Jorge Mariscal, cada vez que conduce su
vehículo por las calles cruceñas recibe insultos y muchos ‘bocinazos’. Y
todo ello porque trata de cumplir con las normas de tránsito que indican que
no debe exceder los 30 kilómetros por hora en las zonas de alto tráfico de
la ciudad. “Sólo en Bolivia lo castigan a uno por hacer lo correcto”, dice.
Este pequeño ejemplo demuestra el comportamiento cada vez más intolerante y
violento de la población cruceña, el cual es motivo de análisis de un grupo
de expertos consultados por EL DEBER.
Isabella Prado, psicóloga social y responsable del programa de Formación
Ciudadana del municipio, considera que es urgente hacer algo porque en su
criterio, nada se arreglará viendo los hechos violentos como algo inusual.
“Se están sembrando semillas de violencia en Santa Cruz. No veo
instituciones que lideren un cambio de comportamiento. Es por eso que los
niveles de violencia aumentan cada vez más sobre todo en los jóvenes y los
hechos son cada vez más trágicos”, manifestó.
Otros profesionales coinciden con esa opinión y agregan que las actitudes
violentas se observan en menores, jóvenes y adultos, independientemente de
cuál es su nivel socioeconómico y educativo. Por ejemplo, en muchos colegios
el líder ya no es más aquel que tiene las mejores calificaciones, sino el
que pega y maltrata a otros, el que se rebela contra los maestros y el que
hace las cosas a su antojo.
Entre los jóvenes se ha vuelto también común solucionar las antipatías a
través de los golpes. Las peleas entre grupos es un fenómeno que se hizo más
frecuente a mediados de los 80 y que alcanzó su climax hace tres años con
una balacera ocurrida en las fiestas de Carnaval, en la que una persona
perdió la vida y varias quedaron heridas.
En las plazas abundan los jóvenes consumiendo bebidas alcohólicas,
especialmente los fines de semana, y lo hacen hasta altas horas de la
madrugada. Lo peor de todo -dicen los expertos- es que ni los padres de
familia ni las autoridades hacen algo para evitar esa situación.
En el caso de los adultos, las manifestaciones de violencia se observan a
diario. Por ejemplo, cuando sucede un choque entre vehículos, los
conductores, por lo general, intentan solucionar el problema a golpes.
El uso de armas y las balaceras son cada vez más frecuentes y hasta ahora a
ninguna autoridad se le ha escuchado decir cómo piensa poner freno a esa
situación.
En opinión de la psicóloga Lola Aramayo, que es una de las profesionales que
trabaja en el Centro de Orientación Familiar, los problemas donde se mezcla
la juventud y la violencia se visualizan más en Carnaval, pero aclara que
éste es un fenómero que sucede todos los días.
Aramayo fue contundente al indicar que la mayor dificultad para encontrar
solución a este problema está en los padres de familia. “No educan con la
rigidez necesaria, son más permisivos y dejan pasar conductas que parecen no
ser peligrosas”, dijo.
Esta profesional además incluyó un elemento que a su criterio provoca la
violencia, que es el consumo de alcohol a muy temprana edad.
Según un estudio reciente realizado por el Programa de Educación Preventiva
del Uso Indebido de Drogas, de 8.300 estudiantes consultados un 78% asegura
haber consumido alcohol y tabaco alguna vez, pese a que casi el 65% dice
saber que el alcohol es dañino para la salud.
En Bolivia, para el 92,6% de esos jóvenes la accesibilidad al alcohol y
cigarrillo es fácil, pues no existe control ni de sus padres ni de las
autoridades competentes.
Sobre el particular, la profesora y concejala, Silvia Álvarez, opina que la
solución debe ser buscada por todos y no por algunos grupos aislados. “Los
educadores deben ser los actores principales. La violencia y el alcoholismo
en los jóvenes no son temas aislados, nos toca a todos involucrarnos en la
problemática”, agregó.
Adelantó que en esta semana, se tendrá una reunión con todas las
instituciones encargadas de elaborar estrategias en favor de los jóvenes y
se planificarán acciones inmediatas.
Por su parte, Isabella Prado dijo que es imprescindible incluir en este
trabajo a los educadores, a la sociedad y fundamentalmente a la familia.
