Ya viene la Constituyente
Rolando Aróstegui Quiroga
Este año 2005, los desafíos de la historia andan pisándole los talones a la
realidad.
Han sucedido tantos y tan importantes hechos que no hemos podido
sistematizarlos, ordenarlos y valorarlos.
Es la primera vez en la historia patria que Santa Cruz se fija y consigue
objetivos políticos, hasta entonces nuestras luchas habían sido reivindicativas,
que se resolvían otorgando fondos de reactivación económica para un sector o
reprogramación de deudas; cuando no eran caminos o reliquidación justas de
nuestras regalías.
No, ahora fue por la autonomía que es un objetivo político, es más se dejó en un
segundo plano la demanda reivindicativa económica (léase rebaja del precio del
diésel y la gasolina), para conseguir que el Gobierno reconozca la necesidad de
una nueva forma de administrar nuestro patrimonio común, con participación
ciudadana: elección de prefectos por voto directo.
Se ha logrado un mecanismo que evite retrasos eternos: el referéndum vinculante
va a tener sus dificultades. Los detentadores del poder central, no se
resignarán fácilmente a perder sus privilegios.
Ahora se viene la Constituyente que es donde se deberá plasmar la victoria de
enero. No será cosa fácil. Habrá muchas piedras en el camino.
Lo que debemos decirle con toda claridad a la población es que la constitución
no es moneda de curso legal que se puede transformar en mercancías para llenar
la canasta familiar. Para eso debemos prepararnos a saber que no por culpa de
una mala Constitución es que estamos como estamos, pobres, con desempleo y
retrasados tecnológicamente.
Pongamos las cosas en su justo orden, es necesaria una nueva Constitución, para
adecuar el contrato social a los nuevos desafíos y a las nuevas realidades. Para
diseñar el país que queremos.
Las letras de la Carta Magna no son mágicas para curar todas nuestras desdichas
y retrasos ancestrales, pueden llegar a ser una esperanza.
Al día siguiente de la vigencia de la nueva CPE, seguiremos siendo iguales. Los
trabajadores tendrán un sueldo que alcanza para uno y falta para dos. Los
campesinos seguirán sembrando los campos como lo hicieron sus abuelos. Los
estudiantes y profesionales soñarán con una visa para vivir mejor. Los
empresarios, todos los días, deambularán los escritorios de los bancos,
mendigando menos intereses. Los bancos seguirán ajustando a los deudores y
siendo ajustados por la Superintendencia y seguirán perdiendo como en el último
lustro.
Entonces, no podemos decir que ganará el pueblo con la Constituyente.
Diagnóstico reservado. Solamente hacemos votos para que sea un buen reempezar,
que determinemos nuestras diferencias y las formas de resolverlas. Que seamos
conscientes de las diferencias de origen, pero que tenemos que vivir juntos. Que
la forma de organización del Estado y sus poderes sea lo más democrático y
participativo.
Pero milagros no esperemos. Nosotros somos los dioses de la Constituyente y
podemos ser juzgados por cumplir a cabalidad con la patria con un Estado fuerte
y renovado. Con poderes respetados y respetables. O ver diluir el sueño del
Mariscal Sucre entre las diatribas y los egoísmos de quienes se sienten los
iluminados y salvadores de Bolivia.
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