Mariano, ‘El Mago’ Baptista
Pedro Shimose
Allá por los años cincuenta, los escritores Luis Alberto Sánchez y Fernando
Díez de Medina se enzarzaron en una polémica en torno al historiador Alcides
Arguedas. El polígrafo peruano, además de acusar a Díez de Medina de pelear
contra su propia sombra, nos llamó ‘encuevados’. En otras palabras, nos dijo que
estábamos tan embelesados mirándonos el ombligo que no éramos capaces de ver lo
que pasaba en el mundo. Sánchez tenía razón, entonces, y creo que sigue
teniéndola para nuestra desgracia.
Mariano Baptista Gumucio (Cochabamba, 11.12.1933), consciente de este hecho, ha
intentado combatir nuestro aislamiento en dos frentes: hacia fuera y hacia
adentro. Hacia el extranjero, divulgando nuestros valores culturales, llámense,
en el caso de la literatura, Franz Tamayo, Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela,
Alcides Arguedas, Augusto Guzmán, Sergio Almaraz, Néstor Taboada Terán, Augusto
Céspedes, Renato Prada, Adolfo Cáceres Romero y Raúl Teixidó, entre otros. En el
mismo sentido, ha tendido puentes — a través de la cultura — con los escritores
chilenos, más allá de nuestro centenario conflicto histórico y territorial
Hacia adentro, Baptista Gumucio ha librado y sigue librando una batalla titánica
contra la ignorancia de nuestros propios valores culturales, sean éstos
populares, folclóricos o académicos. Por eso su prosa se resiente, debido a las
prisas y al didactismo muchas veces esquemático y simplificador. Su estilo de
‘prosa ancilar’, al decir de Alfonso Reyes, confunde a sus críticos.
No es por azar que Baptista Gumucio eligió el ensayo y el periodismo escrito y
audiovisual para divulgar sus conocimientos en nuestro medio, tan ausente del
mundo y tan limitado en sus alcances políticos e intelectuales. Intentó, por
ejemplo, conectarnos con el pensamiento democrático anglosajón (Winston
Churchill, Bertrand Russell, Arnold Toynbee, Aldous Huxley, Hugh Fox) y con los
problemas cruciales de nuestro tiempo, cuyos fantasmas habitan aún en nuestras
peores pesadillas (terrorismo, hambre, amenaza nuclear, genocidio, guerras,
analfabetismo, intolerancia). También se dio tiempo para escribir ensayos
literarios sobre Nikos Kazantzaki, Ray Bradbury, Marek Hlasko, Boris Pasternak,
Uslar Pietri, Juan Bosch, Germán Arciniegas, etc., cuya lectura recomiendo a sus
detractores.
Sus estudios bolivianos para bolivianos son elementales y didácticos, concebidos
así con toda intención. Constan de libros relacionados con materias diversas
como pueden ser la historia, el periodismo, el arte popular, la política, la
pedagogía y la literatura.
Después de dirigir el vespertino paceño ‘Última Hora’ (1971-1982), Baptista
Gumucio no ha dejado de escribir en la prensa nacional sobre la realidad
boliviana. Sus artículos, entrevistas y crónicas fueron reunidos y publicados en
forma de libros: La cultura que heredamos (1972), Este país tan solo en su
agonía (1973),El secreto para cambiar Bolivia (1996) y Bolivianos sin hado
propicio (2002), entre otros.
Tenaz compilador de textos, aprovecha de su gusto por las antologías para
escribir sesudos ensayos, en forma de prólogos, sobre Franz Tamayo, Carlos
Medinaceli, Man Césped, Alcides Arguedas, Augusto Guzmán y sobre su antepasado,
el presidente Mariano Baptista Caserta, cuya prosa pulcra y sencilla deberían
imitar nuestros políticos.
A este hombre, boliviano de ley, le otorgaron, hace dos meses, el premio
nacional Gunnar Mendoza en reconocimiento a su gestión cultural. En honor a
Gunnar Mendoza, historiador y archivista ejemplar, menciono la obra
historiográfica de Mariano: Historia contemporánea de Bolivia (1977); Otra
Historia de Bolivia (1982); Biografía del Palacio Quemado (1982) y Una utopía
cristiana en el Oriente boliviano. Historia de las misiones jesuíticas de Moxos
y Chiquitos (2003).
Por todo esto, el premio nacional Gunnar Mendoza es un premio bien concedido a
un intelectual que, naturalmente, se lo merece. Que el cielo lo proteja y le
conceda larga vida. // Madrid, 18.02.200
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