Incluso los medios de comunicación deben involucrarse transmitir buenos
valores, sostuvo la psicóloga.
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| Equipetrol. Esta es una de las zonas
donde se violan las normas. Pese a los intentos aún no se puede
controlar la avenida |
Sólo dos centros para
rehabilitar menores con problemas
Pese a la crisis de valores por los que atraviesa la sociedad cruceña, en
la ciudad existen únicamente dos centros de rehabilitación para menores con
problemas de conducta. Allí son internados por orden de un juez del menor,
los adolescentes que tienen edades entre 12 y 16 años.
Se trata de los centros Renacer, donde se recuperan las mujeres; y
Fortaleza, donde lo hacen los varones. En ambos albergues viven 25 menores
acusados de haber cometido delitos graves ante la sociedad.
Ambos son mantenidos por la Prefectura del departamento, a través de la
Dirección de Gestión Social.
En Renacer actualmente están 25 internos, entre los cuales hay menores
acusados de violación, robo agravado de vehículos, atracos y la mayoría
involucrados en el tráfico de sustancias controladas.
De acuerdo con la defensora municipal de la Niñez, Rossy Valencia, a los
adolescentes les cuesta mucho obedecer los lineamientos que marcan las
leyes. “Hay menores que prefieren estar fuera de sus hogares, donde el
alcohol y las drogas se convierten en sus principales necesidades”, aseguró.
Además, la defensora de la Niñez, dijo que el hacinamiento y la baja
autoestima hace que los adolescentes pierdan el temor de poner su vida en
riesgo, se enfrenten a situaciones cada vez más violentas y con mayor
frecuencia.
Para Valencia, es necesario que los jóvenes se den cuenta que si cometen un
delito deberán pagarlo y tendrán una sanción.
En cuanto al control sobre el expendio de bebidas alcohólicas a menores de
edad, la Defensoría iniciará la próxima semana operativos para clausurar los
negocios que sean sorprendidos infringiendo esta norma, reglamentada a
través de una ordenanza municipal. Para esta labor la institución
dependiente de la comuna, contará con el apoyo de dos representantes del
Ministerio Público en todas las batidas.
El director del Organismo Operativo de Tránsito, coronel Humberto Gutiérrez,
indicó que hay muchos casos donde se encuentra a menores de edad conduciendo
vehículos sin el permiso que otorga la ley y varias veces en estado de
ebriedad.
“Todo pasa por la conciencia desde el mismo hogar. Es la responsabilidad de
cada uno”, comentó Gutiérrez.
De acuerdo con las estadísticas de Tránsito, en los últimos cuatro años en
Santa Cruz se han registrado a diario más de dos casos donde estuvieron
involucradas personas en estado de ebriedad.
Según la autoridad policial, el trabajo en zonas como la avenida San Martín,
la avenida Busch o las cabañas del río Piraí es una prioridad en su gestión
al mando de Tránsito y agregó que se está realizando un estudio sobre estas
zonas.
Incalculable la cantidad de boliches
La proliferación de los locales donde se venden y consumen bebidas
alcohólicas es incontrolable. Las datos sobre el número de estos negocios
legalmente instalados en la ciudad es una incógnita.
“Aún no conozco el informe exacto sobre la cantidad de estos locales”, dijo
el oficial mayor de Desarrollo Económico y Medio Ambiente, Rodrigo Molina y
aseguró que pese a no tener datos estadísticos claros, se puede inferir que
en Santa Cruz hay más locales de expendio de bebidas alcohólicas que
cualquier otro tipo de negocio.
La autoridad municipal, también admitió la dejadez de la comuna en la
solución de este problema, que a su criterio creció demasiado.
Según Molina, la siguiente semana se reunirá con el fiscal de distrito,
Jaime Soliz, para elaborar estrategias e iniciar acciones para controlar
este problema.
EL DEBER confirmó luego de hacer un recorrido por algunas zonas de la
ciudad, que la proliferación de este tipo de ‘boliches’ es alta. Por
ejemplo, en la avenida Che Guevara a la largo de 11 cuadras hay 10 locales o
como sucede en el cuarto anillo al frente del Parque Industrial, donde en 10
cuadras hay 21 negocios de venta y consumo de bebidas alcohólicas.