Empeñosamente se trabaja en sembrar la discordia aquí,
precisamente, en Santa Cruz de la Sierra, donde siempre nos preciamos de
constituir una grande, linda y muy unida familia.
Mas, si de por sí muy peligroso, de efectos disgregantes y devastadores este
empeño perverso, se vuelve mucho más preocupante y temible si se considera que
en el innoble empeño no sólo se complica gente que es desafecta por naturaleza
de todo lo cruceño, sino que además se involucra alguna gente nuestra.
Vivimos un momento crucial de nuestra historia regional. Una vez más, la tercera
o la cuarta de los últimos sesenta años, los cruceños hemos recurrido a las
medidas de hecho para apoyar justas posiciones ideológicas y dar contundencia a
las demandas reivindicatorias que, si se las mira serenamente, no están fuera de
lugar, no persiguen finalidades espurias, no atentan contra los derechos ni
contra los intereses de los demás componentes de la nacionalidad. Muy por el
contrario, y siempre que la situación sea vista con criterio amplio y despojado
de ánimo prevenido, nuestros movimientos cívicos se orientan hacia la búsqueda
de una nueva alternativa para la Patria boliviana, frustrada y fracasada
estrepitosamente tras casi doscientos años de centralismos desacertados y
decrépitos a estas alturas de la historia universal.
En suma, y de manera insospechable, es un bien colectivo, un cambio de rumbo
necesario el que se busca con nuestras movilizaciones cívicas que se llevan a
cabo en plazas, parques y avenidas, a plena luz del sol y que, por lo tanto, no
tienen ningún atisbo sedicioso, conspirativo, subalterno en general. Si algo
siniestro hubiese oculto o se quisiera esconder, sería de tontos “pelar capucha”
de cara al cielo y al astro rey. En todo caso, se escogería la complicidad de
las tinieblas.
Pero a pesar de que el juego es claro, de que el juego es limpio, de que la
posición está confesada de modo diáfano, resulta muy perceptible el afán de
sembrar la discordia en el seno familiar cruceño seguramente aceptando como
válido aquello de dividir para reinar.
De los que miran mal todo lo que es cruceño, todo lo que tiene nuestra marca de
origen, desde luego que no se puede esperar una mejor reacción que la de sembrar
la discordia en el surco tibio de nuestros cuadros ciudadanos. Claro, a merced
de esa siembra, y siempre que dé frutos, -cosa que no es del todo remota-, nos
vamos a debilitar, perderemos fuerza y seremos fácil pasto de los que quieren
vernos morder el polvo de las claudicaciones.
Dábamos por hecho, luego del último y memorable Cabildo que sacudió hasta los
cimientos de la ciudad llanera, que la movilización cívica era la expresión de
la voluntad absoluta de este pueblo nuestro que se sabe íntegro y devoto de sus
causas buenas. Y no hay razones para alentar dudas a este respecto. Sin embargo,
y a pesar de su insignificancia, de su magro peso específico, no deja de
advertirse la presencia de cierta gente nuestra aventando semillas de discordia.
Significa poco esta cierta gente, pero sería peligroso correr el riesgo de
subestimarla. Probablemente cuenta con poderosos aliados entre aquello que
gratuitamente no nos quieren bien.
Y sumando esas semillas de discordia, a las muchas que en abundancia nos
introducen desde fuera o tratan afanosamente de introducirnos veladamente, ya
pueden causarnos un deterioro y a lo mejor de difícil reparación. El tiempo de
mantenernos vigilantes y alertas no ha pasado aún.
Hasta pronto Rubén,
bienvenido Germán
Dominicus
Termina el ciclo de Rubén Costas Aguilera y comienza el de
Germán Antelo Vaca en el Comité Pro Santa Cruz. Queda en el camino y como airoso
oponente de Antelo, Tonín Franco, joven empresario ganadero que con toda
seguridad volverá a tener su chance en el futuro cercano, pues se la merece.
Éstas han sido épocas difíciles para el Comité. En muchos aspectos, la lucha ha
sido tan o más dura que la de los años 50’, cuando se peleaba por las regalías
del 11%. Ahora la Bolivia del Siglo XXI es mucho más compleja, el propio Santa
Cruz de hoy es totalmente distinto al pueblito de hace medio siglo.
Sin embargo y pese a todo, Rubén Costas supo superar adversidades, aunar
voluntades y generar importantes manifestaciones cruceñistas que terminaron
doblándole el codo al centralismo. Primero la gran marcha de junio de 2004 y
luego los movimientos de enero, que culminaron en el gigantesco Cabildo del 28
de enero, han marcado la agenda cívica para el inmediato pasado y el inminente
futuro. Ahora está determinada la línea a seguir con respecto a la autonomía y
casi 500.000 firmas avalan ese proceder, del cual no hay que desviarse un
milímetro.
Con este panorama se ha de iniciar la gestión del doctor Antelo y si bien las
bases logradas por su antecesor son auspiciosas, cabe reconocer que las aguas
son turbulentas y que la navegación no será fácil.
En la agenda de la nueva Directiva del Comité, lo primero que debe hacerse es
impulsar el Referéndum departamental y la elección directa del prefecto. En
segundo lugar (pero no por ello menos importante), hacer valer el artículo 64 de
la Constitución y lograr que Santa Cruz tenga en la futura Asamblea
Constituyente la representación que merece según el censo 2001, de suyo ya un
poco antiguo, pero de todas maneras reflejo actual de la preponderancia cruceña
en materia de población y que debe hacerse cumplir, pues es de simple justicia.
Este 2005 recién iniciado ya nos ha traído varias sorpresas y seguramente traerá
otras. En todo caso y coincidiendo con los 444 años de la fundación de nuestra
bendita Santa Cruz de la Sierra, le deseo tanto al presidente saliente del
Comité, mi buen amigo Rubén Costas, como al nuevo presidente del ente cívico,
Germán Antelo, todo lo mejor. El uno ha cumplido; el otro fue su gallardo
acompañante. Ahora le toca a Germán terminar de cumplir con su pueblo. Buena
suerte a los dos en todo lo que emprendan.