En el desierto del fútbol
Miguel
Souza / Periodista msouza@eldeber.com.bo
El fútbol boliviano se está convirtiendo en una especie de terreno desértico,
al que poco a poco se le acaban las cosas buenas. Lo que antes parecía un valle,
del que surgían figuras y se tejían ilusiones, ahora sólo es una planicie llena
de penurias y amarguras.
Lo confirmó el resultado del Premio Mayor 2004, el cual fue declarado desierto
por el diario EL DEBER, debido a la baja votación recibida y a la dispersión de
éstos.
Las cosas no se dan por casualidad. Los casos de dopaje de la temporada pasada,
sumados a los constantes fracasos de la selección mayor y le mediocridad del
torneo local configuraron un panorama totalmente estéril.
A eso hay que sumarle la reciente campaña de la selección sub 20 en Colombia y
la todavía fresca eliminación de Oriente Petrolero de la Copa Libertadores.
No es cuestión de ser pesimistas. Es verdad que también hubo cosas buenas
(aunque en este momento no se me vienen muchas a la cabeza), pero es inevitable
que al momento de utilizar la balanza, todo se incline hacia el lado negativo.
Tanto es así que el segundo lugar de Bolívar en la Copa Sudamericana parece
insuficiente para curar todas las heridas.
Es necesario que las cosas cambien, pero de fondo y no de forma. Los discursos y
los proyectos que se quedan en papel no sirven. Sabemos que nada se hace de un
día para otro, que ningún proceso se logra de la noche a la mañana. Pero, lo que
preocupa es sentir que por el momento pocos son los que dan el primer paso.
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