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Santa Cruz de la Sierra - Bolivia, Domingo 13, Febrero de 2005

Descontrol. La falta de respeto a la autoridad policial es común. Urge mayor presencia de los padres de familia en la conducción de sus hijos
 

La violencia se hizo carne

Crisis. Varios profesionales analizan lo que está sucediendo con la sociedad cruceña, en particular con los jóvenes. El alcohol y la permisividad de los padres son factores que influyen en el agresivo comportamiento


Christian Peña y Lillo H.

Jorge Mariscal, cada vez que conduce su vehículo por las calles cruceñas recibe insultos y muchos ‘bocinazos’. Y todo ello porque trata de cumplir con las normas de tránsito que indican que no debe exceder los 30 kilómetros por hora en las zonas de alto tráfico de la ciudad. “Sólo en Bolivia lo castigan a uno por hacer lo correcto”, dice.
Este pequeño ejemplo demuestra el comportamiento cada vez más intolerante y violento de la población cruceña, el cual es motivo de análisis de un grupo de expertos consultados por EL DEBER.
Isabella Prado, psicóloga social y responsable del programa de Formación Ciudadana del municipio, considera que es urgente hacer algo porque en su criterio, nada se arreglará viendo los hechos violentos como algo inusual. “Se están sembrando semillas de violencia en Santa Cruz. No veo instituciones que lideren un cambio de comportamiento. Es por eso que los niveles de violencia aumentan cada vez más sobre todo en los jóvenes y los hechos son cada vez más trágicos”, manifestó.
Otros profesionales coinciden con esa opinión y agregan que las actitudes violentas se observan en menores, jóvenes y adultos, independientemente de cuál es su nivel socioeconómico y educativo. Por ejemplo, en muchos colegios el líder ya no es más aquel que tiene las mejores calificaciones, sino el que pega y maltrata a otros, el que se rebela contra los maestros y el que hace las cosas a su antojo.
Entre los jóvenes se ha vuelto también común solucionar las antipatías a través de los golpes. Las peleas entre grupos es un fenómeno que se hizo más frecuente a mediados de los 80 y que alcanzó su climax hace tres años con una balacera ocurrida en las fiestas de Carnaval, en la que una persona perdió la vida y varias quedaron heridas.
En las plazas abundan los jóvenes consumiendo bebidas alcohólicas, especialmente los fines de semana, y lo hacen hasta altas horas de la madrugada. Lo peor de todo -dicen los expertos- es que ni los padres de familia ni las autoridades hacen algo para evitar esa situación.
En el caso de los adultos, las manifestaciones de violencia se observan a diario. Por ejemplo, cuando sucede un choque entre vehículos, los conductores, por lo general, intentan solucionar el problema a golpes.
El uso de armas y las balaceras son cada vez más frecuentes y hasta ahora a ninguna autoridad se le ha escuchado decir cómo piensa poner freno a esa situación.
En opinión de la psicóloga Lola Aramayo, que es una de las profesionales que trabaja en el Centro de Orientación Familiar, los problemas donde se mezcla la juventud y la violencia se visualizan más en Carnaval, pero aclara que éste es un fenómero que sucede todos los días.
Aramayo fue contundente al indicar que la mayor dificultad para encontrar solución a este problema está en los padres de familia. “No educan con la rigidez necesaria, son más permisivos y dejan pasar conductas que parecen no ser peligrosas”, dijo.
Esta profesional además incluyó un elemento que a su criterio provoca la violencia, que es el consumo de alcohol a muy temprana edad.
Según un estudio reciente realizado por el Programa de Educación Preventiva del Uso Indebido de Drogas, de 8.300 estudiantes consultados un 78% asegura haber consumido alcohol y tabaco alguna vez, pese a que casi el 65% dice saber que el alcohol es dañino para la salud.
En Bolivia, para el 92,6% de esos jóvenes la accesibilidad al alcohol y cigarrillo es fácil, pues no existe control ni de sus padres ni de las autoridades competentes.
Sobre el particular, la profesora y concejala, Silvia Álvarez, opina que la solución debe ser buscada por todos y no por algunos grupos aislados. “Los educadores deben ser los actores principales. La violencia y el alcoholismo en los jóvenes no son temas aislados, nos toca a todos involucrarnos en la problemática”, agregó.
Adelantó que en esta semana, se tendrá una reunión con todas las instituciones encargadas de elaborar estrategias en favor de los jóvenes y se planificarán acciones inmediatas.
Por su parte, Isabella Prado dijo que es imprescindible incluir en este trabajo a los educadores, a la sociedad y fundamentalmente a la familia. Incluso los medios de comunicación deben involucrarse transmitir buenos valores, sostuvo la psicóloga.

