Hombre murió en medio de la soledad y la basura
Anormal. En la casa de Sebastián Mostacedo no hay espacio sin escombros y basura. Le decían el hombre castor
Berthy Vaca Justiniano
La vida de Sebastián Mostacedo Saigua (74) llegó a su fin
aproximadamente hace poco más de un mes, sin que nadie se diera cuenta, ni
vecinos ni familiares, de su fallecimiento en el que antiguamente fue su ‘dulce’
hogar, ubicado en la calle 27 de Mayo entre el primer y segundo anillo de Santa
Cruz.
El cuerpo fue encontrado en una de las precarias habitaciones que poseía en su
inmueble desconcertantemente repleto de escombros, palizada y desperdicios
acumulados inexplicamente a lo largo de varios años de una vida solitaria, la
que la mayoría de sus vecinos prefirió respetar.
El amontonamiento de cascajos y desechos le obstruyó la reja de ingreso al punto
que usó como puerta de entrada una ventanilla de la verja, desde la cual hizo
una especie de senda hasta su dormitorio que también estaba atiborrado de
objetos inservibles.
Según varios vecinos de la calle 27 de Mayo, en los últimos años Sebastián
Mostacedo llevó una vida de ermitaño silencioso en pleno centro de la ciudad.
Una mujer de una casa contigua señaló que el hombre, natural de Sucre, todos los
días empezaba de madrugada su faena obsesiva de acarrear desde donde podía
escombros, palos y otras cosas en su carretilla.
Se presume que murió horas antes de la Navidad del año pasado, pues otra de sus
vecinas, dueña de una venta, indicó que el 23 de diciembre de 2004, Mostacedo
fue a la tienda y, con su castellano poco fluido, le pidió que le vendiera algún
remedio para el dolor de cabeza y una bolsa de ace. Desde entonces no lo vieron
más.
Ayer aparecieron uno de sus hermanos, su hija en su primer matrimonio, Felisa
Mostacedo Vaca, y su última esposa, Prisca Olaechea Soliz, con la que procreó a
Tupac Amaru (15).
Sus familiares admitieron que nunca visitaron al anciano aduciendo que no le
gustaba. “Siempre fue así, paraba recogiendo cosas que no servían”, dijo la ex
mujer de Mostacedo, un jubilado de YPFB que percibía su renta de retirado.
Sebastián Mostacedo murió en la miseria, pero se sabe que era dueño de varios
inmuebles. Su hija dijo que ella tiene todos los documentos.
Carlos Ávila Médico psiquiatra
Monumento a la desidia
La muerte de Sebastián
Mostacedo Saigua debe llamarnos a la reflexión a todos los ciudadanos de este
pueblo, porque no podemos convertirnos en personas inhumanas e insensibles
cuando vemos que una persona necesita asistencia.
Ese hombre padecía de una enfermedad mental obsesivo compulsiva que necesitaba
urgente atención profesional. Esa casa es un monumento a la dejadez, a la
desidia y al silencio de los vecinos de esa calle y de sus familiares. Todos han
cometido un pecado de omisión al no ayudarlo. Es una barbaridad que aparezcan
cuando ya está muerto.
La excusa de conformarse con decir que no permitía visitas o colaboración está
demás, porque cuando uno ya está con los ‘cables chipaos’ no razona
correctamente, por lo tanto, ni siquiera se le debe preguntar si quiere ayuda.
Inmediatamente hay que llevarlo a un centro especializado para su tratamiento.
Es una obligación de todo ciudadano.
|