Road movies. Historias de carretera
Producción. ¿Quien mató a la llamita? es una realización del taller de cine cochabambino La Fábrica, en conjunto con el cineasta cruceño Rodrigo Bellott
Miguel Ángel Devia
Género. Cada vez son más comunes las películas en que la
carretera es parte fundamental del relato, incluso son constantes las analogías
que se hacen entre esta y la vida misma
Con el paso del tiempo, las historias en que el asfalto se
convierte en un personaje protagónico se han ido haciendo mucho más frecuentes.
Aunque es difícil establecer su origen en la pantalla grande, la propia Ilíada
de Homero se podría tomar como una historia de viaje, cuyo fin, al igual que el
de las 'road movies' se da con la conclusión de la travesía de Ulises.
Cada vez son más comunes las películas en que la carretera se convierte en un
medio casi metafísico por el que los personajes buscan las respuestas a sus
preguntas existenciales. Normalmente, la excusa de los protagonistas para
ponerse en contacto con el asfalto es un viaje, o simplemente no tienen otro
lugar a donde ir. Un claro ejemplo podría ser el filme Thelma y Louise, en que,
con la excusa de un viaje, las dos protagonistas se encuentran a sí mismas.
Actualmente hay dos producciones que están en proceso de rodaje y sus temas se
relacionan con viajes, en los que la carretera y los paisajes son parte
fundamental de los recursos narrativos.
En una esquina (del país), Rodrigo Bellott y la escuela La Fábrica filman ¿Quién
mató a la llamita?, en la ciudad de La Paz. En la otra, Paolo Agazzi y su equipo
terminan el rodaje de Sena/Quina: La inmortalidad del cangrejo, en Santa Cruz.
Ambas producciones, equipo al hombro, recorren el país, tomando como elementos
fundamentales la diversidad del paisaje y la gente.
Según el 'infante terrible' del celuloide cruceño, Rodrigo Bellott, el formato
de 'película viajera' acomoda muy bien dentro de su proyecto, ya que cuentan con
un presupuesto de tan sólo 15 mil dólares, hecho que define como una quijotada.
"Para poder hacer una película donde tengas las locaciones ya listas, el mejor
formato es el road movie".
Además, explica que su producción utiliza como excusa el hecho de que muy pocas
veces en Bolivia se ha logrado unir al arte con el turismo.
Para Bellott, en esta película, Bolivia es el protagonista. "Nosotros mostramos
departamentos completamente distintos. Bolivia es un país con una diversidad
inmensa y nuestro proyecto parte de El Alto, que es sumamente frío, y llegamos
hasta Trinidad y Puerto Suárez, donde la tierra es casi roja y el calor es
tremendo".
Uno de los recursos innovadores que Bellott incorporará dentro de esta
producción consiste en un narrador mágico que viaja al igual que los personajes
del filme (dos súperhéroes que recorren el país para luchar contra el crimen) y
va tomando distintas formas según la región en que se encuentren.
Por su parte, Marcos Loayza, director de Cuestión de fe, comentó que este tipo
de películas plantean una narración paralela a la carretera, en donde la meta
del viaje supone también la resolución de la propia historia.
"Aunque no veo mucha diferencia en la realización, un road movie te permite
tener a todo el personal más concentrado, porque como vas viajando, no hay
muchas distracciones", asegura.
Elías Serrano, que participó en este último filme, asegura que la mayor
desventaja de este tipo de películas es el costo que implica el movimiento del
equipo de filmación.
También coincide con Bellott al manifestar que las ventajas fundamentales de un
filme en movimiento son el cambio de paisajes y de gente a medida que avanza la
historia.
Loayza cree que es más fácil hacer una película de este tipo, pero asegura que
lo difícil es hacer un buen road movie.
"Me encantó participar en una película de éstas. Se aprovechan los paisajes, se
ve un panorama interesante, a medida que va cambiando la psicología entre los
personajes", asegura Serrano, evocando el rodaje de Cuestión de fe.
Uno de los hitos en cuanto a películas de carretera es el filme de Paolo Agazzi,
Mi Socio, realizado en 1982. Narra la historia de Don Vito, un camionero
originario del altiplano que, ante la obstinación de Brillo, lustrabotas nacido
en el oriente, decide llevarlo a La Paz como ayudante.
Para Agazzi, la vida es una carretera que uno recorre. "Conoce muchos lugares,
conoce mucha gente, vive muchas situaciones. Es un aprendizaje, es un crecer en
experiencia y en visión de la vida, entonces es lógico el paralelismo: es un
constante renovarse, conocer cosas nuevas, cambiar. Es una cosa muy dinámica,
como en realidad es la vida".
