img_logo.gif (2140 bytes)

img_arribadeber.gif (4941 bytes)

  • STAFF   COMENTARIOS   CONTACTARSE   

Noticias

Portada                 

Santa Cruz            

Seguridad             

Nacional               

Internacional          

Economía             

Deportes               

Sociales               

Escenas               

El Deber como tu Página de Inicio

btn_secciones.gif (615 bytes)

Editorial                

Opinión                 
Lectores               
Club de Lectores
Clima              

btn_suplementos.gif (615 bytes)

 

 

 

 


EDITORIAL

Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Jueves 17, Febrero de 2005  

>>    Créditos de fomento

Tiempos hubo en que funcionaron, y con significativa dinámica y apreciables volúmenes, los llamados bancos nacionales de fomento. Sin necesidad de ejercitar mucho la memoria, recordamos el Banco Agrícola y el Banco Minero. Ambas instituciones tuvieron su época de auge. Funcionaron con muchos recursos, tanto humanos como financieros.
Para no faltar a la verdad, hemos de reconocer que no sabemos a ciencia cierta qué ha sido de la suerte de ambas entidades bancarias y quizás de alguna otra que tenía la misma misión de fomento a sectores de la productividad nacional. Pero en todo caso, y si es que siguen funcionando, nos atrevemos a pensar que están reducidas a su mínima expresión, que no pasan de ser pequeñas agencias regionalizadas y cuya misión de fomento económico mayormente no trasciende o, definitivamente, no trasciende nada.
¿A qué obedece el decaimiento o tal vez la desaparición de los bancos de fomento a la productividad nacional? ¿No fueron planificadas sus operaciones crediticias con la prudencia, con el tino necesarios como para prever las terribles devaluaciones que en tiempos duros de crisis sufrió la moneda nacional? ¿Puede concebirse tal extremo sobre todo si se tiene presente que siendo el Estado, si no el único, el principal sostenedor de los bancos de fomento, tenían que estar estos bancos, con la anticipación debida, prevenidos ante los maremotos económicos que se venían encima?
Una otra posibilidad podría ser la de un crecimiento desmesurado de la morosidad. Mas, igual que en el caso anterior, también esta posibilidad es menos que aceptable. Supuestamente los créditos, cualesquiera sean sus montos y finalidades, se conceden bajo garantías personales y reales plenamente satisfactorias. Firmas muy solventes como mínimo, bienes muebles e inmuebles debidamente respaldados con documentación fehaciente. La morosidad, por tanto, nunca pudo ser causa de la extinción de una banca que además de poderosa, llegó a ser muy importante.
Pero dados a buscar las posibilidades reales de la declinación o de la desaparición de la banca de fomento a la productividad nacional, tenemos que tropezar forzosamente con hechos que se dan en casi todos los organismos públicos dependientes del Estado o más propiamente dicho, de los gobiernos de turno.
Por una parte, la incorporación de plantas burocráticas extremadamente frondosas, ineptas e improductivas. Ni siquiera la delicadeza de la función que cumplía la banca de fomento, servía para ponerla a cubierto de la burocracia que es tan grande en el país y que incesantemente está a la búsqueda de acomodo. Por recomendaciones de los poderosos de la política de turno en el ejercicio del gobierno, se dieron las más grandes aberraciones en la administración de los negocios públicos. De gente de las barricadas callejeras, de corifeos buenos para gritar consignas políticas, se hizo jefes y directores que, por su parte, aprovecharon para incrustar sus cohortes particulares. ¿Trasminó tanto la burocracia que determinó debilitamiento y muerte?
Los créditos de favor a sola firma, por lo general ilegible e irresponsable, ¿también tuvieron su parte en el ocaso y en la muerte de la banca nacional de fomento? Por supuesto que sí, y obviamente esos créditos fueron irrecuperables. ¿Alcanzaron, por su cuantía, para convertirse en el tiro de gracia del fomento bancario a la producción? De que fueron coadyuvantes, ni duda cabe.


Qué nomás será de unos patrimonios cruceños

Marcelo Rivero

Desde años que ya se pierden en la memoria tres valiosos patrimonios cruceños, legados por filántropos y mecenas, como que dejaron de pertenecer a Santa Cruz, no sólo a la ciudad capital sino a todo el departamento. Me estoy refiriendo a los numerosos inmuebles que donara el señor José Mercado Aguado en beneficio de los niños huérfanos, a la granja de Espejos que dejó para los pobres don Luciano Candia y a la Fundación Cultural “Ramón Darío Gutiérrez Jiménez” que el ciudadano del mismo nombre creó y cedió de manera que las generaciones presentes y futuras de su pueblo se enriquezcan espiritualmente, conociendo o aprendiendo más sobre las bellas artes.
Por esos descuidos y olvidos imperdonables, porque los organismos que debieran comandar la “reconquista” de lo que ahora vale sumas millonarias (alcaldía, prefectura, concejos municipales, consejos departamentales, etc.), no mueven un pelo, por ahí están unas taperas cayéndose a pedazos, unos edificios sirviendo quién sabe qué intereses, unos terrenos extensos y fértiles en poder de manos extrañas.
Excepción a medias -pero excepción al fin-, es la del predio de Espejos porque unas respetables mujeres se propusieron hacer una obra de bien en servicio de niños y adolescentes víctimas de la drogadicción, logrando con no poco esfuerzo refaccionar las instalaciones de lo que se había convertido en antro y sepulcro y que en sus orígenes tenía que ser un centro de rehabilitación. Lo de excepción a medias es porque esas meritorias damas están recuperando una pequeña parcela de aquellas tierras, no la totalidad que alcanzaría nada menos que a 2.500 hectáreas. A propósito, ¿será que la tarea de estas señoras recibirá el espaldarazo final de manera que esos menores de edad dejen de ser una escoria humana y se conviertan más bien en muchachos sanos y útiles?
En cuanto a los céntricos edificios de la fundación cultural, recuerdo que en su momento un fiscal, allá por el año 1999, sostuvo reuniones con herederos del ciudadano epónimo y hasta se dijo que era un anhelo que la fundación cumpla su noble fin. Antes, y creo que después, alguno que otro diligente ciudadano asimismo estuvo realizando gestiones con idéntico propósito pero al final todo volvió a la “normalidad”: silencio sepulcral. ¿Y las casas de Mercado Aguado? También hubo tibias gestiones ante el Concejo Municipal, cursaron notas requiriendo información pero, una vez más, cayó el manto del silencio. Parece que el ayuntamiento se conforma con los cuatro reales por concepto de alquileres y los chicos huérfanos que sigan rodando por las calles.
¡Linda está la cosa, muriéndonos de hambre sobre una estera pelada y a los costados colchones rellenados con plata!

Contáctese con nosotros: editorial@eldeber.com.bo

< Anterior ^Arriba


Portada | Internacional | Nacional | Santa Cruz  | Economía | Deportes | Sociales | Escenas
EditorialOpinión | Contactarse | Staff


© Copyright 2004, El Deber. Todos los derechos reservados.