justicia su
derecho a tener una chola, como la tienen los privilegiados de nuestro país.
Como no me hallaba con muchas ganas de redactar una declaración de principios,
sólo puse en mi kiosco, situado en las cercanías de la avenida Buenos Aires un
gran letrero que dice: “Movimiento sin Chola (MSCH) ¿No tiene usted chola y se
siente excluido de este legítimo derecho ciudadano, mientras otros privilegiados
tienen kilómetros cuadrados de mujeres? Firme en el libro de adherentes y será
feliz”.
A los pocos minutos de colocar mi llamativo letrero, una larga fila de
ciudadanos se había formado ante mi kiosco, y centenares habían estampado sus
firmas y escrito el número de su carné de identidad para no ser observado por la
Corte Departamental Electoral. Algunos que llegaron de las provincias me
manifestaron con pena que no sabían firmar pero que deseaban pertenecer al
‘Movimiento sin Chola’, indicándoles que podrían imprimir sus impresiones
digitales.
Expertos en movimientos sociales me dijeron que debería contar con cincuenta mil
firmas de adherentes, cantidad que espero conseguir hasta fines de la presente
semana porque parece que mi mensaje llegó al corazón de muchísimas personas.
Un ciudadano envidioso llegó hasta mí y me dijo en la oreja: “Yo se que tú
tienes chola y podría denunciarte ante las autoridades respectivas...”,
respondiéndole sin miedo: “yo no tengo chola, yo tengo una europea, y si tuviera
una chola no importaría porque también algún dirigente de los Sin Tierra tiene
la suya”x.
Mi movimiento social está en marcha y sólo espero que sea autorizado pronto para
poder asistir con todo derecho a la Asamblea Constituyente.
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