Para él, la realización de un filme de este tipo es dura debido a todo lo que
implica en cuanto a despliegue de producción. Los cambios constantes de
logística dificultan el rodaje.
Por otro lado, manifestó que la gran ventaja de éstos es la variedad de
locaciones, lo que permite también mayor variedad de situaciones.
"Todo depende de cuál es el hilo que determina el motivo del viaje. Puede ser
una cosa muy sencilla, como en el caso de Diarios de Motocicleta, el motivo era
simplemente conocer. En Mi Socio, el motivo era transportar un producto de un
lado a otro", explica el también director de El día que murió el silencio.
Sin embargo, Agazzi dejó en claro que su última película no es un road movie,
puesto que considera que, a pesar de desarrollarse en lugares diferentes del
país, el viaje no hace parte fundamental del relato.
"Sena/Quina no es un road movie, es una historia que se desarrolla en tres
lugares diferentes y hay dos pequeños viajes que conectan dos de los lugares.
Pero ni el medio de transporte es fundamental ni el viaje está hecho para contar
cosas durante el recorrido." Según él, ésta es una historia con un giro muy
complejo y muy definido.
Aclaró que Sena/Quina es un filme circular y, en contraste, los road movies son
lineales, "se desarrollan en línea recta, sobre todo porque el viaje es sólo
para ir de una localidad a otra y en el transcurso se establecen las relaciones
entre los personajes".
Al respecto, Loayza cree que una de las ventajas de las historias de carretera
consiste en que resulta fácil exteriorizar los sentimientos de un personaje
durante un viaje. "Si estás en la ciudad y terminas en el campo, es fácil
entender el retorno a sus orígenes campesinos, pero dentro de la ciudad es más
difícil".
Otros 'personajes' que en un road movie adquieren protagonismo son los vehículos
en que se desplazan los actores. "Los dos autos que utilizamos son personajes
también, tienen historias, tienen personalidad, hacen parte de la forma de
narrar", comenta Bellott, acerca de los vehículos de sus superhéroes en ¿Quién
mató a la llamita?
Por su parte, Agazzi asegura que el vehículo se convierte en un punto de
partida, como la moto en Diarios de motocicleta, un camión en el caso de Mi
socio y un auto en el caso de Y tu mamá también.
Para él, un road movie es muy distinto a una película estática, ya que afirma
que el lenguaje mismo, inevitablemente, tiene que tener muy en cuenta el
concepto de mutación de situación y de lugar, así como el movimiento como tal.
"En el road movie, hay un punto de partida y un punto de llegada, que son los
extremos que encierran toda una historia".
Entre superhéroes y pequeños
estafadores
Actualmente existen dos producciones nacionales en pleno
rodaje. Paolo Agazzi concluye hoy con el rodaje de las escenas en Santa Cruz de
su comedia Sena/Quina: La inmortalidad del cangrejo. Y Rodrigo Bellott inició
esta semana la filmación de ¿Quién mató a la llamita?
La historia de Agazzi se trata de una comedia que recorrerá La Paz, Santa Cruz y
Tarija a través de la vida de un hombre tarijeño que piensa montar una central
de cultivo de cangrejos en el río Guadalquivir, pero es atrapado por dos
estafadores (un paceño y un camba) de poca monta que tratan de hacerle el
'cuento del tío'.
Será protagonizada por Rosendo Paz, José Véliz y Cristian Mercado. Ésta es la
primera participación de Paz en un proyecto para la pantalla grande, pues los
otros dos actores han actuado en los largometrajes Di buen día a papá y El
atraco, respectivamente.
La historia de ¿Quién mató a la llamita?, proyecto encarado con la Escuela de
Cine de Cochabamba La Fábrica, es un road movie que trata de dos super héroes,
una pareja de cholos que se enfrenta a la corrupción y al racismo
En esta historia, los dos superhéroes viajan por el país, partiendo de La Paz
hasta llegar a Puerto Suárez.
Bellott y su equipo de filmación arribarán a Santa Cruz durante el próximo mes
de marzo.
Actualmente se encuentran filmando en la ciudad de La Paz, de donde irán a Oruro
y posteriormente rodaran algunas escenas en Chinaota, en el trópico
cochabambino.
Uno de los elementos más llamativos de esta producción, lo compone el bajo
presupuesto con que cuentan Bellott y su equipo, pues para la realización del
filme, tan sólo tienen $us 15.000, sin incluir su transferencia a celuloide.
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