Merced a equivocados criterios y porque en este país
confundimos las cosas, los paros de uno y más días, las huelgas indefinidas y
los ayunos voluntarios se convirtieron en el recurso fácil para hacer
planteamientos de la naturaleza más diversa, sin que importe la ley que señala
los pasos que se deben seguir antes de llegar a una extrema medida como es la
interrupción de la jornada laboral. Incluso nos dimos el lujo de patentar o
copiar curiosidades que también alteraban la actividad, o mejor dicho que
servían para no cumplir nuestras tareas, como el “trabajo a desgano” y la
“huelga de brazos caídos”.
Pues bien, mientras que en naciones vecinas y en las que están allende los mares
-y ni hablar de las que pertenecen al “primer mundo”-, ponen alma, vida y
corazón en lo que tanto ennoblece al ser humano como es el trabajo, en este país
boliviano tan peculiar, continuamos ideando fórmulas que, además de paralizar
las labores, coartan derechos inalienables y dañan a terceros, especialmente a
la patria. Es así que solemos ver marchas en las que se disparan peligrosos
cohetes y mortíferos dinamitazos, caminatas cubriendo centenares de kilómetros
con criaturas de pecho a cuestas que se convierten en víctimas de la “hazaña”, y
lo último que parió Pilatos: antes de entablar el diálogo civilizado se anuncia
la “medida de presión” y se lleva a cabo el “bloqueo”.
Bloqueo que puede ser de calles y avenidas en las ciudades pero que se da en
mucho mayor medida en los caminos, mientras más importantes mejor. Y doblemente
mejor si es con deslizamiento de piedras para destruir el pavimento (que de la
misma manera puede ser dañado con picota), siendo ya un “éxito” rotundo si el
bloqueo alcanza a pozos petroleros y gasíferos de los que fluye actualmente la
principal riqueza nacional.
Tan original forma de sustentar y reclamar derechos cobró más fuerza en Chapare
hace algunos años, donde se instalaron dirigentes sindicales de fácil y
mentiroso discurso, que aprovecharon la buena fe de gente laboriosa para
entablar dura lucha contra los gobiernos de turno en la porfía por los
sembradíos de coca excedente que favorecía -y sigue favoreciendo-, la
fabricación y tráfico de cocaína. Como reguero de pólvora corrió por toda
Bolivia la costumbre de los bloqueos y, según lo apuntamos líneas arriba,
preferentemente de caminos de vital importancia. El departamento de Santa Cruz,
donde siempre ha sido timbre de orgullo cumplir los deberes laborales, no podía
quedar al margen de la “ocurrencia”. Diligentemente arribaron los falsos
dirigentes, enviaron emisarios o adoctrinaron a lugareños y a quienes llegaron a
la llanura con ánimos edificantes, y más temprano que tarde los bloqueos
brotaron como hongos. En los últimos días los tuvimos -o cuando menos están
latentes las amenazas-, en todas las direcciones: en San Julián, en Yapacaní, en
la ruta hacia Camiri y Yacuiba, en los valles y en la vía férrea que nos conecta
con Brasil.
La sacrosanta ley de trabajar para avanzar en la vida, para alcanzar destinos
superiores, es abruptamente quebrantada por los bloqueos. Todo por lo dicho al
comienzo de este comentario, por un criterio equivocado y por confundir las
cosas. Creen que democracia y libertad es el derecho de hacer lo que les plazca
a los individuos que trafican con la buena fe del pueblo, que están de aquí para
allá sembrando la discordia. No señor, contra éstos y sus acólitos -que no son
pocos-, y precisamente en nombre de esa democracia y de esa libertad, el
Gobierno nacional y sus organismos pertinentes tienen que actuar con severidad y
con un simple e inobjetable fin: aplicar la ley para que marche la patria por el
derrotero que le señalaron sus creadores.
Gracias hermosas muchachas (II)
Tertuliador ®® desde el mojón de la esquina
Estaría bien que se las hiciera blanco de la tacha descomedida
e inapelable si fuesen sorprendidas en faltas contra la moral.
En demostraciones de incultura.
En desbordes, en excesos que, aunque muchos son propios de la juventud, en el
caso de nuestras hermosas muchachas nunca han tenido manifestaciones detonantes,
fuera de lugar.
No han hecho otra cosa nuestras modelos, las del calendario de Fancesa, y como
ellas muchas más en diversas circunstancias, que exponer con donosura y gracia,
su belleza, sus deliciosos atributos físicos que hacen suspirar.
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Todas ellas han sido aplaudidas fervorosamente allí donde se han hecho presente.
Y estamos hablando de Santa Cruz de la Sierra.
De casi todas las ciudades de Bolivia.
De las más importantes capitales de América.
De muchas más en la vieja Europa.
E incluso de los milenarios países de Asia.
Del uno al otro extremo del planeta Tierra, nuestras hermosas muchachas han sido
cabales y gentiles embajadoras de Bolivia.
En muchas partes, en que ni siquiera se sabía adónde se encontraba Bolivia,
empezó a pronunciarse su nombre con admiración, asociado con la personalidad de
sus lindas mujeres.
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¿Alguna vez fueron sorprendidas en actividades ilícitas?
¿Se las apuntó con el dedo en razón de haber hecho algo indebido?
¿Se las descubrió mezcladas en casos de contrabando?
¿De tráfico de sustancias prohibidas, drogas por ejemplo?
¿Las sorprendieron los famosos “paparazzi” en estado de ebriedad o drogadas en
centros nocturnos de diversión?
¿Se complicaron tratando de seducir jurados en los certámenes de belleza de que
fueron partícipes?
¿Concurrieron a los encuentros de la belleza universal falseando su estado civil
o escondiendo la maternidad?
Nada, absolutamente nada de todo ello.
Siempre se mostraron tal cual son.
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Pero por todo lo ejemplar de que han sido protagonistas nuestras bellas
muchachas, nunca desde este nuestro país en que tan merecedores somos, se les ha
hecho llegar un aplauso cuando menos, y ni qué decir de un premio material.
En cambio basta y sobra el más pequeño desliz en las expresiones, para que se
trate de hacer polvo a tan divinas criaturas.
Ahí está el caso del calendario de Fancesa, a cuyas modelos, en el primer plano
que les corresponde, se les atribuye posturas de desprecio frente a las etnias
que sólo son parte de un diseño original.
¿Les sirve de consuelo mi rendido ¡Gracias muchachas!?