Equipetrol. Esta es una de las zonas donde se violan las normas. Pese a los intentos aún no se puede controlar la avenida

Sólo dos centros para rehabilitar menores con problemas

Pese a la crisis de valores por los que atraviesa la sociedad cruceña, en la ciudad existen únicamente dos centros de rehabilitación para menores con problemas de conducta. Allí son internados por orden de un juez del menor, los adolescentes que tienen edades entre 12 y 16 años.
Se trata de los centros Renacer, donde se recuperan las mujeres; y Fortaleza, donde lo hacen los varones. En ambos albergues viven 25 menores acusados de haber cometido delitos graves ante la sociedad.
Ambos son mantenidos por la Prefectura del departamento, a través de la Dirección de Gestión Social.
En Renacer actualmente están 25 internos, entre los cuales hay menores acusados de violación, robo agravado de vehículos, atracos y la mayoría involucrados en el tráfico de sustancias controladas.
De acuerdo con la defensora municipal de la Niñez, Rossy Valencia, a los adolescentes les cuesta mucho obedecer los lineamientos que marcan las leyes. “Hay menores que prefieren estar fuera de sus hogares, donde el alcohol y las drogas se convierten en sus principales necesidades”, aseguró.
Además, la defensora de la Niñez, dijo que el hacinamiento y la baja autoestima hace que los adolescentes pierdan el temor de poner su vida en riesgo, se enfrenten a situaciones cada vez más violentas y con mayor frecuencia.
Para Valencia, es necesario que los jóvenes se den cuenta que si cometen un delito deberán pagarlo y tendrán una sanción.
En cuanto al control sobre el expendio de bebidas alcohólicas a menores de edad, la Defensoría iniciará la próxima semana operativos para clausurar los negocios que sean sorprendidos infringiendo esta norma, reglamentada a través de una ordenanza municipal. Para esta labor la institución dependiente de la comuna, contará con el apoyo de dos representantes del Ministerio Público en todas las batidas.
El director del Organismo Operativo de Tránsito, coronel Humberto Gutiérrez, indicó que hay muchos casos donde se encuentra a menores de edad conduciendo vehículos sin el permiso que otorga la ley y varias veces en estado de ebriedad.
“Todo pasa por la conciencia desde el mismo hogar. Es la responsabilidad de cada uno”, comentó Gutiérrez.
De acuerdo con las estadísticas de Tránsito, en los últimos cuatro años en Santa Cruz se han registrado a diario más de dos casos donde estuvieron involucradas personas en estado de ebriedad.
Según la autoridad policial, el trabajo en zonas como la avenida San Martín, la avenida Busch o las cabañas del río Piraí es una prioridad en su gestión al mando de Tránsito y agregó que se está realizando un estudio sobre estas zonas.

Incalculable la cantidad de boliches

La proliferación de los locales donde se venden y consumen bebidas alcohólicas es incontrolable. Las datos sobre el número de estos negocios legalmente instalados en la ciudad es una incógnita.
“Aún no conozco el informe exacto sobre la cantidad de estos locales”, dijo el oficial mayor de Desarrollo Económico y Medio Ambiente, Rodrigo Molina y aseguró que pese a no tener datos estadísticos claros, se puede inferir que en Santa Cruz hay más locales de expendio de bebidas alcohólicas que cualquier otro tipo de negocio.
La autoridad municipal, también admitió la dejadez de la comuna en la solución de este problema, que a su criterio creció demasiado.
Según Molina, la siguiente semana se reunirá con el fiscal de distrito, Jaime Soliz, para elaborar estrategias e iniciar acciones para controlar este problema.
EL DEBER confirmó luego de hacer un recorrido por algunas zonas de la ciudad, que la proliferación de este tipo de ‘boliches’ es alta. Por ejemplo, en la avenida Che Guevara a la largo de 11 cuadras hay 10 locales o como sucede en el cuarto anillo al frente del Parque Industrial, donde en 10 cuadras hay 21 negocios de venta y consumo de bebidas alcohólicas.

 

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