Tiempos hubo en que funcionaron, y con significativa dinámica
y apreciables volúmenes, los llamados bancos nacionales de fomento. Sin
necesidad de ejercitar mucho la memoria, recordamos el Banco Agrícola y el Banco
Minero. Ambas instituciones tuvieron su época de auge. Funcionaron con muchos
recursos, tanto humanos como financieros.
Para no faltar a la verdad, hemos de reconocer que no sabemos a ciencia cierta
qué ha sido de la suerte de ambas entidades bancarias y quizás de alguna otra
que tenía la misma misión de fomento a sectores de la productividad nacional.
Pero en todo caso, y si es que siguen funcionando, nos atrevemos a pensar que
están reducidas a su mínima expresión, que no pasan de ser pequeñas agencias
regionalizadas y cuya misión de fomento económico mayormente no trasciende o,
definitivamente, no trasciende nada.
¿A qué obedece el decaimiento o tal vez la desaparición de los bancos de fomento
a la productividad nacional? ¿No fueron planificadas sus operaciones crediticias
con la prudencia, con el tino necesarios como para prever las terribles
devaluaciones que en tiempos duros de crisis sufrió la moneda nacional? ¿Puede
concebirse tal extremo sobre todo si se tiene presente que siendo el Estado, si
no el único, el principal sostenedor de los bancos de fomento, tenían que estar
estos bancos, con la anticipación debida, prevenidos ante los maremotos
económicos que se venían encima?
Una otra posibilidad podría ser la de un crecimiento desmesurado de la
morosidad. Mas, igual que en el caso anterior, también esta posibilidad es menos
que aceptable. Supuestamente los créditos, cualesquiera sean sus montos y
finalidades, se conceden bajo garantías personales y reales plenamente
satisfactorias. Firmas muy solventes como mínimo, bienes muebles e inmuebles
debidamente respaldados con documentación fehaciente. La morosidad, por tanto,
nunca pudo ser causa de la extinción de una banca que además de poderosa, llegó
a ser muy importante.
Pero dados a buscar las posibilidades reales de la declinación o de la
desaparición de la banca de fomento a la productividad nacional, tenemos que
tropezar forzosamente con hechos que se dan en casi todos los organismos
públicos dependientes del Estado o más propiamente dicho, de los gobiernos de
turno.
Por una parte, la incorporación de plantas burocráticas extremadamente
frondosas, ineptas e improductivas. Ni siquiera la delicadeza de la función que
cumplía la banca de fomento, servía para ponerla a cubierto de la burocracia que
es tan grande en el país y que incesantemente está a la búsqueda de acomodo. Por
recomendaciones de los poderosos de la política de turno en el ejercicio del
gobierno, se dieron las más grandes aberraciones en la administración de los
negocios públicos. De gente de las barricadas callejeras, de corifeos buenos
para gritar consignas políticas, se hizo jefes y directores que, por su parte,
aprovecharon para incrustar sus cohortes particulares. ¿Trasminó tanto la
burocracia que determinó debilitamiento y muerte?
Los créditos de favor a sola firma, por lo general ilegible e irresponsable,
¿también tuvieron su parte en el ocaso y en la muerte de la banca nacional de
fomento? Por supuesto que sí, y obviamente esos créditos fueron irrecuperables.
¿Alcanzaron, por su cuantía, para convertirse en el tiro de gracia del fomento
bancario a la producción? De que fueron coadyuvantes, ni duda cabe.
Qué nomás será de unos
patrimonios cruceños
Marcelo Rivero
Desde años que ya se pierden en la memoria tres valiosos
patrimonios cruceños, legados por filántropos y mecenas, como que dejaron de
pertenecer a Santa Cruz, no sólo a la ciudad capital sino a todo el
departamento. Me estoy refiriendo a los numerosos inmuebles que donara el señor
José Mercado Aguado en beneficio de los niños huérfanos, a la granja de Espejos
que dejó para los pobres don Luciano Candia y a la Fundación Cultural “Ramón
Darío Gutiérrez Jiménez” que el ciudadano del mismo nombre creó y cedió de
manera que las generaciones presentes y futuras de su pueblo se enriquezcan
espiritualmente, conociendo o aprendiendo más sobre las bellas artes.
Por esos descuidos y olvidos imperdonables, porque los organismos que debieran
comandar la “reconquista” de lo que ahora vale sumas millonarias (alcaldía,
prefectura, concejos municipales, consejos departamentales, etc.), no mueven un
pelo, por ahí están unas taperas cayéndose a pedazos, unos edificios sirviendo
quién sabe qué intereses, unos terrenos extensos y fértiles en poder de manos
extrañas.
Excepción a medias -pero excepción al fin-, es la del predio de Espejos porque
unas respetables mujeres se propusieron hacer una obra de bien en servicio de
niños y adolescentes víctimas de la drogadicción, logrando con no poco esfuerzo
refaccionar las instalaciones de lo que se había convertido en antro y sepulcro
y que en sus orígenes tenía que ser un centro de rehabilitación. Lo de excepción
a medias es porque esas meritorias damas están recuperando una pequeña parcela
de aquellas tierras, no la totalidad que alcanzaría nada menos que a 2.500
hectáreas. A propósito, ¿será que la tarea de estas señoras recibirá el
espaldarazo final de manera que esos menores de edad dejen de ser una escoria
humana y se conviertan más bien en muchachos sanos y útiles?
En cuanto a los céntricos edificios de la fundación cultural, recuerdo que en su
momento un fiscal, allá por el año 1999, sostuvo reuniones con herederos del
ciudadano epónimo y hasta se dijo que era un anhelo que la fundación cumpla su
noble fin. Antes, y creo que después, alguno que otro diligente ciudadano
asimismo estuvo realizando gestiones con idéntico propósito pero al final todo
volvió a la “normalidad”: silencio sepulcral. ¿Y las casas de Mercado Aguado?
También hubo tibias gestiones ante el Concejo Municipal, cursaron notas
requiriendo información pero, una vez más, cayó el manto del silencio. Parece
que el ayuntamiento se conforma con los cuatro reales por concepto de alquileres
y los chicos huérfanos que sigan rodando por las calles.
¡Linda está la cosa, muriéndonos de hambre sobre una estera pelada y a los
costados colchones rellenados con plata!